Los hábitos más extraños de 10 de las mentes más creativas de los últimos tiempos

Ayer fue el Día Internacional del Arte y me gustaría rendir un pequeño homenaje a la creatividad que sin lugar a dudas se encuentra dentro del propio concepto de arte. De la mano de varias de las personalidades más entrañables del mundo creativo me gustaría presentar unas anécdotas muy interesantes de esas mentes creativas que inspiraron a tantas y tantas personas a través de los años.

Y es que ¿qué tenían de especial esas mentes pensantes (seguramente las mentes más creativas) que construían proyectos y daban vida a las ideas más innovadoras y revolucionarias de sus tiempos?

Andy Warhol

Quizá uno de los personajes más extravagantes y curiosos del mundo del arte, empezando por su nombre. El joven Andrew, que en realidad se apellidaba Warhola, creo su nombre artístico hacia el año 1949, cuando un dibujo suyo apareció publicado en un periódico y, como fruto de un error, se omitió la a final en la firma. Desde entonces fue conocido como Warhol. Tenía además una obsesión especial por los gatos lo cual se refleja muy bien en buena parte de sus creaciones (incluyendo postales navideñas). No fue hasta su muerte que se pudo descubrir uno de sus secretos más ocultos a todos, en concreto un conjunto de más de seiscientas cajas de cartón llamadas por él mismo Cápsulas del tiempo. En ellas almacenaba todo tipo de objetos incluyendo revistas, diarios o regalos que vieron la luz hacia el año 1987. Fue alguien entrañable e intrigante incluso a la hora de decir adiós. Su compañero, Glenn O’Brien escogió como epitafio un “Andy murió ayer. Nunca dejará de sorprendernos”, razón no le faltaba.

 

 

Salvador Dalí

El nombre del genio también tuvo su carga importante y su historia detrás. Salvador era le nombre del hermano del artista, que murió nueve meses antes de que él naciese. Desde entonces no cambió su nombre y decidió emplearlo como nombre artístico durante sus casi 85 años de vida ya que su nombre completo era Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech. Como otras curiosidades podemos hablar de su particular fobia a los saltamontes, de que hizo un viaje a París en un Rolls Royce repleto de coliflores, del caballo blanco que subió a su habitación en un hotel o de la inexplicable curiosidad y amor que sentía hacia las moscas, aunque especificaba eso sí: “Sólo por las limpias, no por las que se pasean por las calvas de los burócratas, que son repugnantes”. Definitivamente, este hombre era el surrealismo hecho persona.

 

 

Pablo Picasso

El gran padre del Guernica tenía ciertas costumbres y rituales muy personales y para nada habituales. Por ejemplo, tenía por costumbre cada mañana quedarse durante un buen rato postrado en la cama al tiempo que enumeraba una por una las enfermedades que tenía, una especie de letanía que repetía a diario, con más o menos insistencia. Entre los datos más particulares que rodeaban la vida del artista, podemos resaltar por ejemplo que convivía con un perro, tres gatos siameses y una mona llamada Monina que su rutina poseía manías como por ejemplo el de no beber más que agua mineral o leche y comer exclusivamente verduras, pescado, arroz con leche y uvas.

 

 

Joan Miró

El gran pintor tenía una de las enfermedades quizá más duras que pueda sufrir un ser humano, la depresión. Quizá por este motivo se obligó a sí mismo a cumplir una especie de ritual para garantizar su buen estado: El deporte era un elemento fundamental en su vida. Solía practicar boxeo, corría en la playa o saltaba a la comba, aunque por las tardes dedicaba un lapso de tiempo (no más de cinco minutos según él) a dormir la siesta.

 

 

Yoshiro Nakamatsu

El inventor ostenta ya más de tres mil patentes, entre ellas los clásicos disquetes. ¿Su secreto para desarrollar tantas ideas innovadoras? Acercarse a la muerte. Sí, como lo oyes, este personaje se ha puesto a sí mismo al borde de la muerte en reiteradas ocasiones para dar con una idea rompedora. ¿Su técnica? Sumergirse bajo el agua y hasta que no recibe una idea inspiradora y novedosa, no sale a la superficie. Según dice, en muchas ocasiones, este momento sólo ha llegado segundos antes de perder el conocimiento, algo así como unos segundos antes de morir. Asegura, que cuando el cerebro no recibe oxígeno la actividad cerebral del mismo se eleva a su máximo exponente. (No intentéis hacer esto en casa, por favor, que ya os veo las intenciones a más de uno).

 

 

Thomas Alva Edison

A Edison no le gustaba dormir ya que lo consideraba una grandísima pérdida de tiempo, por ello cuando sentía que tenía una racha de inspiración decidía prescindir de ello. En algunas ocasiones llegaba a permanecer en vela durante más de 72 horas. Gracias a esta manía, logró inventar la batería alcalina o el fonógrafo, según afirmó. Solía contrarrestrar esta falta de sueño con cortas siestas de las que decía despertar en estado de alerta y enérgico.

 

 

Piotr Ilich Chaikovski

El gran compositor y autor de El Cascanueces o El lago de los Cisnes tenía una terrible obsesión con una de sus rutinas, y es que debía caminar todos los días dos horas sin excepción alguna, porque de lo contrario le asaltaba la idea de que sufriría un terrible accidente o le perseguiría irremediablemente la mala suerte.

 

 

Agatha Christie

Es una de las escritoras británicas más representativas de los últimos tiempos, aunque también tenía varias manías algo raras, una de ellas era su rutina a la hora de escribir. En innumerables ocasiones los fotógrafos y periodistas insistían en hacerle una sesión fotográfica en su lugar de trabajo, es decir, su escritorio. Sin embargo la creativa aseguraba escribir sobre su propio regazo, en la cama o simplemente sobre una silla. De hecho ni siquiera tenía escritorio.

 

 

Charles Dickens

El también escritor Charles Dickens no podía soportar que un pelo de su cabeza estuviera fuera de lugar por lo que dicen que siempre llevaba un peine, que podía pasárselo por la cabeza cientos de veces al día.

 

 

Paul Cézanne

El pinto tenía una particularidad. Y es que estaba convencido de que sus modelos siempre querían flirtear con él. Además, no podía soportar que nadie le tocara. Según su amigo Émile Bernard, la explicación a esta aversión al contacto físico se encuentra en su infancia. Al parecer, siendo muy pequeño, un niño le dió tal patada en el trasero mientras se deslizaba por una barandilla que Cézanne cayó al suelo. “El imprevisto e inesperado golpe me afectó tan fuertemente que, después de tantos años, vivo obsesionado con que pueda volver a suceder”, aseguraba el propio pintor. Aunque esta no era su única rareza.

Otra de las anécodtas más curiosas del artista es su curiosa manía de dejar los cubiertos sobre la mesa en plena comida para estudiar el rostro de los demás comensales bajo el efecto de la luz de la lámpara, o también bajar al jardín para sentarse y, acto seguido, salir disparado hacia su estudio. Incluso, llegó a ausentarse del entierro de su madre por estar inmerso en una vista de un valle al pie de Sainte Victoire que pintó a la acuarela.

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