La regla de la mirada: Significación y carga simbólica en un retrato

Uno de los elementos fundamentales en una composición visual es el tratamiento de la mirada. Esto que parece algo trivial, en realidad, es algo fundamental y que va a modelar nuestras fotografías y por lo tanto todo el ejercicio interpretativo. El autor Jacques Lacan incidió especialmente sobre este elemento (basándose en los trabajos de Sigmund Freud) desde la dimensión de la psiquiatría y el psicoanálisis. Nos hablaba de pulsión escópica, es decir, una especie de estado de tensión entre mirar, observar y ser observado. La pulsión escópica es la necesidad que tiene todo ser humano de observar, mirar y escrutar visualmente y también la necesidad de ser observados. Al fin y al cabo se traduce en un juego de deseo, donde el foco de nuestra mirada altera todo el mundo que estamos construyendo, pero no sólo se trata de la perspectiva y la forma en que el fotógrafo o directamente nuestra cámara toma u observa las imágenes, sino también de cómo los personajes y objetos que se encuentran dentro de nuestro universo visual, utilizan y emplean su propia mirada. Cómo se relacionan todos los elementos a través de la mirada y qué tipo de implicaciones y cargas significativas conlleva esto.

Para desgranar todo esto con mayor profundidad y en términos más prácticos, trataremos una de las reglas más importantes en el mundo de la imagen. La regla de la mirada. Una serie de indicaciones generales que nos ayudarán a dotar a nuestras imágenes de concordancia, armonía y que nos ayudará a tener una mayor conciencia y control de nuestras herramientas como creadores. A lo largo de tu trayectoria, irás descubriendo que todos aquellos elementos que quizá se te habían pasado por alto o incluso aquellos que considerabas prescindibles o intrascendentes, tienen una enorme importancia en el desarrollo de un trabajo artístico y profesional.

Antes de empezar, me gustaría añadir y dejar claro algo. A pesar de que estemos hablando de una norma y nos refiramos a este contenido como una regla, ten en cuenta que pueden existir ciertas excepciones y por supuesto nunca debemos permitir que una regla o un postulado teórico nos limite, porque en realidad, en algunas ocasiones podemos (y en muchas otras debemos) alejarnos del academicismo. Lo ideal es que tratemos de buscar diferentes fuentes de riqueza para luego utilizarlas en base a nuestro estilo y nuestras necesidades. Este tipo de fuentes podrán provenir de la más pura teoría o de nuestra propia práctica.

La regla de la mirada: Una cesión de cargas y significados en lenguaje fotográfico

¿En qué consiste exactamente esta norma? Se trata de ceder importancia y protagonismo al acto de observación de nuestro personaje. Si por ejemplo fotografiamos a un joven de perfil, deberemos dar un mayor espacio en nuestro encuadre a la zona delantera del sujeto que a la trasera, es decir dar mayor protagonismo y espacio a la dirección de la mirada. De este modo lo que vamos a hacer es dotar de mayor protagonismo al acto de observación de nuestro protagonista y una mayor carga expresiva.

 

 

Pero esto va mucho más allá del acto físico de mirar, y es aquí donde todo se convierte en algo realmente interesante. Podemos sugerir ciertas cosas creando inconcordancias físicas en nuestra construcción y de esta manera podemos embaucar e implicar a nuestro público a un nivel superior y quizá más refinado.

Espera un momento… ¿Qué entendemos por mirar?

Recuerdo que en la facultad de ciencias de la información, una de las asignaturas más impactantes y revolucionarias que tuve la oportunidad de conocer fue Análisis de la imagen. Nos pasábamos semanas y semanas analizando una propuesta visual, un cartel comercial, un cuadro, un fragmento de una película de no más de treinta segundos y quizá es cuando te enfrentas a este tipo de retos, cuando descubres la magnitud y la potencia del lenguaje visual. Pasar casi un mes entero analizando una fotografía puede ser algo sorprendente. Caes en la cuenta de lo realmente complejo de la construcción gráfica. Uno de los carteles que se me quedaron clavados en la memoria, fue uno de los más polémicos de Dolce & Gabbana. En él aparecía un grupo de hombres alrededor de una mujer. Uno de ellos sujetaba a la joven y parecía controlarla en actitud violenta. A primer golpe de vista, todos sabíamos, o creíamos saber que aquella mujer estaba sometida, siendo víctima de un abuso y que definitivamente esos hombres tenían el control sobre ella y sobre la situación.

 

 

Sin embargo, después de hacer un análisis formal, atendiendo a la kinésica, proxémica y sobre todo a la mirada de aquellos personajes, fue impresionante descubrir que realmente, quien tenía el control en aquella situación era la mujer. A pesar de la primera apariencia que se nos presentaba era que estaba sometida y bajo el dominio de aquel grupo de hombres, lo cierto es que si nos centramos en el juego de miradas y analizamos la correlación entre todos los personajes, llegamos a la conclusión de que definitivamente ella es quien lleva el control y en cierto modo ellos son unos personajes más bien sumisos.

Con esto quiero decir, que realmente el acto de mirar no siempre tiene por qué estar apoyado por cuestiones formales, visuales, explícitas y claras. El acto de mirar puede ser totalmente psicológico. Puede que nuestro personaje esté mirando hacia un lugar, pero realmente, emocionalmente, está mirando a otro sitio. Puede que nuestro personaje nos esté ocultando algo que nuestro fotógrafo nos revela. ¿Por qué no? Os propongo un ejemplo más gráfico y con el que estoy seguro de que lo comprenderéis mejor. Aquí contamos con dos imágenes muy similares. En la primera el protagonista corre mirando hacia adelante. El fotógrafo crea una conexión que concuerda con la construcción gráfica, respeta la norma de la mirada. Esto lo sabemos porque deja un mayor espacio a la parte delantera del sujeto que a la trasera, dota de protagonismo e importancia a la mirada. Nuestro personaje es claro, sincero y prestamos atención a su acto de observación. Sin embargo, en la segunda ocasión encontramos dos niños, corriendo, sólo que en este caso se da un mayor protagonismo al espacio que está detrás de ellos que al propio espacio donde se dirigen sus miradas. Sabemos gracias a esta construcción que realmente estos personajes no miran hacia adelante. Ellos de alguna manera están mirando atrás, a ese vacío que dejan a sus espaldas. Encontramos entonces tintes de melancolía. Esos jóvenes están abandonando algo y nosotros como espectadores sentimos cierto vacío.

 

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