Hablar del Disseny Hub Barcelona (DHub) es hablar de un edificio que, más que objeto, funciona como infraestructura urbana. Concebido por MBM Arquitectes, este equipamiento cultural se incrusta en la Plaça de les Glòries para coser barrios, canalizar flujos y abrirse al ciudadano como un lugar de tránsito, encuentro y conocimiento, con un vestíbulo entendido como calle pública que conecta niveles y usos.
En torno a ese gran vestíbulo se articula una arquitectura con dos mundos: uno soterrado, amplio y flexible donde ocurre lo más intenso del programa, y otro elevado, un paralelepípedo en voladizo que se asoma a la plaza y actúa como hito. En paralelo, avanza el proyecto del nuevo vestíbulo que enlazará directamente la L1 de Glòries con la planta 0 del DHub: será el primer acceso desde el metro al interior de un equipamiento público en Barcelona, una conexión estratégica que refuerza la idea de museo como lugar de paso y de ciudad.
Qué es el DHub y por qué importa
El DHub reúne bajo un mismo techo al FAD, el BCD y colecciones históricas que antes estaban dispersas por Barcelona: Artes Decorativas, Textil y de Indumentaria, Cerámica y Artes Gráficas, además de la Biblioteca El Clot–Josep Benet. De sus 29.352 m² construidos, 24.839 m² son superficie funcional y de ellos, 7.500 m² se reservan a espacios expositivos, lo que lo sitúa entre los museos de diseño más relevantes del mundo por escala y ambición.
La mayor parte del volumen se entierra para liberar espacio público en superficie, una decisión que responde tanto a una estrategia urbana como a la vocación de hacer del diseño un ámbito cotidiano y accesible. MBM lo formula como un edificio que “hace ciudad” antes que espectáculo, con un funcionamiento claro y una legibilidad espacial que invita a entrar y atravesar, incluso sin consumir cultura.
Situación y relaciones urbanas
El edificio se enclava en Plaça de les Glòries Catalanes 37–38, con su pieza emergente encarada hacia la plaza y su desarrollo subterráneo aprovechando el desnivel respecto al Poblenou y el distrito 22@. El volumen elevado se alinea con la calle Ávila, marcando una dirección mar–montaña que prolonga el trazo del Eixample y remata la perspectiva sin cerrar vistas del gran parque central.
En este entorno se produce un diálogo de piezas icónicas: la Torre Agbar de Jean Nouvel, el mercado de los Encants de b720 y la “grapadora” del DHub. Frente a la verticalidad de la torre, el DHub opta por una expresión horizontal y pragmática, evitando competir en gesto y, en cambio, potenciando su papel de conector entre barrios y niveles urbanos complejos.
Concepto arquitectónico: dos cuerpos, una sola calle interior
La arquitectura se compone de un estrato subterráneo y otro emergente a partir de la cota +14,50 m. El inferior concentra la mayor densidad de actividades (exposiciones, biblioteca, reservas, docencia e investigación) y se ilumina naturalmente mediante un foso perimetral que actúa como gran patio inglés, reforzado por un espejo de agua reflectante y por seis lucernarios que asoman al espacio público.
El volumen superior, un paralelepípedo cortado al sesgo que iguala en anchura a la calle Ávila, se proyecta en voladizo sobre la plaza. Esta maniobra permite cumplir la edificabilidad prevista ocupando el mínimo de huella en planta y, a la vez, subraya con un gesto claro la condición de pieza que ordena flujos sobre las líneas de circulación que discurren bajo él.
El gran vestíbulo: arquitectura que se comporta como infraestructura

El acceso público se resuelve en un único vestíbulo con doble entrada: a +7 m desde la prolongación de la calle Ávila, cruzando el jardín y el lago, y a +14,50 m desde la plaza. Este gran vacío es una plaza cubierta, permeable y de uso casi cotidiano, que conecta con cafetería, tienda y, mediante escaleras, mecánicas y ascensores, con todos los niveles del complejo.
