Entrevistas a diseñadores: creatividad, procesos y sueños

  • Los diseñadores comparten orígenes vocacionales tempranos y trayectorias diversas que combinan formación, concursos y trabajo profesional.
  • Las colecciones de moda y los proyectos editoriales funcionan como relatos visuales que exploran emociones, contextos sociales y sostenibilidad.
  • Un buen diseñador necesita visión global, curiosidad, capacidad de síntesis y una fuerte ética profesional centrada en comunicar con rigor.
  • Moda, infografía y diseño editorial son herramientas culturales clave para interpretar la realidad y conectar con la sociedad.

entrevistas a diseñadores

Las entrevistas a diseñadores de moda, gráficos e ilustradores son una de las mejores ventanas para entender cómo funciona de verdad la creatividad. Detrás de cada colección, cada portada de revista o cada infografía premiada hay procesos, dudas, obsesiones, referentes y, sobre todo, muchísimo trabajo invisible que rara vez se cuenta en público.

A partir de conversaciones reales con creadores como el diseñador de moda madrileño Andi Cui, la británica Bianca Saunders, la canaria Paloma Suárez o el infografista y diseñador editorial Fernando Valiño, podemos reconstruir un mapa muy completo de cómo se vive el diseño desde dentro: qué habilidades exigen estas profesiones, qué papel tienen la moda y el diseño en la sociedad y qué sueños persiguen quienes se dedican a ello.

La pasión por el diseño: vocaciones que empiezan pronto

En muchas entrevistas se repite un patrón: la pasión por el diseño aparece mucho antes de estudiar una carrera. Andi Cui, por ejemplo, recuerda desde pequeño ir de compras con su madre, gran amante de la moda, y cómo esas salidas se convirtieron en su primer laboratorio visual; con el tiempo, una prima que ya estudiaba diseño de moda le ayudó a convencer a sus padres de que aquel interés podía convertirse en profesión.

En el caso de Paloma Suárez, el comienzo es igual de precoz pero con otro soporte: a los 12 años empezó a customizar zapatillas pintadas a mano en La Palma. Aquellas piezas artesanales fueron el germen de una trayectoria que la llevó, apenas cumplidos los 21, a presentar su primera colección en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid; desde entonces su nombre no ha dejado de sonar en pasarelas y medios internacionales.

También entre los diseñadores gráficos e infografistas hay biografías marcadas por la infancia. Fernando Valiño rememora que de niño ya se sentía atraído por el dibujo, el modelado y el juego con formas. Esa dimensión lúdica no la ha perdido: intenta mantenerla en sus proyectos personales porque está convencido de que esas experiencias, aparentemente ajenas a los encargos, terminan enriqueciendo su trabajo profesional.

Estas historias demuestran que, aunque la formación técnica es clave, la base de muchos diseñadores es una curiosidad temprana por las imágenes, los objetos y la ropa, unida al apoyo de figuras cercanas —familia, profesores o referentes locales— que les hacen ver que sí es posible ganarse la vida creando.

Un punto interesante es cómo influye el origen geográfico en estas vocaciones. Tanto Paloma Suárez como Manolo Blahnik, su gran referente, provienen de la isla de La Palma. Ella cuenta que fue su propio padre quien, cuando tenía unos 11 o 12 años, le habló de la trayectoria de Blahnik. Al descubrir que alguien de su misma tierra podía convertirse en uno de los zapateros más célebres del mundo, tomó la decisión de dedicarse seriamente al diseño de moda.

Formarse como diseñador: estudios, concursos y primeros pasos

Convertir una afición en una carrera implica casi siempre un proceso de formación reglada y aprendizaje continuo. En el caso de Andi Cui, su paso por la universidad ESNE fue determinante: no solo obtuvo los conocimientos técnicos, sino que la propia escuela le abrió puertas para presentar colecciones en ciudades tan diferentes como Moscú o Valencia.

Estas oportunidades llegaron en buena medida a través de concursos y pasarelas para estudiantes. Según cuenta, en ESNE les animaban constantemente a participar en certámenes nacionales e internacionales para ganar visibilidad real. Más allá de los desfiles, estas experiencias le ayudaron a entender cómo funciona la industria de la moda en otros países, a rozar otros mercados y a crecer como persona y como creador.

