10 mentiras con las que siempre engañan al diseñador gráfico

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Si ya has puesto un pie en el entorno laboral como diseñador, seguramente seas consciente de cuál es la triste realidad que muchas veces le depara al diseñador gráfico hoy día. Competencia desleal, abuso por parte del cliente o engaño. Desde aquí, no pretendemos ser pesimistas, pero sí ponerte alerta para que puedas afrontar tu profesión con la mayor dignidad posible. Hay muchos clientes que seguramente te proporcionen buenas experiencias y valoren a tu trabajo en su justa medida, pero desgraciadamente no todos serán así.

Hoy te traigo una recopilación que necesitas conocer y que reúne las mentiras más habituales en nuestro sector y que el diseñador suele recibir por parte de sus clientes. ¿Te suenan?

“Haz este trabajo gratis y el siguiente te lo pagaremos por partida doble.”

Básicamente te están diciendo que regales tu trabajo, tu tiempo o tu mercancía a cambio de la esperanza de poder cobrar con segundo trabajo. En fin, te están proponiendo que trabajes a cambio de palabras, pero las palabras no te proporcionan sustento. ¿O sí? No sé, quizá tú seas de ese tipo de personas que pueden pagar la comida o la factura de la luz con palabras. En ese caso, este es tu tipo de cliente ideal. Sin embargo, tampoco voy a ser extremo porque hay ocasiones en las que este tipo de propuestas pueden resultarte interesantes. Es el caso de los diseñadores gráficos recién titulados que aún no cuentan con un portfolio consistente que puedan avalar sus conocimientos y su trayectoria. En este caso o bien puedes aceptar este tipo de colaboraciones, o también puedes optar por desarrollar trabajos imaginarios y proyectos que realmente no existen, como por ejemplo el logotipo de una empresa de automóviles inventada. Esto te permitirá mostrar tu capacidad de síntesis y los procesos creativos que te caracterizan. Pero en líneas generales NUNCA debes trabajar aceptando este tipo de negociaciones.

 

“No pagamos un céntimo hasta que no veamos los resultados finales”

Un claro indicio de que tu posible cliente no confía en tu capacidad para desarrollar el proyecto en cuestión. Piensa que en la gran mayoría de profesiones se necesitan depósitos iniciales que vayan aumentando gradualmente en función de las labores desempeñadas. Además de que este primer pago te ayudará a comprometerte seriamente con el proyecto y a motivarte, es una pequeña garantía de que el cliente en cuestión va en serio y efectivamente procederá al pago cuando ofrezcas tus servicios. Hemos viso casos de clientes que dejan al diseñador literalmente colgado a mitad del proyecto precisamente por no haberse comprometido con este sin reparar en los gastos que el proyecto haya podido suponer para el diseñador en materia de tiempo, trabajo o incluso dinero. Esto no quiere decir que no seas flexible y comprensivo, al mismo tiempo ten en cuenta que debes cuidar tus relaciones con tus clientes por lo que siempre que te sea posible y no atente contra tu dignidad laboral ofrece facilidades de pago.

 

“No podemos pagarte para este proyecto pero te garantizamos que si lo haces recibirás muchísimos clientes nuevos”

Hagamos una prueba, digámosle a un fontantero que nos haga una instalación en el baño de nuestra oficina de forma gratuita, y digámosle que en cuanto lo vean nuestros compañeros de empresa ganará innumerables clientes. Lo más probable es que este fontanero sienta que estamos pisando su dignidad como profesional y nos tire los trastos a la cabeza. ¿Por qué este ejemplo está tan normalizado dentro del diseño gráfico? ¿Cómo podemos deshacernos de esta propuesta tan repetitiva como odiosa? Declinándolas automáticamente cuando nos la ofrezcan.

 

“En realidad no estamos seguros de si queremos utilizar tu propuesta, envíanos un boceto y una descripción de tu idea y lo discuto con mi socio.”

Presentas una propuesta de proyecto a tu cliente. Por supuesto envías bocetos, una descripción perfectamente definida de cuál será el proyecto a desarrollar y cuáles son los objetivos concretos que se persiguen. Sin embargo, te estás metiendo en la boca del lobo. Puedes estar completamente seguro de que después de que hayas salido de la oficina de tu cliente potencial, él se encargará de contactar con otros diseñadores que por supuesto le desarrollarán tu proyecto a un precio mucho más reducido ya que ellos no tendrán que hacer la conceptualización, los bocetos o el plan de trabajo. Eso, querido lector, lo has hecho tú y por la cara. Acabas de regalar tu idea a otra persona y no te han dado ni las gracias.

 

“El proyecto no se ha cancelado, pero se está retrasando. Sigue desarrollando tus ideas, en un par de meses lo retomaremos.”

Un proyecto puede estancarse, de hecho es algo que pasa muy a menudo. Problemas de financiación, indecisión… En fin que es algo que puede darse con mucha facilidad. En estos casos lo más recomendable es que envíes a tu cliente una factura por el trabajo que has hecho hasta la fecha, es una solución justa para ambas partes. Cuando el cliente continúe el proyecto cobrarás tu parte restante. Si no lo haces así, corres el riesgo de que le asignen el trabajo a otra persona que aproveche tus propuestas o peor, que ni siquiera se acuerden de ti pasado un tiempo.

