Parece que fue ayer cuando una pequeña lámpara de escritorio empezó a dar saltos sobre una letra, pero lo cierto es que la compañía del logotipo de Pixar ya sopla cuarenta velas en su tarta de aniversario. Desde que irrumpieran en el mercado con aquel hito de mil novecientos noventa y cinco, el estudio no ha parado de transformar nuestra manera de consumir cine de animación, pasando de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en el estándar de oro de la industria cinematográfica mundial.
El ambiente está que echa chispas con el inminente estreno de la quinta entrega de su saga más legendaria, que llega para ponernos un espejo delante sobre cómo la tecnología está cambiando la infancia. Esta vez no se trata de un simple villano de plástico, sino que los juguetes se enfrentan a la era digital representada por una tablet llamada Lilypad, un dispositivo que amenaza con dejar a Woody, Buzz y compañía acumulando polvo en un rincón del cuarto de Bonnie.
Una nueva era para Woody y la vaquera Jessie

En esta ocasión, la batuta de la historia recae con fuerza en Jessie, que asume un papel fundamental mientras los humanos de la casa lidian con sus propios dilemas parentales. Lo que diferencia a esta nueva película de sus predecesoras es que se mete de lleno en la soledad de los niños reales, mostrando a una Bonnie que prefiere las pantallas antes que interactuar con otros críos de su clase, lo cual es un giro bastante valiente para una producción de este calibre.
Para el público de nuestro país, la película llega con algunas sorpresas en el doblaje que seguro darán que hablar en las redes sociales. Se ha confirmado la participación de figuras como Bad Bunny o Penélope Cruz, quienes prestan su voz a juguetes olvidados en una versión española que busca conectar con el público joven a través de cameos de lo más curiosos. A pesar de los rumores que situaban a Taylor Swift en la banda sonora, finalmente se ha quedado en agua de borrajas.
Si bien algunos críticos consideran que la trama está un poco saturada de personajes, la mayoría coincide en que la reflexión sobre los dispositivos digitales es necesaria y está tratada con una madurez que solo Pixar sabe manejar. No es moco de pavo intentar que una secuela sea profunda y divertida al mismo tiempo, pero parece que han conseguido que los padres salgan del cine con la cabeza dando vueltas sobre el uso de la tecnología en casa.
Hitos científicos y simulaciones que parecen magia

Echar la vista atrás permite darnos cuenta de lo mucho que se lo han currado los ingenieros de la casa para que hoy veamos normal lo que antes era imposible. Uno de los mayores quebraderos de cabeza fue dar vida al pelo de Sulley en Monstruos S.A., lo que obligó a crear un software específico llamado Fizt para calcular cómo debían moverse más de dos millones de pelos individuales ante el viento o los golpes, marcando un antes y un después en el software y programación para creativos.
Pero no todo ha sido técnica pura y dura; el estudio también se ha arriesgado con narrativas que rompían los moldes de Hollywood, como ocurrió con los cuarenta minutos iniciales sin diálogos de WALL-E. Esta apuesta por una narrativa visual puramente silenciosa demostró que se podía emocionar a niños y adultos sin necesidad de chistes ruidosos, confiando plenamente en el diseño de sonido y la expresividad de un pequeño robot oxidado.
Incluso en el ámbito de la salud mental, la compañía ha sabido meterse al público en el bolsillo con propuestas como Del Revés. Gracias a una colaboración estrecha con neuropsicólogos y científicos, consiguieron que conceptos abstractos como la memoria a largo plazo o el subconsciente fueran fáciles de entender para los más pequeños, convirtiendo el cine en una herramienta pedagógica que todavía se usa en muchos colegios de toda Europa.
De Madrid al infinito con la filosofía del estudio

Recientemente, figuras clave del estudio como Pete Docter se dejaron caer por Madrid para charlar sobre la evolución de sus procesos creativos y la presión que supone mantener el listón tan alto. Recordaron que en los tiempos de la primera secuela de los juguetes, renderizar un solo fotograma tardaba horas, mientras que hoy en día la potencia de cálculo permite que las máquinas vuelen, aunque el esfuerzo por encontrar una buena historia sigue siendo el mismo reto titánico de siempre.
La filosofía de trabajo en la empresa siempre ha buscado alejarse de los clichés típicos de otras compañías, evitando los números musicales obligatorios o los acompañantes cómicos metidos con calzador. Se centran en historias que crecen con el espectador, aceptando que el paso del tiempo es inevitable y que los personajes deben reflejar esas preocupaciones adultas, algo que se nota especialmente en el cierre de la tercera entrega que nos dejó a todos con el corazón en un puño.
En cuanto a la relación con su casa madre, Disney, los responsables aseguran que mantienen una independencia creativa envidiable, donde las decisiones se toman en el taller y no solo en los despachos. Esa libertad para probar y fallar es lo que les permite rehacer una película hasta diez veces antes de que llegue a las salas, asegurándose de que cada fotograma que vemos en pantalla tiene una razón de ser y no sobra ni un solo minuto de metraje.
El horizonte de la compañía tras cuatro décadas

Aunque han pasado por rachas un poco más flojas en taquilla con estrenos como Elio o Lightyear, parece que la maquinaria ha vuelto a coger ritmo con el éxito de Hoppers a principios de este año. La estrategia ahora pasa por alternar nuevas ideas originales con secuelas muy esperadas por los fans, confirmando que tendremos en pantalla Los Increíbles 3 para el año dos mil veintiocho y una continuación de Coco que llegará un año después.
Además, hay proyectos en el horno que prometen explorar nuevos estilos visuales y temáticas menos convencionales, como la cinta titulada Gatto, prevista para la próxima temporada. La intención es seguir derribando barreras culturales y étnicas, como ya hicieron con la mística tradición mexicana del Día de Muertos, demostrando que una historia muy local puede tener un impacto universal si se trata con el respeto antropológico adecuado y una investigación de campo rigurosa.

La trayectoria de esta factoría de sueños nos enseña que la clave para mantenerse relevante no es solo tener los ordenadores más potentes, sino saber conectar con las emociones humanas más básicas. Con el nuevo estreno de los juguetes en las carteleras y una agenda repleta de proyectos que prometen seguir innovando, queda claro que la compañía tiene cuerda para rato. Al final del día, ya sea a través de un coche de carreras, un monstruo azul o una tablet de última generación, lo que buscamos es que nos cuenten una buena historia que nos haga reír y, de paso, nos toque un poquito la fibra sensible.
