En algunos dibujos renacentistas no solo se esconde el talento del artista, sino también pequeñas huellas biológicas de quienes los tocaron hace siglos. Esa es la premisa de un trabajo reciente que ha puesto en el punto de mira un discreto boceto en tiza roja atribuido a Leonardo da Vinci, conocido como Holy Child, del que se han recuperado trazas de ADN humano potencialmente vinculadas a su familia.
Un consorcio internacional de especialistas en genética, microbiología y patrimonio cultural ha empleado técnicas de secuenciación de última generación y métodos de muestreo no invasivo para analizar este dibujo y varios documentos del siglo XV relacionados con los antepasados de Leonardo da Vinci. Sus resultados, publicados como preprint en repositorios científicos como bioRxiv, apuntan a la presencia de marcadores del cromosoma Y compatibles con el linaje paterno del genio florentino, aunque los propios autores subrayan que aún es pronto para sacar conclusiones tajantes.
Un enfoque innovador para leer el pasado en papel
Trabajar con obras renacentistas europeas plantea un dilema constante: cómo extraer información científica sin poner en riesgo piezas únicas e irreemplazables. Perforar, raspar o cortar un dibujo del Quattrocento es sencillamente impensable en términos de conservación, especialmente en el contexto de museos y archivos europeos.
Para esquivar ese problema, el equipo del llamado Proyecto ADN Leonardo da Vinci (LDVP) diseñó un protocolo de muestreo por doble hisopado (húmedo/seco o seco/seco) inspirado en los procedimientos de los museos. Con bastoncillos similares a los usados en pruebas médicas, recolectaron del papel partículas microscópicas: escamas de piel, restos de sudor seco, fibras, polvo ambiental, polen, bacterias y hongos adheridos a la superficie.
Esta metodología se aplicó no solo al Holy Child, sino también a cartas firmadas por Frosino di Ser Giovanni da Vinci —un pariente de Leonardo— conservadas en archivos históricos italianos, y a otras obras de época atribuidas a artistas como Filippino Lippi, Andrea Sacchi o Charles J. Flipart. El objetivo declarado era obtener un mapa estandarizado del material biológico presente en diferentes objetos culturales del Renacimiento.
Tras el hisopado, los científicos llevaron a cabo secuenciación de metagenoma completo sin filtrar el ADN humano. Esto les permitió detectar cócteles complejos de material genético: bacteriano, fúngico, vegetal, animal y humano, configurando una especie de “huella biológica” para cada pieza y ayudando a medir hasta qué punto habían sido alteradas por contaminaciones modernas o ambientales.

Qué revelan las muestras del dibujo atribuido a Leonardo
Entre todos los objetos analizados, el boceto en tiza roja Holy Child fue el que ofreció señales de ADN humano más claras. Los investigadores tomaron varios hisopos de zonas distintas del papel —anverso, borde y reverso— y, en tres de ellos, detectaron marcadores específicos del cromosoma Y.
Al comparar esas secuencias con grandes bases de datos genéticos y con las cartas de Frosino di Ser Giovanni da Vinci, el equipo identificó una coincidencia en ramas del haplogrupo E1b1/E1b1b, un linaje del cromosoma Y frecuente en poblaciones del Mediterráneo, incluyendo el centro de Italia y de forma especialmente relevante la región de la Toscana, donde nació Leonardo da Vinci en 1452.
En el caso del dibujo, el análisis logró afinar aún más e identificar subgrupos como E1b1b-CTS9049, E1b1b-CTS8033 y E1b1b1b1a1-M5110, todos ellos integrados dentro de ese mismo macrogrupo. La carta atribuida al pariente de Leonardo mostró también afinidad con la rama E1b1, lo que refuerza la idea de que podría tratarse de una señal heredada por vía paterna dentro de la familia da Vinci.
Algunos medios especializados, como Science Magazine, se han hecho eco de la hipótesis de que una parte de ese material genético podría corresponder al propio Leonardo. Sin embargo, los autores del estudio son prudentes y recuerdan que lo que se ha identificado hasta ahora es una compatibilidad de linaje, no un “carné de identidad” genético del artista.