En el ámbito editorial, el camino de Valiño también comenzó en un entorno profesional exigente: la sección de gráficos de La Voz de Galicia. Allí se adentró en el mundo de la infografía periodística, un terreno que combina reporterismo, análisis de datos y diseño visual. Con los años, este perfil híbrido lo ha llevado a trabajar como freelance para medios tan relevantes como National Geographic, Science, Smithsonian Magazine, Corriere della Sera, Courrier International o la revista Mongolia.

Su trabajo ha sido reconocido con más de 30 Premios Malofiej, considerados los “Pulitzer” de la infografía. Estos galardones, lejos de ser una simple medalla, reflejan una trayectoria centrada en comunicar información compleja de forma clara, atractiva y rigurosa, siguiendo estándares periodísticos.

La experiencia de Bianca Saunders ilustra otro tipo de trayectoria. Diseñadora británica de moda masculina, ha logrado hacerse un hueco internacional con un enfoque que mezcla sastrería precisa, exploración del movimiento y reflexión sobre las masculinidades contemporáneas. Su participación en GucciFest 2020 y su proyección en plataformas digitales han sido claves para que su obra llegue a públicos globales sin depender únicamente de la pasarela tradicional.

charlas con diseñadores

Estilos, inspiraciones y procesos creativos en moda

Cada diseñador de moda desarrolla con el tiempo un lenguaje propio, una mezcla de siluetas, colores, tejidos e ideas que terminan siendo reconocibles. En el caso de Andi Cui, su sello se articula en torno a un estilo que él mismo define como urbano, contemporáneo y, sobre todo, práctico. Uno de sus recursos recurrentes es la superposición de capas y el uso del color blanco como tono fetiche.

Esta preferencia no surge de la nada: a Andi le gusta experimentar en su propia forma de vestir y trasladar esos juegos de volúmenes, capas y tonalidades a sus colecciones. En lugar de inspirarse en objetos concretos, prefiere partir de conceptos abstractos y estados emocionales. En la colección “Still”, presentada en Valencia, trabajó sobre el proceso creativo de un artista: las fases psicológicas que atraviesa desde la primera idea hasta el “parto” de la obra.

En esa colección, las texturas, los tejidos y la paleta eran esenciales para expresar los cambios de ánimo, las dudas, la euforia y el agotamiento que acompañan a la creación. La narrativa no se contaba con palabras, sino a través del tacto y del color; el cliente final podía interpretar la historia a su manera, completando el relato con su propia experiencia.

Las referencias de Andi incluyen nombres clave de la moda contemporánea como Rei Kawakubo y Yohji Yamamoto, maestros del volumen y el negro; Phoebe Philo, conocida por su elegancia minimalista; Raf Simons, The Row, Proenza Schouler y Alexander Wang. Esta mezcla de vanguardias conceptuales y diseño comercial le ayuda a buscar un equilibrio entre arte, funcionalidad y viabilidad de mercado.

Para Bianca Saunders, la palabra clave en su proceso es “performance”. Sus colecciones son performativas: exploran cómo se mueve el cuerpo, cómo se adapta la ropa a gestos cotidianos o exagerados, cómo un patrón aparentemente clásico puede transformarse cuando la persona camina, se sienta, se gira o baila. De hecho, muchas de sus propuestas se han presentado a través de películas o piezas audiovisuales en lugar de desfiles convencionales.

En su colección masculina otoño-invierno 2021/2022, titulada “Superimposed”, Bianca presentó un trabajo audiovisual realizado junto al fotógrafo y director Daniel Sannwald. La colección integra su sastrería pulida con referencias al polifacético artista Jean Cocteau, dando lugar a una investigación multidisciplinar sobre la masculinidad. Sus últimas tres colecciones han girado en torno al lenguaje corporal y su objetivo es que ese hilo conductor se mantenga a lo largo del tiempo.

Otro aspecto interesante de su obra es cómo integra sostenibilidad y archivo personal. En una de sus colaboraciones con la marca Wrangler, comenzaron con 400 gramos de tejido vaquero sin tratar; a partir de allí, lo tiñeron, lo estamparon y aprovecharon al máximo los retales sobrantes, incorporando también piezas de su propio archivo. La idea no era solo crear siluetas nuevas, sino demostrar que la reutilización inteligente puede generar prendas con una fuerte carga conceptual y estética.

