Así es el primer catálogo razonado de pinturas de Sorolla

  • Blanca Pons-Sorolla publica el primer volumen del catálogo razonado de Joaquín Sorolla, dedicado a las obras de 1876 a 1894.
  • El proyecto alcanzará cuatro tomos con unas 4.200 pinturas y 4.500 ilustraciones, en edición bilingüe español-inglés.
  • Cada volumen incorpora biografía detallada, repertorio de exposiciones, bibliografía y metodología de catalogación.
  • La obra está impulsada por Ediciones El Viso y cuenta con el apoyo del Museo Sorolla, el Meadows Museum y diversas instituciones españolas y estadounidenses.

Catálogo razonado de Sorolla

El primer catálogo razonado de pinturas de Joaquín Sorolla ya es una realidad. Tras décadas de trabajo en archivos, colecciones públicas y fondos privados, la investigadora Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del pintor valenciano, ha presentado en el Museo del Prado el volumen inicial de una obra llamada a convertirse en referencia imprescindible para entender al maestro de la luz.

Este primer tomo de «Sorolla. Catálogo razonado de pinturas (1876-1894)» reúne la producción de los años de formación y primeros éxitos del artista, desde sus 13 años hasta el momento en que afirma haber encontrado su camino como pintor. Se trata de la etapa más temprana y desconocida de su trayectoria, con numerosas obras que se publican y estudian ahora por primera vez.

Un proyecto monumental para ordenar 4.200 pinturas

Lejos de ser un libro más sobre el pintor, este catálogo razonado es el arranque de un proyecto monumental: fijar en cuatro volúmenes el conjunto de la producción pictórica de Sorolla, estimada en unas 4.200 obras entre óleos, acuarelas y gouaches, repartidas por museos y colecciones de todo el mundo. El plan contempla además alrededor de 4.500 ilustraciones que documentan y acompañan cada pieza.

El volumen que se acaba de publicar está dedicado al periodo 1876-1894 y recoge 1.073 obras de distintas técnicas, ordenadas cronológicamente y acompañadas de fichas técnicas cuidadosamente revisadas. Muchas de estas piezas, sobre todo las realizadas en sus años de aprendizaje y estancias en Italia, eran de difícil localización y permanecían inéditas o apenas estudiadas.

La idea es que los tres tomos siguientes completen el arco vital del artista: el segundo abarcará 1895-1903, con unas 1.040 pinturas; el tercero, los años 1904-1911, con cerca de 1.200 obras vinculadas a sus grandes exposiciones internacionales; y el cuarto se centrará en el periodo 1912-1920, con alrededor de 1.000 piezas, hasta el derrame cerebral que le apartó definitivamente de la pintura a los 57 años.

Según la previsión de la editorial, Ediciones El Viso, los tres volúmenes restantes verán la luz a lo largo de los próximos años y permitirán contar con un corpus completo, ordenado y científicamente avalado de toda la pintura de Sorolla. Se editarán en dos versiones independientes, en español e inglés, con tiradas iniciales de 1.000 ejemplares por idioma.

El primer volumen: del adolescente al pintor que encuentra su camino

El tomo presentado en el Prado se centra en los primeros 18 años de carrera del pintor, desde sus inicios en Valencia hasta 1894, año clave en el que, según la propia familia, Sorolla encuentra su voz como artista. Entre las obras incluidas figura la célebre «Vuelta de la pesca», con la que obtuvo el primer premio en el Salón de París y que hoy forma parte de las colecciones del Museo d’Orsay de la capital francesa.

En esta etapa temprana el pintor pasa de ser un joven estudiante con apenas 13 años a un creador plenamente consciente de sus recursos. El catálogo muestra cómo va consolidando su amor por el dibujo, el dominio del color y, sobre todo, esa obsesión por la luz que marcará su obra madura. Tal y como subraya Pons-Sorolla, aquí se ve al «Sorolla más desconocido», con ejercicios, ensayos y cambios de rumbo que ayudan a entender al maestro posterior.

El libro incluye óleos, acuarelas y gouaches, todos ellos reproducidos en fotografía a color siempre que ha sido posible. Solo en aquellos casos en los que no existe otra documentación se recurre a imágenes históricas en blanco y negro. Una parte significativa de las obras se dan a conocer por primera vez ahora, tras un complejo trabajo de localización en colecciones privadas y fondos dispersos.

Este volumen también dialoga con el llamado «volumen 0», el catálogo razonado de las pinturas conservadas en el Museo Sorolla, publicado en 2019 y centrado en las aproximadamente 1.300 piezas de la casa-museo madrileña. Aquel trabajo sirvió como base y banco de pruebas para la metodología que ahora se aplica a toda la producción del artista.