Esta “calle” interior ha sido pensada para mantenerse activa y legible, habilitando el paso incluso cuando la actividad museística está a media marcha. A través de ella se articula una experiencia de movilidad rica, donde la arquitectura suaviza los cambios de cota y conduce de forma intuitiva hacia exposiciones, servicios y auditorios.
Nuevo vestíbulo Glòries–DHub: acceso directo desde la L1
El DHub será el primer equipamiento municipal con acceso directo desde el metro, conectando la estación de Glòries (L1) con la planta 0 del edificio. El proyecto de interiorismo, impulsado por el Museu del Disseny–DHub y el FAD, se adjudicó a AMOO STUDIO SCP tras concurso. El diseño plantea un espacio fluido y plenamente accesible, que actúa como transición entre transporte y cultura, con horario coordinado con el DHub (de 9:00 a 21:00; los lunes, a partir de las 15:30).
La intervención prevé un vestíbulo de referencia de 380 m², mientras que el ámbito funcional detallado para su programa se acota en torno a 310 m². El conjunto integra señalética, pantallas informativas y un bar que se traslada a este ámbito para reforzar el carácter urbano del acceso, incluyendo un banco multifuncional de gran tamaño como lugar de espera e interacción con la identidad de marca del DHub.
Uno de los rasgos más distintivos es un cielo raso suspendido de geometría orgánica, que ordena la luz, aloja sistemas técnicos y guía el movimiento. Por seguridad, se dispone también un vestíbulo intermedio con acabados coherentes con el conjunto, y el Ayuntamiento ha definido un plan específico de limpieza, mantenimiento, control de flujos y seguridad para no interferir en la operativa del museo.
Según la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento, las obras están previstas para iniciar a principios de 2026 y finalizar en verano, coincidiendo con la capitalidad mundial de la arquitectura y el congreso de la UIA, con un presupuesto de 1.079.228 euros (en torno al millón, según avances previos). La conexión complementa mejoras ejecutadas entre 2023 y 2024 con nuevas rampas y pasillos para facilitar la accesibilidad.
Laia Bonet, primera teniente de alcaldía y presidenta de TMB, subrayó que esta operación suma en la transformación de Glòries como gran polo de transporte, equipamientos y vivienda, y permite ganar accesibilidad directa a un equipamiento clave como el DHub desde el suburbano. En la coordinación participan BIMSA, TMB, el Departamento de Territorio de la Generalitat, el ICUB y el propio museo, reforzando el carácter interinstitucional del proyecto.
Concurso y programa del nuevo vestíbulo
La llamada de portafolios impulsada por el FAD seleccionó equipos del ámbito de la arquitectura, el diseño de interiores y el diseño de producto. La competición se dividió en dos fases: preselección de finalistas y presentación de definición de diseño, tras la cual el jurado eligió la propuesta ganadora. La fase de portafolios cerró el 16 de julio, con condiciones de participación para personas físicas y jurídicas, de forma individual o en equipo, y posibilidad de UTE en caso de adjudicación.
El programa funcional del ámbito considera: área de circulación como vestíbulo previo al museo, una cafetería abierta sin cocina con pequeño almacén cerrado, zona de divulgación de actividades y exposiciones del DHub y espacio para armarios de instalaciones. Esta puerta pasará a ser una de las más concurridas, convirtiéndose literalmente en otra fachada del edificio.
Programa y espacios del DHub
Bajo la cota +14,50 m se distribuyen dos plantas y una entreplanta con la mayor carga programática: sala principal de exposiciones, reservas y gestión de colecciones, oficinas, biblioteca, centro de documentación, investigación y actividades educativas. En ese nivel, el vestíbulo se comporta como plaza cubierta donde confluyen la tienda y la cafetería–restaurante situada a +6,98 m con cerca de 900 m².
La sala principal de exposiciones ronda los 3.000–3.990 m² según documentación, configurándose como un gran espacio diáfano y flexible. La luz natural llega mediante el foso perimetral y se refuerza con seis lucernarios que emergen hasta el jardín de cubierta, dejando pasar la luz a través de superficies de vidrio traslúcido sobre suelos de hormigón pulido que maximizan la continuidad y la neutralidad expositiva.
