Para que nos entendamos, en Cupertino se avecinan curvas con el relevo en la cúpula directiva. Con John Ternus preparándose para tomar las riendas de Apple como nuevo CEO a partir del 1 de septiembre, todas las miradas están puestas en cómo gestionará el legado de Tim Cook. No es que el actual máximo ejecutivo lo haya hecho mal, ni mucho menos, pero muchos echan de menos ese toque distintivo que hacía que cada producto pareciera una obra de arte por encima de su funcionalidad técnica.
La gran duda que planea sobre el Apple Park es si la compañía será capaz de recuperar la esencia que Steve Jobs y Jony Ive imprimieron en su ADN fundacional. El diseño, que antes era el corazón estratégico de cada lanzamiento, ha ido perdiendo fuelle frente a la pura eficiencia operativa y los estrictos criterios de los departamentos financieros, algo que Ternus parece dispuesto a revertir para alegría de los más puristas que añoran la época dorada de la innovación estética.
La fuga de cerebros y el fin de la era Jony Ive
Lo cierto es que el panorama actual del estudio de diseño es un poco desolador si miramos por el retrovisor hacia lo que fue hace apenas una década. Según los últimos informes de Bloomberg, el equipo que una vez lideró la vanguardia tecnológica se ha quedado prácticamente en cuadro tras una salida masiva de talentos. La mayoría de los creativos que formaron parte de la guardia pretoriana de Jony Ive han hecho las maletas, dejando un vacío difícil de llenar en una estructura que antes funcionaba como un reloj suizo de alta precisión.
Uno de los golpes más duros ha sido la marcha de Alan Dye, el veterano jefe de diseño de interfaces, que tras más de veinte años en la empresa ha decidido probar suerte en Meta como jefe de diseño. Esta salida no es un caso aislado, ya que otros pesos pesados han acabado en proyectos de la competencia directa como OpenAI. Al final, lo que antes era un equipo con voz y voto en las decisiones estratégicas de hardware y software, se ha acabado convirtiendo en una especie de oficina de servicios que ejecuta encargos externos de otros departamentos más poderosos.
Esta transformación estructural se hizo más evidente cuando el diseño pasó a depender directamente de Jeff Williams, el director de operaciones. Este movimiento fue interpretado por muchos analistas como la señal definitiva de que la apariencia y la identidad de los productos habían pasado a un segundo plano. Durante la última etapa, el estudio se quedó sin un timón claro, lo que generó un sentimiento de ineficiencia y debilitamiento entre los diseñadores que todavía permanecen en las oficinas de California.
El plan de Ternus para devolver el diseño al primer plano

Aquí es donde entra en juego la figura de John Ternus, quien tiene la titánica tarea de reconstruir la cultura creativa de la empresa desde los cimientos. No se trata solo de contratar caras nuevas con talento, sino de devolverle al diseño ese asiento prioritario en la mesa ejecutiva que perdió tras la salida formal de Ive en 2019. Ternus parece haber entendido que para diferenciarse en un mercado saturado, Apple necesita volver a apostar por productos que llamen la atención por su personalidad propia y su experiencia de usuario inigualable.
Los expertos coinciden en que el nuevo CEO debe equilibrar una compañía que durante años ha estado dominada por la logística. El reto es mayúsculo, pues se busca restaurar una cultura donde el diseño tenga una influencia real y transversal en toda la organización. No podemos olvidar que hitos históricos de la marca nacieron precisamente de esa obsesión por la estética, situándola por encima de las simples especificaciones técnicas que cualquier otro competidor puede copiar con facilidad.
A pesar de estas buenas intenciones, hay que tener los pies en la tierra porque este tipo de cambios no se ven de un día para otro. Las grandes decisiones sobre la apariencia y los materiales de los dispositivos se planifican con muchísimos años de antelación. Por ello, es muy probable que no veamos los frutos del liderazgo de Ternus en dispositivos inminentes, sino que habrá que esperar a las próximas generaciones de productos para comprobar si Apple ha recuperado de verdad su magia creativa.
Recuperar el brillo de antaño exigirá que la nueva dirección sea capaz de frenar la sangría de veteranos y motivar a los nuevos talentos para que el diseño no sea solo un adorno, sino el verdadero motor de la innovación. Si Ternus consigue amalgamar la eficiencia operativa actual con la chispa creativa que definió a la empresa en sus inicios, la compañía podría volver a marcar el camino a seguir en la industria, aunque para ver resultados tangibles en los escaparates todavía nos queden unos cuantos ciclos de actualización por delante.