Colecciones que cuentan historias: el caso de “Bloom”

Las colecciones de moda pueden ser algo más que propuestas estéticas: a menudo funcionan como relatos visuales cargados de memoria y emoción. Un ejemplo claro es “Bloom”, la colección más reciente de Paloma Suárez en el momento de la entrevista, concebida como homenaje a los habitantes de la isla de La Palma tras la larga erupción volcánica que afectó a la zona.

Paloma siguió con angustia esos 85 días de actividad volcánica, debatiéndose entre la fascinación por la fuerza de la naturaleza y el dolor por el drama humano de quienes lo perdieron todo. “Bloom” nace justo después, cuando la emergencia se da por finalizada, como un mensaje de luz y esperanza dirigido a sus paisanos y a todas las familias damnificadas.

A través de colores, líneas y texturas, la diseñadora recrea ese viaje emocional: desde el miedo y la incertidumbre hasta la resiliencia y las ganas de volver a empezar. El carácter canario, según explica, se basa precisamente en esa capacidad para resurgir, renacer y luchar sin renunciar a la sonrisa. Donde ahora hay ceniza, insiste, volverá a florecer.

Elegir una única prenda favorita dentro de la colección le resulta complicado, porque cada pieza representa un fragmento de ese relato. Aun así, confiesa que siente debilidad por una blazer negra de vinilo con detalles de tul cosidos a mano en gamas de rojo, naranja y amarillo. Esta chaqueta funciona casi como un resumen visual del volcán: el negro como ceniza y base, las llamas sugeridas a través del tul, el contraste entre dureza y fragilidad.

“Bloom” también destaca por sus colaboraciones con otras marcas y creadores. La firma de bolsos de artesanía contemporánea Secret Loom, liderada por Carmen Bonet, desarrolló una colección cápsula específica inspirada en el universo de fantasía de Paloma y en el mar Mediterráneo. Se trata de piezas que lanzan un canto a la esperanza y a la reinvención a través de volúmenes, materiales y colores.

En el terreno de la joyería, la diseñadora y perito en gemas Lisi Fracchia creó una línea de pendientes transformables, sortijas y brazaletes en plata 925 y oro de 28K con gemas multicolores. El concepto de transformación y adaptación se refuerza así también en los accesorios, que ofrecen varias posibilidades de uso. Completa el conjunto la participación de firmas de calzado español como Scandal 54, Mimicci y Marquissio, demostrando que la moda es un trabajo coral donde intervienen muchos oficios.

Qué habilidades necesita un buen diseñador o ilustrador

Una constante en las entrevistas es la insistencia en que ser diseñador hoy implica mucho más que saber dibujar bien o tener “buen gusto”. Para Paloma Suárez, un buen diseñador de moda debe tener una visión global y actual de la sociedad, interesarse por la cultura en sentido amplio y construir una identidad propia reconocible.

Esto se traduce en controlar o, al menos, entender todos los elementos que rodean a una firma: música de los desfiles, localizaciones de las campañas, textos, fotografía, elección de modelos, iluminación, relación con clientes y con la prensa… Aunque muchos de estos aspectos se deleguen en equipos especializados, el director creativo tiene que supervisar cada punto para asegurarse de que el mensaje que llega al público es coherente con el universo de la marca.

Desde el lado del diseño editorial y la ilustración, Valiño subraya la capacidad para interpretar y estructurar contenidos ajenos. Diseñadores e ilustradores trabajan casi siempre con información que viene de otras personas: redactores, departamentos de documentación, fuentes expertas… Por tanto, comprender bien los datos, ordenarlos y presentarlos de forma accesible es esencial.

En su caso, el diseño editorial tiene como objetivo prioritario comunicar. Eso no significa renunciar a la estética, pero sí entender que la función viene antes que la forma. El diseño debe ser utilitario y servir a unos fines concretos: facilitar la lectura, emocionar, explicar un fenómeno, acompañar una narrativa periodística. Para él, el ingenio y la capacidad de síntesis son atributos básicos: destilar lo esencial y comunicarlo visualmente de manera clara y atractiva.

Otro requisito que destaca es la profesionalización del sector. El diseño requiere mucha reflexión y mucho trabajo invisible previo a cualquier boceto formal. Sin buenas condiciones de trabajo, tiempos adecuados y contratos claros, es difícil que la disciplina alcance todo su potencial. En este sentido, Valiño señala que en España aún falta recorrido en comparación con otros países donde la formalización de proyectos por contrato es la norma y no la excepción.