 

“¿Contrato? ¿Para qué lo necesitas? ¿No somos amigos?”

Claro que sois amigos, seguramente no tengas nada de qué preocuparte, pero los malentendidos existen. Y si se dan, tú serás un diseñador gráfico junto a un ejecutivo que probablemente se aproveche de su posición si lo ve oportuno. En estos casos, un contrato no es una señal de que haya ausencia de amistad, simplemente es un escudo que necesitas para protegerte a ti y a tu trabajo.

 

“Envíanos la factura una vez que el trabajo ya esté terminado e impreso.”

Si tú únicamente te vas a encargar del diseño y la impresión no pasa bajo tu responsabilidad, no debes esperar a que tu trabajo sea imprimido, porque la impresión es una fase que escapa a tu control y si hay algún tipo de errata o problema puede que decidan bajarte el sueldo o a ti o incluso no pagarte. Cobra cuando hayas desempeñado tus labores, lo más rápido posible y siempre con algún depósito inicial.

 

“El último diseñador que trabajó con nosotros lo hizo por X dinero, hazlo tú también.”

Esto es una cuestión de lógica, por que si el último diseñador fue tan bueno e hizo su trabajo tan bien sin queja y feliz con el precio, tu cliente no estaría buscando a otro diseñador. Además, no es de tu incumbencia cuál haya sido el salario de otra persona que además ni siquiera conoces. Los profesionales que cobran muy poco para conseguir clientes se auto-destruyen financieramente, o tienen que cambiar de empleo. No olvides que lo que haces tiene mucho valor.

 

“Nuestro presupuesto es una cantidad cerrada y no es discutible.”

Es algo paradójico, porque este mismo cliente no sabe exactamente cuánto va a gastar cuando por ejemplo se compra un coche nuevo, pero sí que sabe cuánto vale tu trabajo. Algunos proyectos requieren tareas complementarias y por lo tanto un aumento en el presupuesto necesario. Si vas a aceptar el proyecto deberás trabajar únicamente por lo que te van a pagar y aclarar al cliente que podrías proporcionar mejores resultados si te fuesen a pagar por ellos.

 

“Tenemos una gran idea, pero problemas financieros. Haznos un diseño y cuando nos recuperemos te lo devolvemos con creces.”

Un cliente endeudado o con problemas financieros puede hacerte esta propuesta, sin embargo debes ser avispado y saber que efectivamente cuando este cliente consiga dinero serás el último de la lista al que vaya a pagar. En primer lugar porque dentro de un proyecto hay otros puestos de trabajo que se consideran de mayor importancia que el nuestro, y en segundo lugar porque lo que ha hecho contigo seguramente lo esté haciendo con otros trabajadores implicados en el proyecto.

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3 comentarios

  1.   Antonio Prieto dijo

    Todo lo que tenga que ver con la creatividad tiene esos mismos problemas. “Que mas te da si a ti no te cuesta”. “Tu hazmelo luego ya veremos” y los mejores de todos los que encima tratan de convertirse en tus socios o representantes. “Hazlo aqui y si funciona se lo vendemos a todos los del gremio, conocidos, clientes …”. Lo de siempre. Mi tiempo solo son minutos aglutinados en horas, dias, semanas, meses…. Y sin embargo tu tiempo es oro

  2.   ariannna-gd dijo

    Lamentablemente todavía hay muchos diseñadores que siguen cayendo en este tipo de trampas, muchas veces porque apenas están iniciando su vida profesional o por el miedo a quedarse con los brazos cruzados en casa y a perder un posible negocio. Pero si conocemos nuestras habilidades y estamos seguros en que nuestro trabajo es de calidad, no hay manera de que caigamos en estas situaciones. Cada vez más los diseñadores debemos ser conscientes de que nuestra profesión vale y, por ende, que debe ser respetada por nuestros futuros clientes.

  3.   Jilson Jimenez dijo

    Antonio Prieto, estoy totalmente de acuerdo contigo, el tiempo del creativo es lo que más vale, un día de trabajo mío vale 120.000 pesos colombianos (soy un freelance). Como todos ustedes he sufrido todo este tipo de desaires, sin embargo saltear estas trampas es sumamente fácil, solo con decir NO es suficiente; sin embargo hay un problema diez veces peor que este y es cuando el proceso ya ha comenzado, se ha recibido el anticipo y el cliente empieza a pedir cambios y modificaciones, ahí donde la moral esta comprometida y el trabajo esta avanzado, ese si es un verdadero predicamento, se puede cobrar por los cambios pero los clientes consideran que el error es tuyo y no de ellos, el choque de ideas sumado con la imagen que quieres dar como profesional se ven afectados en esos casos y normalmente te toca seder a las exigencias y los caprichos del cliente; En este tipo predicamento lo único que he podido encontrar como solución es el SABER ESCOGER AL CLIENTE, fijarse en su comportamiento o en su forma de pedir las cosas antes de haber firmado un contrato o aceptar un anticipo, de esta manera se evitan los clientes problemáticos (que por lo general son los que menos pagan y más cambios piden) y se maximizan las ganancias con los clientes que confían en el criterio del creativo y pagan el valor de su formación.

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