Ancestras. Activación del archivo llega a Soria como homenaje vivo a las fotógrafas olvidadas

  • Acción performativa basada en un archivo fotográfico de mujeres creadoras de los siglos XIX y XX
  • Intervención en directo de retratos históricos con elementos naturales y proyección en tiempo real
  • Dimensión participativa: el público colabora en una obra de gran formato como gesto colectivo de memoria
  • Actividad organizada por el Centro Nacional de Fotografía dentro del Mes de la Mujer en Soria

Acción performativa Ancestras Activación del archivo

La acción performativa «Ancestras. Activación del archivo» se ha consolidado en Soria como una de las apuestas más singulares de la programación cultural vinculada al Mes de la Mujer. La propuesta, ideada por la artista visual Rocío Bueno y organizada por el Centro Nacional de Fotografía, convierte el archivo fotográfico en un espacio vivo donde pasado y presente se cruzan en tiempo real.

Con el Palacio de la Audiencia de Soria como escenario y acceso gratuito hasta completar aforo, esta intervención plantea una revisión crítica y poética de la historia de la fotografía desde la perspectiva de género. A partir de retratos de mujeres creadoras de los siglos XIX y XX, muchas de ellas relegadas a un papel secundario o directamente borradas de los relatos oficiales, la artista despliega un dispositivo escénico en el que la memoria se actualiza ante los ojos del público.

Una acción en vivo que convierte el archivo fotográfico en un espacio activo

Intervención en directo sobre retratos históricos

«Ancestras. Activación del archivo» se construye como una acción en directo que parte de un archivo fotográfico en constante investigación, desarrollado por Rocío Bueno en torno a mujeres creadoras del siglo XX y, en algunos casos, del XIX. No se trata solo de reunir imágenes, sino de activar ese material mediante un trabajo performativo que pone el acento en lo que se ha quedado fuera de la historia oficial.

Durante la intervención, el espacio expositivo se transforma en un taller abierto en el que el público asiste al proceso creativo. Sobre una mesa de trabajo, la artista manipula copias de retratos históricos mientras una cámara registra cada gesto y lo proyecta en tiempo real, ampliado, sobre una pantalla visible para todas las personas asistentes.

Este dispositivo convierte cada pequeña acción —un recorte, una superposición, la colocación de una flor o una hoja— en parte de una narración visual que se va construyendo en directo. La propuesta no muestra una obra cerrada, sino que expone el propio procedimiento de trabajo, enfatizando la importancia de los procesos, las dudas y las decisiones que quedan normalmente ocultas.

El resultado es una experiencia híbrida entre archivo, performance y taller artístico, donde la sala deja de funcionar como un mero lugar de exhibición para convertirse en un entorno activo, casi de laboratorio, en el que se revisan las imágenes del pasado con herramientas y sensibilidades contemporáneas.

Desde el Centro Nacional de Fotografía, la directora Mónica Carabias ha subrayado que este tipo de propuestas ayuda a repensar qué entendemos por archivo, y a quién pertenece ese legado visual. La acción de Bueno se inserta así en una línea de trabajo del propio centro, que lleva tiempo cuestionando el uso, el acceso y el sentido de los archivos fotográficos en la actualidad.

Flores, plantas y memoria: elementos naturales como metáfora visual

Elementos naturales en Ancestras Activación del archivo

Uno de los rasgos más llamativos de la intervención es el uso de elementos naturales —como flores y plantas, en muchos casos preservadas— que se incorporan físicamente a los retratos. Lejos de ser un simple recurso estético, estas intervenciones visuales funcionan como una metáfora del paso del tiempo, del cuidado y de la manera en que la memoria se sostiene, se marchita o se regenera.

Al superponer o entrelazar estas plantas con los rostros y cuerpos de las fotógrafas, la artista propone una lectura simbólica de cada trayectoria. Algunas flores dialogan con el carácter de la autora retratada; otras remiten a su contexto histórico o a los temas que abordó en su obra. Esa interacción genera capas de significado que invitan a mirar de nuevo, con atención, a quienes quedaron en los márgenes.