La curiosidad también aparece como rasgo imprescindible. Un infografista, por ejemplo, no puede saber de todo, pero sí ha de tener una curiosidad infinita y una fuerte vocación por aclarar la información y guiar al lector. Eso implica apoyarse en expertos, verificar datos y citar las fuentes de manera transparente, algo que él considera condición básica para confiar en una infografía periodística.

Diseño, información y cultura visual

Las entrevistas ponen de manifiesto que el diseño, en sus diferentes ramas, no es un simple adorno sino una herramienta de comunicación y cultura. En el campo editorial, la infografía se define como una disciplina híbrida que combina cartografía, ilustración, estadística, reporterismo, fotografía y diseño para contar historias visualmente.

Una buena infografía periodística puede ser desde un sencillo gráfico de datos hasta una narrativa de doble página o un largo scroll digital que acompaña al lector a través de un tema complejo. A veces sirve como apoyo a otras piezas informativas; en otras ocasiones, se convierte en una pieza autónoma con sentido propio. En todos los casos, su valor depende tanto de la calidad de la información como de la claridad visual.

Vigilar las fuentes citadas, el medio que publica el gráfico y el lenguaje empleado ayuda a distinguir un trabajo solvente de un simple artefacto estético. Para Valiño, hay espacio para el humor y la ligereza, pero siempre con la condición de no engañar a la audiencia y respetar las premisas periodísticas: veracidad, contexto y rigor.

En una época marcada por la sobrecarga informativa (o, como él matiza, por la sobrecarga de mala información), la visualización de datos se convierte en una herramienta clave para ordenar el caos: permite clarificar, proporcionar contexto y hacer comprensible lo que, de otro modo, resultaría abrumador. Esto es especialmente destacable en la era del big data, en la que los volúmenes de datos crecen sin parar.

Más allá del periodismo, Valiño considera que el diseño en sí mismo es cultura. La manera en que nos comunicamos, los objetos que producimos, la señalética de una ciudad, la maquetación de un libro o el cartel de un festival forman parte de nuestra identidad colectiva. Al mismo tiempo, el diseño bebe del arte: muchas de las reflexiones de Kandinsky sobre el arte abstracto, por ejemplo, se han convertido en pilares de la enseñanza del diseño gráfico.

También defiende que aprender a manejar imágenes es casi tan importante como aprender a escribir. Está demostrado que lo visual tiene un papel esencial en el aprendizaje: los estudiantes recuerdan mejor la información vista que la escuchada. Sin embargo, la alfabetización visual aún no está tan incorporada en la educación como debería, pese a que a diario nos comunicamos con imágenes, desde cómo nos vestimos hasta cómo presentamos una idea en una diapositiva.

Relación con el cliente, riesgo creativo y ética profesional

Otra dimensión poco visible del trabajo de los diseñadores tiene que ver con la relación con clientes, editores o directores de arte. Valiño comenta que, cuando un cliente dice “no me gusta”, el diseñador tiene la obligación de argumentar con claridad las razones detrás de sus decisiones formales y conceptuales.

No se trata de imponer una visión, sino de explicar por qué una estructura, una paleta o un tipo de gráfico responden a unos objetivos concretos. Esta capacidad de justificar el trabajo demuestra que no se basa en ocurrencias arbitrarias, sino en un proceso pensado. Obviamente, eso no evita las revisiones y cambios, pero sí genera una conversación más profesional y menos subjetiva.

Sobre la llamada “libertad creativa”, sostiene que muchas de las soluciones más interesantes surgen precisamente de las restricciones, ya sean impuestas por el proyecto o autoimpuestas por el propio creador. Cuando todo es posible, resulta difícil saber por dónde empezar; los límites ayudan a enfocar la búsqueda. El reto del ilustrador, por ejemplo, es encontrar el ángulo más estimulante dentro de un encargo concreto, codificarlo en una imagen y hacer que funcione dentro de un contexto editorial determinado.

También reconoce que equivocarse forma parte del camino. Ha sentido miedo al publicar alguna imagen y se ha arrepentido de ciertos trabajos, pero cree que es fundamental asumir riesgos y tratar de ir un poco más allá. Esa actitud audaz es lo que permite que una sociedad se mantenga viva y en evolución, y también lo que hace que un diseñador siga creciendo en lo profesional y en lo personal.