Cuatro décadas de investigación de Blanca Pons-Sorolla

Detrás del catálogo hay casi cuarenta años de trabajo de Blanca Pons-Sorolla. Su relación con el proyecto no arranca de un encargo reciente, sino de una vinculación vital con la obra de su bisabuelo. Desde niña, sus abuelos —también pintores— y su padre le enseñaron a mirar la pintura y a familiarizarse con las salas del Museo Sorolla, que ella misma seguía sintiendo como la casa de la familia.

A comienzos de los años 80, Pons-Sorolla empezó a investigar de forma sistemática la vida y obra del artista, primero junto a su padre, Francisco Pons-Sorolla, y después en solitario, cuando este le cedió definitivamente el testigo en la década de 1990. La lectura del epistolario entre Joaquín Sorolla y su esposa, Clotilde, fue uno de los momentos decisivos: esas cartas, según ha reconocido, le llevaron a dedicar su vida al estudio del pintor.

A partir de ahí puso en marcha un amplio proceso de catalogación, reuniendo documentación, fotografías antiguas, referencias de exposiciones y bibliografía. Con la ayuda de un equipo de documentalistas y especialistas, creó una base de datos específica para registrar cada obra, sus variantes, procedencias y cambios de atribución. La autora no duda en calificar este trabajo como «titánico», tanto por la cantidad de material como por la necesidad de comprobar cada dato.

Durante esos años también fueron apareciendo otros hitos vinculados a Sorolla: publicaciones de biografías, ediciones de cartas y epistolarios, y numerosas exposiciones en museos españoles y extranjeros. Entre ellas destacan las muestras organizadas en la National Gallery de Londres o la dedicada a Sorolla en las Colecciones Reales, así como los actos relacionados con el centenario de su muerte celebrado en 2023, donde se multiplicaron los proyectos de investigación y difusión.

La autora subraya que incluso durante la pandemia aprovechó el tiempo para avanzar en las fichas de tres de los cuatro volúmenes, demostrando hasta qué punto el proyecto está ligado a su día a día. De hecho, confiesa que su aspiración personal es ver publicados todos los tomos junto a los colaboradores y amigos que la han acompañado en este largo camino.

Contenido y metodología del catálogo razonado

Más allá de la reproducción de las pinturas, cada volumen del catálogo está concebido como una herramienta de trabajo para especialistas, museos, coleccionistas y amantes del arte. El primer tomo, de alrededor de 450-480 páginas y un millar largo de ilustraciones, no se limita a enumerar las piezas, sino que las inserta en una estructura biográfica y cronológica muy precisa.

Cada sección incorpora una bio-cronología detallada de Sorolla en los años correspondientes, donde se cruzan acontecimientos personales, viajes, encargos y reconocimientos. A esto se suma una bibliografía actualizada, el registro de las exposiciones en las que han figurado las obras y una introducción metodológica que explica los criterios seguidos para la catalogación, la datación y las equivalencias con inventarios anteriores.

Uno de los apartados más útiles es el de las tablas de equivalencia, que relacionan los números de catálogo actuales con otros sistemas de referencia usados en el pasado, algo especialmente valioso para los investigadores que consultan archivos antiguos o catálogos de subastas. Asimismo, se documentan las procedencias, cambios de propiedad y, cuando se conoce, el recorrido expositivo de cada pieza.

Las reproducciones se han realizado con fotografía en color de alta calidad en prácticamente todos los casos, salvo en contadas obras de las que solo existe testimonio gráfico en blanco y negro. La edición, en cartoné y gran formato, busca equilibrar el carácter científico del libro con una presentación adecuada para el público general interesado en el arte. El precio de salida del primer volumen se sitúa en torno a los 120 euros, en línea con otras publicaciones de referencia de este tipo.

Según los responsables de la editorial, el conjunto de los cuatro tomos reunirá en torno a 4.200 pinturas, más de 4.500 imágenes, más de 300 referencias bibliográficas y cerca de 400 menciones de exposiciones. El objetivo declarado es fijar un corpus abierto, ya que siguen apareciendo obras en colecciones particulares que, con el tiempo, podrán sumarse a este mapa general de la producción de Sorolla.

Instituciones implicadas y proyección internacional

La presentación del catálogo en el Museo del Prado no es casual. El propio Sorolla acudía de joven a sus salas para copiar obras de Velázquez y otros maestros, y el museo conserva hoy 23 pinturas del artista. El jefe de Conservación de Pintura del siglo XIX, Javier Barón, fue el encargado de destacar la solidez científica del trabajo de Pons-Sorolla y la importancia de contar con una herramienta que ordene de manera rigurosa la producción del pintor.

En el acto participaron también Gonzalo Saavedra, director de Ediciones El Viso; Enrique Varela, director del Museo Sorolla; y representantes del Meadows Museum de Dallas y del Custard Institute for Spanish Art and Culture, como Amanda Dotseth y Greg Warden. Todos subrayaron el carácter ambicioso y necesario del proyecto, tanto para España como para el contexto internacional.

