Si te mola el arte que rompe con la realidad, tienes que echarle un ojo a lo que propone la Galería Marc Domènech. Se han marcado una exposición brutal sobre el grupo Abstraction-Création, un colectivo que en su día puso patas arriba la escena artística de París al apostar todo por la no figuración y el rigor geométrico.
Este grupo no nació de la nada, sino que surgió en 1931 cuando Théo van Doesburg y otros artistas se dieron cuenta de que hacía falta un frente común. Querían dejar claro que el arte no tenía por qué copiar la naturaleza y, sobre todo, querían frenar el avance del surrealismo que André Breton llevaba por bandera, buscando un camino más ordenado y estructurado.
Orígenes y el espíritu del colectivo
La historia comienza oficialmente el 15 de febrero de 1931. El grupo se fraguó en el estudio de Van Doesburg en Meudon, aprovechando que París era en aquel entonces el imán donde aterrizaban todos los creadores extranjeros. Tras el cierre de Cercle et Carré y el desencanto con el Art Concret, muchos artistas decidieron unir fuerzas. Lo curioso es que, aunque buscaban un lenguaje común, no eran un grupo cerrado ni querían imponer normas estrictas, sino servir de plataforma de difusión.
El ambiente era vibrante; los miembros se reunían a charlar de arte en sitios como el Café Voltaire del Sena o la Closerie des Lilas. Buscaban, básicamente, poner orden en el caos político y social de la época. Como bien decía Sonia Delaunay, tras la ruptura del cubismo, sentían la alegría de reconstruir un mundo nuevo que fuera dinámico, claro y optimista.
Un despliegue de talentos internacionales
Lo más flipante de Abstraction-Création es la cantidad de cracks que pasaron por allí. Llegaron a ser más de 400 miembros. Entre los nombres más pesados encontramos a Piet Mondrian y Wassily Kandinsky, aunque estuvieran de paso, además de figuras como Naum Gabo, Antoine Pevsner o los Delaunay. También hubo espacio para el talento español con Luis Fernández y Julio González.
- Geometría y ritmo: El sello distintivo eran las formas geométricas y las estructuras rítmicas.
- Difusión editorial: Entre 1932 y 1936 editaron su propia revista, una herramienta clave para atraer nuevos socios.
- Exposiciones itinerantes: Organizaron muestras por toda Europa, incluyendo espacios en el área de Wagram en París.
Curiosamente, no todo el mundo encajaba. El grupo era tajante: si tu obra tenía imágenes reconocibles, estabas fuera. Por eso, aunque era cercano al grupo, Giacometti no pudo entrar porque no estaba dispuesto a dejar de trabajar con modelos reales. Incluso Alexander Calder tuvo sus roces por incluir imágenes figurativas en algunas de sus obras.
El declive y el salto al nuevo mundo
Lamentablemente, la Segunda Guerra Mundial terminó por desbaratar el colectivo. Muchos artistas tuvieron que huir; por ejemplo, Kurt Schwitters acabó en Inglaterra tras ver cómo las bombas destruían su Merzbau en Hannover, mientras que otros, como Freundlich, tuvieron finales trágicos en campos de concentración. A pesar de esto, el espíritu no murió, sino que se transformó en la revista Plastique en 1937.
El legado europeo terminó aterrizando en Estados Unidos, influyendo directamente en la creación de los Artistas Abstractos Estadounidenses. La llegada de refugiados como Mondrian y Gabo, junto a la Nueva Bauhaus de Chicago, hizo que los principios de la abstracción europea florecieran con fuerza al otro lado del Atlántico.
La apuesta de la Galería Marc Domènech
La galería en Barcelona, situada en el Ptge Mercader 12, se ha especializado en rescatar estas vanguardias del siglo XX. No solo presentan a los grandes, sino que se esfuerzan por recuperar artistas olvidados o poco representados en España, como Otto Gutfreund o Henri Michaux. Esta muestra de Abstraction-Création, que incluye una cuidada selección de litografías de la edición de 1973, es un ejemplo perfecto de su misión de defender el arte no figurativo.
En definitiva, este colectivo fue la piedra angular que permitió que el arte abstracto se consolidara en Europa y América. A través de su revista y sus exposiciones, lograron que la estética geométrica y el ritmo visual se convirtieran en un lenguaje universal, dejando una huella imborrable que todavía hoy podemos admirar en las salas de la galería barcelonesa.