Al mismo tiempo, aboga por no subestimar al público. Le incomoda que se confunda “hacer claro” con “bajar el nivel” o tratar al lector como si fuera incapaz de entender ciertos matices. Para él, la clave está en clarificar sin simplificar en exceso, respetando la inteligencia de quien está al otro lado y ofreciéndole herramientas para que pueda interpretar la información con criterio.

En cuanto a la imagen como herramienta emocional, sostiene que no solo el diseñador la utiliza: todas las personas nos expresamos visualmente, desde nuestra ropa hasta nuestros gestos. Por eso insiste en que deberíamos aprender a defendernos mejor en el terreno visual, del mismo modo que se enseña a hablar en público o a manejar otros idiomas.

Moda, sociedad y sueños profesionales

En el ámbito de la moda, las entrevistas revelan un consenso sobre el papel social de la vestimenta. Paloma Suárez recuerda que lo primero que hacemos cada día es vestirnos, y lo hacemos según las circunstancias: con quién vamos a estar, dónde, cómo nos sentimos. Estas decisiones individuales, repetidas a gran escala, terminan dando forma a tendencias, paletas cromáticas, líneas y códigos compartidos.

La moda, explica, responde de manera muy directa a lo que sucede a nivel social, político y económico. Lo vemos tanto en la historia —desde las restricciones de tejido en tiempos de guerra hasta las liberaciones de silueta en momentos de cambio— como en la actualidad. Del mismo modo, las grandes casas de moda interpretan cada época a través de sus colecciones, convirtiéndose en barómetros visuales de la sociedad.

Sobre la moda española, Andi Cui opina que en el país hay muchísimo talento, pero no siempre está bien aprovechado o visibilizado. Para él, el reto está en mejorar la estructura del sector, crear más plataformas de difusión y fortalecer la industria para que diseñadores jóvenes puedan construir marcas sostenibles sin sentirse obligados a emigrar de forma permanente.

En su propio caso, aunque le gustaría seguir formándose en el extranjero si surge la oportunidad, tiene claro que quiere desarrollar su marca en Madrid. Sueña con poder vivir de lo que hace y, sobre todo, con cruzarse un día con alguien por la calle llevando una prenda diseñada por él. Ese momento cotidiano, casi anónimo, sería la confirmación de que su trabajo ha encontrado un lugar real en la vida de la gente.

Paloma, por su parte, reconoce que ya ha alcanzado metas que jamás imaginó tan pronto —como desfilar en grandes pasarelas o consolidar su firma a nivel internacional—, pero siente que aún le quedan muchísimos sueños por cumplir. Trabaja intensamente para seguir expandiendo su marca desde Londres, cuidar al máximo la imagen, mimar el producto y ofrecer el mejor servicio posible a sus clientes.

Su mayor aspiración es que el proyecto crezca de manera sólida y perdure en el tiempo, manteniendo siempre la esencia que lo diferencia. En ese camino, considera fundamental seguir conectada con sus raíces isleñas, su entorno y las historias humanas que la inspiran, como ocurrió con la erupción de La Palma y la colección “Bloom”.

Entre tanto, el día a día de estos diseñadores incluye también gustos personales y manías de armario. Andi confiesa que no puede vivir sin chaquetas con bolsillos y que ahora mismo anda en busca de unos pantalones anchos que no lleguen a ser baggy, una muestra de cómo las propias necesidades personales acaban filtrándose en la estética de sus colecciones.

En el terreno de los referentes y deseos, no faltan las fantasías: Andi menciona a Emma Watson, Jolin Tsai, Lupita Nyong’o o las Girls’ Generation como algunas de las celebridades a las que le encantaría vestir algún día, un objetivo que mezcla admiración cultural, estrategia de visibilidad y puro juego imaginativo.

Tomadas en conjunto, estas entrevistas dibujan un panorama en el que la moda, el diseño gráfico y la infografía funcionan como lenguajes complementarios con los que contamos quiénes somos, qué nos preocupa y qué futuro queremos construir. Desde un blazer que honra a una isla cubierta de ceniza hasta un gráfico que explica un fenómeno científico, cada proyecto es un trozo de conversación entre el creador y la sociedad, sostenido por una mezcla de pasión, rigor, curiosidad y ganas de seguir probando cosas nuevas.

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