Saavedra definió el catálogo como una especie de «orquesta» en la que es necesario coordinar multitud de «instrumentos» —investigadores, fotógrafos, editores, traductores, instituciones— para que el resultado suene afinado. Desde la editorial, especializada en libros de arte, fotografía, arquitectura y diseño, se recalcó la experiencia acumulada en proyectos similares y la voluntad de mantener estándares altos de calidad tanto en contenido como en forma.

El Museo Sorolla, actualmente cerrado al público por obras de ampliación y rehabilitación de la casa-museo, ha ejercido un papel clave. Su director, Enrique Varela, considera que este catálogo llega en un momento especialmente oportuno, al hilo de los actos conmemorativos del centenario de la muerte del artista y del debate sobre cómo actualizar la lectura de su obra para nuevas generaciones.

El proyecto cuenta con el apoyo financiero de la Fundación Museo Sorolla, la Embajada de España en Estados Unidos y entidades como la KHR McNeely Family Foundation, a través del Custard Institute y el Meadows Museum. El objetivo es que la edición, bilingüe, tenga una amplia distribución internacional que alcance Europa, Estados Unidos y otros países interesados en el arte español.

Instituciones como el Meadows Museum recuerdan que Sorolla forma parte de sus colecciones desde mediados del siglo XX y que proyectos de esta naturaleza encajan con su misión de investigar, promover y compartir el arte español. Se insiste en que este catálogo razonado será, a partir de ahora, la herramienta de referencia para cualquier estudio sobre el pintor.

El maestro de la luz: contexto artístico y legado

El catálogo razonado no solo recopila lienzos, sino que ayuda a situar mejor a Joaquín Sorolla (1863-1923) en el panorama artístico europeo de su tiempo. Nacido en Valencia, el pintor se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y muy pronto destacó por su habilidad técnica y su capacidad para captar la luz mediterránea. A los 15 años ya estaba inmerso en un entorno de profesores y mentores que marcaron su evolución.

Entre las figuras clave en su primera etapa se encuentran Baltasar Perales, Luis Santonja y Antonio García, este último fotógrafo y futuro suegro del pintor. A través de ellos, Sorolla reforzó su gusto por el dibujo riguroso y por una observación directa de la realidad. La obtención de una beca como pensionado en Roma y sus viajes por Italia y Francia le permitieron ver de cerca tanto la tradición clásica como los movimientos más actuales.

En París tuvo la oportunidad de conocer la obra de artistas como Claude Monet y otros impresionistas, que influyeron en su manera de entender la pintura al aire libre. Sin embargo, Pons-Sorolla insiste en que sus grandes referentes fueron los maestros españoles, en especial Velázquez y Goya. Del primero tomó el interés por el claroscuro y la naturalidad en la representación; del segundo, la capacidad para combinar escenas cotidianas con una fuerte carga expresiva.

Con el paso del tiempo, Sorolla se consolidó como un pintor incansable, siempre dispuesto a experimentar con nuevas soluciones para captar el movimiento, la atmósfera y los reflejos sobre el agua o la arena. Pons-Sorolla recuerda que «la inspiración le sorprendió siempre con los pinceles en la mano», una frase que se repite una y otra vez en los discursos sobre el artista para subrayar su carácter trabajador y metódico.

Sus grandes éxitos internacionales, como los premios obtenidos en la Exposición Universal de París de 1900 o en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid, marcaron un antes y un después. Esos reconocimientos le permitieron dar por cerrada una etapa centrada en lograr galardones y dedicarse a lo que él consideraba que debía hacer como pintor: desarrollar un lenguaje propio, más libre y moderno, que terminó por situarle entre los grandes nombres de la pintura moderna europea.

El catálogo razonado también abarca, en sus volúmenes posteriores, la etapa de los grandes retratos —de figuras como Benito Pérez Galdós, Antonio Machado, Ramón y Cajal o Vicente Blasco Ibáñez— y el ambicioso ciclo de paneles para la Hispanic Society de Nueva York, conocido como «Visión de España», una de las empresas decorativas más importantes de la época.

En los últimos años de su vida, antes del derrame cerebral que le obligó a dejar de pintar en 1920, Sorolla siguió trabajando en jardines, marinas y escenas costumbristas, muchas de ellas ambientadas en su propia casa y en jardines andaluces. Según su bisnieta, ese «derroche de sentimiento» y su esfuerzo constante por traducir a pintura lo que veía agotaron su salud, pero dejaron un legado de una fertilidad excepcional.

La publicación de este primer volumen del catálogo razonado supone, por tanto, mucho más que un hito editorial. Representa la culminación parcial de un esfuerzo colectivo que ha reunido a museos, fundaciones, expertos y familiares en torno a una misma meta: ordenar, documentar y hacer accesible la obra de uno de los grandes maestros de la pintura española. Con los siguientes tomos en camino, se abre una nueva etapa para el estudio de Sorolla, en la que será más fácil seguir la evolución de su mirada, comprobar la coherencia de su trayectoria y valorar con mayor precisión su lugar en la historia del arte europeo.

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