Los investigadores señalan que la repetición del linaje E1b1/E1b1b en muestras asociadas a Leonardo es coherente con una señal compartida del cromosoma Y, pero también admiten que dentro de esas mismas muestras se observan aportaciones modernas, probablemente procedentes de conservadores o restauradores o propietarios que han manipulado las obras en épocas recientes.
Limitaciones y riesgos de estudiar ADN en obras históricas
La parte más incómoda del trabajo —y quizá la más honesta— es la que detalla sus propias limitaciones. El ADN recuperado de objetos renacentistas es extremadamente escaso, fragmentado y vulnerable a la contaminación, hasta el punto de que cualquier contacto reciente puede enmascarar o mezclar las señales antiguas que se intentan recuperar.
De las 16 muestras analizadas en total, solo cinco permitieron estudiar marcadores de cromosoma Y con cierto margen de interpretación. En varios de los controles del experimento también aparecieron haplogrupos similares, lo que complica atribuir cada secuencia con precisión y obliga a extremar las precauciones antes de vincular un perfil concreto a una figura histórica.
El propio equipo admite que los perfiles resultantes son, por defecto, compuestos y muy sensibles a las contribuciones modernas. Eso significa que, aunque el linaje E1b1b encaje razonablemente bien con lo que cabría esperar de un varón toscano del siglo XV, no basta para asegurar que el ADN que encarna esa señal pertenezca de forma inequívoca a Leonardo da Vinci.
Existe, además, otro obstáculo que pesa especialmente en Europa: la falta de un patrón de referencia certificado del ADN de Leonardo. El artista no tuvo descendencia directa conocida y su tumba original fue alterada durante el siglo XIX, lo que impide, por ahora, contrastar los resultados con restos óseos cuya procedencia esté verificada.
Precisamente por todo ello, los autores insisten en que su trabajo no demuestra que se haya encontrado el ADN del genio renacentista, sino que abre una línea de investigación plausible que deberá reforzarse con nuevos datos, más controles y, si se logra autorización, con el análisis de otros objetos con manipulación atribuible casi en exclusiva a Leonardo, como cuadernos de notas que conservan huellas dactilares.
Holy Child: un dibujo en el centro de la polémica
El propio objeto que ha permitido detectar la señal genética —el Holy Child— es, paradójicamente, uno de los puntos más controvertidos del caso. Se trata de un dibujo en tiza roja conservado en una colección privada de Nueva York, que representa a un niño de cabeza ligeramente inclinada, con un modelado suave y efectos de sfumato muy característicos del estilo asociado a Leonardo.
El historiador del arte Fred R. Kline lo presentó públicamente en 2016 como una obra temprana del maestro, posiblemente ejecutada entre 1472 y 1476, y defendió esa atribución basándose en la técnica, la calidad del trazo y similitudes con otros estudios juveniles. De hecho, algunos rasgos del rayado en la zona izquierda del dibujo han sido señalados como especialmente leonardescos.
No obstante, buena parte de la comunidad académica especializada en arte renacentista italiano se mantiene escéptica. El Niño Santo no figura en los cuadernos ni en los manuscritos conocidos de Leonardo, ni aparece citado en inventarios o documentos contemporáneos del artista. Tampoco se ha incorporado a los catálogos razonados de referencia elaborados por expertos como Carlo Pedretti o Martin Kemp.
Al tratarse de una obra en manos privadas, el dibujo no ha pasado por un proceso formal de autenticación en museos o instituciones europeas, algo habitual cuando se trata de incorporar piezas nuevas al corpus de un gran maestro. Esa ausencia de validación institucional ha alimentado la idea de que podría ser obra de un discípulo o de un artista contemporáneo influido por el estilo de Leonardo.
Esta ambigüedad tiene un impacto directo en la lectura de los datos genéticos: aunque la señal del haplogrupo E1b1/E1b1b detectada en el dibujo coincida en parte con la de un pariente documentado, si la autoría de Holy Child no se puede confirmar, tampoco puede sostenerse con plena seguridad que el ADN proceda de la mano del artista y no de otra persona de su entorno o de manipulaciones posteriores.