La acción performativa desarrolla además un juego constante entre fragilidad y resistencia: las flores, tradicionalmente asociadas a lo efímero, se convierten en soporte de una memoria que se niega a desaparecer. El gesto de colocarlas, preservarlas o reinterpretarlas sobre la imagen alude también al trabajo de cuidado, frecuentemente invisibilizado, que sostienen muchas prácticas artísticas femeninas.

La propia selección de materiales contribuye a esta lectura. El uso de plantas preservadas subraya la idea de una memoria que se mantiene en el tiempo, aunque ya no esté en su estado original. De igual modo, las fotografías de archivo, impresas de nuevo y manipuladas sobre la mesa de trabajo, muestran cómo el pasado puede revisarse, reordenarse y resignificarse desde el presente.

En conjunto, estas operaciones visuales conforman una potente metáfora sobre cómo se construyen los relatos históricos: qué se guarda, qué se olvida y qué se puede reactivar cuando se vuelve sobre los documentos con otras preguntas y otros marcos de referencia.

Retratos de pioneras de la fotografía: de Berenice Abbott a Dora Maar

La intervención pone en el centro a fotógrafas que fueron fundamentales para el desarrollo del medio, pero cuya presencia en manuales, museos y relatos canónicos ha sido, en muchos casos, fragmentaria o secundaria. Entre las figuras que afloran en la acción de Rocío Bueno destacan nombres de alcance internacional y referencias más vinculadas al contexto europeo y español.

Durante la sesión en el Palacio de la Audiencia se trabajó, entre otras, con imágenes de pioneras como Berenice Abbott, Alice Austen, Claude Cahun y Gerda Taro. Cada una de ellas representa una forma distinta de entender la fotografía, desde la documentación urbana y científica hasta la experimentación surrealista o la cobertura de conflictos bélicos.

Junto a estas figuras más conocidas, la artista recupera también la trayectoria de Eulalia Abaitua, considerada la primera fotógrafa profesional del País Vasco, cuya obra ilustra escenas de la vida cotidiana y del entorno social de su tiempo. Su inclusión en la intervención subraya la importancia de atender a los archivos locales y a los relatos que se han transmitido de manera más discreta, fuera de los grandes centros de legitimación cultural.

La acción culmina con una intervención colectiva sobre un retrato de Dora Maar, fotógrafa y artista visual vinculada a las vanguardias y habitualmente recordada en relación con figuras masculinas de su entorno. Al convertir este retrato en soporte de una pieza compartida entre la artista y el público, la propuesta cuestiona de manera simbólica esas jerarquías y reabre el lugar de Maar en la memoria colectiva.

Este recorrido por autoras de distintas épocas y procedencias permite tejer un mapa alternativo de la historia de la fotografía, en el que las mujeres dejan de ocupar el pie de página para situarse, literalmente, en el centro de la imagen y de la acción artística.

Participación del público y dimensión colaborativa de la obra

Uno de los aspectos diferenciales de «Ancestras. Activación del archivo» es la incorporación activa del público en la fase final de la intervención. Tras asistir al trabajo de Rocío Bueno sobre los retratos, las personas presentes son invitadas a sumarse a la creación de una obra de gran formato que funciona como cierre colectivo de la experiencia.

Esta fase participativa convierte la acción en un ritual compartido de reconocimiento hacia las mujeres artistas del pasado. Quienes asisten dejan de ser meros espectadores para asumir un rol creativo, añadiendo sus propios gestos al archivo activado por la artista. El resultado es una pieza coral que recoge múltiples manos, miradas y decisiones.

Más allá del componente simbólico, esta dinámica abre un espacio de reflexión directa con el público. En lugar de contemplar obras terminadas, las personas participantes se ven implicadas en el proceso de reinterpretar las imágenes, lo que favorece el diálogo sobre qué referentes se han conocido, cuáles se descubren por primera vez y cómo se construyen los relatos culturales.

La intervención colectiva sobre el retrato de Dora Maar funciona así como un gesto de reparación y de relectura, pero también como un ejercicio práctico que pone en cuestión la distancia tradicional entre creador y espectador. En esta propuesta, la memoria se entiende como algo que se sostiene entre muchas manos, no como un relato cerrado dictado desde arriba.