La Biblioteca El Clot–Josep Benet ocupa 1.732 m² en dos niveles con organización flexible para públicos diversos. Ofrece soporte a la formación y autoaprendizaje, formación en TIC, acceso a internet y Wi‑Fi, ordenadores y gestión de trámites en línea, además de actividades escolares y de difusión cultural a lo largo del año.
En la coronación del edificio, el auditorio de 320 plazas puede reconfigurarse como centro de convenciones con butacas de mayor formato y mesas integradas en las filas 1 a 7 (mesas F1000). El equipamiento combina las butacas 6035 Flex y 6061 Microflex con tapicería negra y dispone de plazas PMR con fijación extraíble para adaptaciones. Materiales: suelos de roble, techos con paneles de acero galvanizado barnizado y paredes de cartón yeso pintadas en blanco con revestimientos selectivos.
Accesos, logística y evacuación
Además de las dos bocas públicas del vestíbulo principal, existe una entrada de servicios en la calle Badajoz destinada a carga y descarga de material expositivo, con espacio para dos camiones y muelle de carga, y otra en la plaza, entre el edificio y la calle Álava, para personal y mercancías de cafetería, restaurante y biblioteca pública del barrio. El perímetro incorpora salidas de emergencia necesarias para la evacuación.
Desde el gran vestíbulo se accede a todos los servicios del sótano y, mediante escaleras fijas, mecánicas y ascensores, a los niveles superiores, generando una continuidad espacial que culmina en la sala de conferencias. La conexión directa con el metro, hoy en marcha, completa el concepto original de vestíbulo como pieza de transición entre ciudad y cultura.
Materiales, estructura y cifras clave
La envolvente exterior se resuelve con placas metálicas en gris oscuro —zinc prepatinado QUARTZ‑ZINC, aluminio y hierro fundido— y vidrio. El conjunto emite un carácter industrial con reflejos metálicos, mientras que en el espacio público una alfombra verde y un grafismo luminoso aportan color y actividad.
La estructura combina acero laminado con hormigón armado y postensado, permitiendo un impresionante voladizo de aproximadamente 30–36 m sobre la plaza, que libera suelo para uso público. En números, la obra suma más de 24.000 m² de forjado macizo y 3.500 m² de aligerado, con 25.000 m³ de cimbras PERI empleadas durante la ejecución.
Para muros se utilizó encofrado TRIO con trepado CB‑240 y plataformas BR en núcleos. Los forjados se ejecutaron con el sistema Skydeck y puntales Multiprop con extracciones de hasta 6 m, cimbra Rosett para alturas superiores y forjados inclinados, además de sistemas MULTIFLEX y perfilería metálica para el encofrado de muro perimetral con voladizo de 2 m.
Iluminación, energía y sostenibilidad
El proyecto alcanza un alto estándar ambiental con clasificación energética A certificada por el ICAEN. La sostenibilidad pasiva juega un papel decisivo: cerca del 70% del volumen construido está enterrado, se emplean fachadas macizas con huecos bien calibrados, protección solar y aislamiento, almacenamiento y tratamiento de residuos, y soluciones pre‑industrializadas.
En saneamiento se recurre a red separativa para reutilización de aguas pluviales. En fontanería, control de consumos mínimos y regulación de caudales. La climatización conecta a la red de Disticlima para agua fría y caliente, con recuperación de calor de plantas refrigeradoras, calderas de gas natural, free‑cooling cuando el clima lo permite, recuperación de calor latente en extracción, y climatizadores de volumen variable.
En electricidad, se prioriza bajo consumo con detectores de presencia, temporizadores, y paneles fotovoltaicos para aprovechamiento directo de la energía solar, además de una gestión centralizada de instalaciones. En las salas de exposición, una iluminación de tubos LED programables individualmente acompaña la naturaleza cambiante de las muestras, facilitando escenas y temperaturas de color a medida.