Microbios, plantas y huellas ambientales del Renacimiento
Más allá de la dimensión casi novelesca de perseguir el ADN de Leonardo, el trabajo aporta información relevante sobre el ecosistema biológico que rodea a las obras de arte europeas. La mayor parte del material genético detectado en los hisopos no era humano, sino bacteriano, fúngico y vegetal.
Entre las bacterias se identificaron especies típicas de la piel humana, como Cutibacterium acnes, y entre los hongos, géneros comunes en superficies antiguas como Malassezia. Estos hallazgos ayudan a comprender mejor cómo han sido manipuladas, almacenadas y restauradas las piezas a lo largo de los siglos, tanto en Italia como en otros países europeos donde pudieron circular o ser conservadas.
Los investigadores también localizaron rastros de diversas plantas: pino (Pinus), maíz (Zea mays), melón (Cucumis melo) y cítricos (Citrus sinensis), entre otras. La presencia de ADN de cítricos en el propio Holy Child resulta particularmente interesante, ya que estos árboles tuvieron un fuerte simbolismo en la corte florentina y en la familia Medici, grandes mecenas de Leonardo, donde los cítricos se asociaban a la riqueza, el comercio y cierto prestigio científico.
El estudio cita también especies como el raigrás italiano (Lolium multiflorum), que podría apuntar al origen geográfico de algunos soportes de papel o al entorno agrario de la Toscana en los siglos XV y XVI. Otras plantas ribereñas, como el sauce (Salix), abundante en las orillas del río Arno, se relacionan con oficios artesanales de la época: cestería, encuadernación, andamiajes o producción de carbón vegetal para talleres.
Este tipo de información, aparentemente secundaria, puede ser útil para evaluar el estado de conservación de las obras y apoyar procesos de autenticación. Comparar los “perfiles biológicos” de un objeto dudoso con los de piezas de atribución segura podría aportar pistas adicionales a historiadores y conservadores.
Hacia una arqueogenética del arte europeo
El trabajo del LDVP se enmarca en un campo emergente que algunos ya describen como una suerte de arqueogenética aplicada al patrimonio artístico. La idea de rastrear linajes humanos, movimientos de objetos y contextos materiales a través del ADN adherido a pinturas, dibujos o cartas abre una vía novedosa para entender mejor la historia cultural de Europa.
Los autores recalcan, no obstante, que la metagenómica de baja biomasa obtenida por hisopado es extremadamente sensible a la contaminación, y que se requiere una combinación de rigor técnico, protocolos muy estrictos y transparencia a la hora de interpretar los datos. El hecho de que el estudio sea aún preliminar y no haya pasado por una revisión por pares completa es otro recordatorio de que se trata de un primer paso, no de un punto de llegada.
De cara al futuro, el equipo considera prioritario ampliar el número de objetos analizados, incorporar controles más rigurosos y, si las instituciones lo permiten, acceder a materiales con procedencia muy bien documentada, como manuscritos o instrumentos de trabajo conservados en archivos europeos. En paralelo, la posibilidad de localizar restos biológicos de familiares confirmados —aunque sea de líneas colaterales— sigue sobre la mesa como una forma de reforzar la comparación genética.
En este contexto, la combinación de cartas históricas, dibujos atribuidos y documentación de archivo en Italia y el resto de Europa podría ayudar no solo a perfilar mejor la biografía de Leonardo, sino también a trazar redes de circulación de obras, materiales y personas en pleno Renacimiento.
Con todos estos matices, los resultados obtenidos hasta ahora con el Holy Child y las cartas de Frosino dibujan un escenario prometedor pero lleno de cautelas. El posible ADN de Leonardo da Vinci, escondido en un antiguo dibujo renacentista, se ha convertido en un símbolo de hasta dónde puede llegar la ciencia sin tocar prácticamente el papel, y de los dilemas que aparecen cuando se intenta leer, a través de unas pocas moléculas, la historia de uno de los grandes nombres de la cultura europea.