Al mismo tiempo, el hecho de que la obra final sea fruto de una construcción conjunta deja abierta la posibilidad de futuras reactivaciones del archivo, con nuevas sesiones, nuevos públicos y nuevas capas de intervención que sigan completando ese mapa de ancestras.

Un proyecto en el cruce entre investigación, creación contemporánea y acción cultural

«Ancestras. Activación del archivo» se sitúa en la intersección entre la investigación histórica, la práctica artística contemporánea y la mediación cultural. El archivo de partida no es un simple fondo documental, sino el resultado de un proceso de búsqueda, selección y estudio de trayectorias femeninas a menudo ausentes de los discursos dominantes.

Desde esta base, la propuesta expande la noción de exposición hacia un formato performativo que incorpora herramientas propias del directo: cámara, proyección, improvisación controlada y contacto constante con el público. De esta manera, la investigación deja de estar confinada a textos especializados o a depósitos archivísticos para tomar cuerpo ante la ciudadanía.

El proyecto encaja, además, en una línea de programación del Centro Nacional de Fotografía que cuestiona el papel del archivo hoy: quién custodia las imágenes, cómo se muestran y qué relatos se activan a partir de ellas. La mirada de género atraviesa esta reflexión, poniendo de relieve la necesidad de ampliar el canon y de asumir que muchos referentes han quedado fuera por razones estructurales, no por falta de valor artístico.

Para la ciudad de Soria, que acoge esta propuesta en el marco del Mes de la Mujer impulsado por el Consejo Municipal de las Mujeres, la iniciativa supone también un gesto de apuesta por la creación contemporánea y por proyectos que incorporan la participación ciudadana como parte esencial de su planteamiento.

En este contexto, «Ancestras» funciona como una herramienta de acción cultural que conecta memoria local y redes internacionales, al vincular el trabajo de autoras vinculadas a Europa y al País Vasco con debates globales sobre representación, archivo y género en la historia de la imagen.

Rocío Bueno y el compromiso institucional con la perspectiva de género

La creadora de la propuesta, Rocío Bueno, es artista visual, fotógrafa y economista, con un recorrido consolidado tanto en España como en otros países. Su trabajo ha podido verse en festivales y citas de referencia como PhotoEspaña o Les Rencontres d’Arles, y forma parte de colecciones de prestigio internacional, entre ellas la del MoMA.

Esta trayectoria avala un enfoque que combina rigor en la investigación y sensibilidad en la puesta en escena, algo que se percibe claramente en «Ancestras. Activación del archivo». Lejos de limitarse a un homenaje formal, la artista articula una mirada crítica sobre cómo se ha escrito la historia de la fotografía y qué nombres han quedado fuera del foco.

Por parte de las instituciones organizadoras, el Centro Nacional de Fotografía, el Ayuntamiento de Soria y el Consejo Municipal de las Mujeres han destacado la importancia de impulsar proyectos que integren la perspectiva de género de forma estructural, tanto en los contenidos como en las formas de relación con el público.

La directora del centro, Mónica Carabias, ha insistido en que la programación actual busca no solo mostrar obra, sino generar espacios de diálogo sobre cuestiones clave como la memoria, la representación y la construcción de referentes femeninos en el ámbito cultural. En esa línea se enmarca la elección de una acción performativa que obliga a pensar el archivo como algo vivo, susceptible de ser revisado y reescrito.

En conjunto, la cita de Soria confirma el interés creciente por propuestas que combinan arte contemporáneo, revisión histórica y participación ciudadana. «Ancestras. Activación del archivo» se presenta así como un dispositivo que, más que ofrecer respuestas cerradas, abre preguntas sobre quiénes fueron nuestras precursoras en la fotografía y cómo queremos recordarlas hoy.

La acción performativa deja, por tanto, una imagen clara: un archivo que se despliega sobre la mesa, se llena de flores y se construye entre muchas manos, recordando que la memoria cultural no es una pieza fija, sino un tejido que se rehace cada vez que volvemos la mirada hacia quienes abrieron camino antes que nosotras.

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