Espacio público: alfombra verde y BruumRuum
Sobre la cubierta del estrato subterráneo, la plaza ajardinada se integra con el proyecto de Glòries como espacio público. La alfombra vegetal se ejecuta con especies y sistemas de bajo mantenimiento para asegurar sostenibilidad y operativa sencilla a lo largo del tiempo, mientras la pérgola y el grafismo luminoso amplifican el carácter lúdico del lugar.
La instalación BruumRuum, de David Torrents & artec3 con LEDsCONTROL, introduce un diálogo entre sonido y luz mediante 550 LEDs embebidos en el pavimento. La superficie interactiva de 3.300 m² “escucha” el entorno y a los usuarios a través de sensores, transformando en tiempo real el patrón lumínico según la intensidad de voces y ruido ambiental.
El acceso inferior, hacia la calle Ávila, se potencia con un espejo de agua que refleja luz hacia el interior. Incluso se ensayaron piezas experimentales, como una estructura autoportante con tecnología Hipermembrana diseñada en colaboración con MaterFAD, que quedó suspendida sobre el agua por un periodo temporal y posteriormente fue retirada en 2014.
MBM, la “grapadora” y el sentido de hacer ciudad
MBM Arquitectes —con la figura de Oriol Bohigas al frente, junto a Josep Maria Martorell y David Mackay— ha firmado más de 500 proyectos desde 1951 y es clave en la transformación de Barcelona. Bohigas, implicado en el Grup R para recuperar la arquitectura moderna en la posguerra, defendía que la arquitectura es un servicio público y que antes que una forma debe ser un instrumento para hacer ciudad.
En Glòries, la proximidad de la Torre Agbar obligaba a una estrategia sin rivalidad: el DHub se vuelve reposado y horizontal, enfatizando su “cabeza” en voladizo como gesto urbano lo justo y necesario para ordenar y conectar. Popularmente apodado “la grapadora”, este edificio se entiende mejor como nodo que como icono, como conector que hace legible un cruce urbano históricamente complejo.
El edificio articula también una idea de democracia cultural: concentrar colecciones y servicios bajo tierra para liberar plaza, y mostrar sin solemnidad los procesos del diseño. Así, el visitante puede toparse con el museo en su camino y, casi sin darse cuenta, terminar curioseando una exposición o asomándose a un taller educativo.
Uso, gestión y vida cotidiana
La afluencia previa a la pandemia superaba los 300.000 visitantes anuales, una cifra que habla tanto del interés del programa como de la ubicación estratégica. El nuevo acceso desde el metro mejorará la permeabilidad desde el Parc i la Llacuna del Poblenou y consolidará el DHub como puerta urbana, gracias también a la nueva salida desde andenes prevista en la L1.
Para que el acceso directo no interfiera en la operativa, se ha previsto un plan de limpieza, seguridad, mantenimiento y gestión de flujos, además de ajustes en la organización espacial. El resultado: un vestíbulo que se usa como sala de paso, como lugar de difusión de actividades y como punto de encuentro informal apoyado por el bar y el banco multifuncional.
En la planta superior del espacio público, la alfombra verde y el lago —donde se aprovecha agua freática para usos no potables— incorporan filtros de grava y plantas acuáticas que facilitan una depuración natural. Son pequeñas piezas que, sumadas, sostienen la eficiencia global del conjunto y su coherencia con las etiquetas ambientales obtenidas.
Mirado con calma, el DHub es un compendio de decisiones urbanas y técnicas que convierten un cruce vial en un lugar: bajar la masa para liberar plaza, elevar un volumen mínimo y expresivo, usar un vestíbulo como calle pública, abrirse al metro, e hibridar cultura con movilidad, comercio, descanso y luz. Ese equilibrio entre rigor y cotidianeidad —con su estructura en gran voladizo, su piel metálica, su plaza interactiva y sus salas modulares— explica por qué el DHub ha pasado de “objeto discutido” a pieza imprescindible en la Barcelona que se reinventa sin perder identidad.

