El primer Ferrari 100% eléctrico ya tiene nombre y carácter propio: se llama Luce y llega con una carta de presentación muy particular. Más allá de los números de potencia, la gran novedad está en el habitáculo, desarrollado en una colaboración estrecha con Jony Ive y su estudio LoveFrom, conocido por algunos de los productos más influyentes de Apple.
Con este modelo, Ferrari intenta abrir una etapa nueva en plena transición a la electrificación sin renunciar a su identidad. El Luce busca atraer a clientes que valoran la tecnología y el diseño, pero sin convertir el interior en una tablet con ruedas: aquí mandan los controles físicos, la tactilidad y la sensación mecánica, un enfoque poco habitual en los coches eléctricos actuales.
Un Ferrari eléctrico con ADN clásico y mente tecnológica
El Ferrari Luce se presenta como un deportivo de cuatro plazas y cuatro puertas que inaugura la etapa eléctrica de Maranello. Durante años se le conoció internamente como «Elettrica», pero la firma ha optado por el nombre definitivo Luce, que en italiano significa luz y que pretende simbolizar diseño de la forma y la luz, innovación y la nueva energía que impulsa al coche.
Este modelo no está pensado como el buque insignia tradicional, sino como un punto de inflexión en la gama: debe atraer a una clientela nueva, menos obsesionada con el rugido del V12 y más interesada en la experiencia de uso, la interfaz y el enfoque sostenible, sin perder el componente emocional que se espera de un Ferrari.
La marca ha confirmado que el diseño exterior definitivo se reservará para mayo, cuando se celebre la presentación oficial. Hasta entonces, la estrategia pasa por mostrar el interior y la filosofía de diseño, dejando el aspecto de la carrocería en un segundo plano para mantener la expectación.
Para este primer paso hacia la electrificación total, Ferrari ha buscado diferenciarse de la mayoría de fabricantes de coches eléctricos, sobre todo de los que saturan el salpicadero con grandes pantallas táctiles. La idea que ha guiado al proyecto es clara: un coche no es el lugar más adecuado para obligar al conductor a mirar una pantalla constantemente.
De ahí que la compañía italiana haya confiado parte del diseño a LoveFrom, el estudio de Jony Ive y Marc Newson, con el que lleva trabajando alrededor de cinco años en todas las dimensiones del proyecto: desde materiales y ergonomía hasta interfaz y experiencia de usuario.

Prestaciones: más de 1.000 CV y más de 530 km de autonomía
Aunque el protagonismo mediático lo acapara el interior, las cifras técnicas del Ferrari Luce lo colocan entre los hiperdeportivos eléctricos más extremos del mercado europeo. Bajo el suelo se esconde una batería específica de 122 kWh, con densidad energética de unos 195 Wh/kg y un sistema eléctrico de hasta 880 V, compatible con cargas rápidas de hasta 350 kW.
Esta batería alimenta cuatro motores síncronos de imanes permanentes, dispuestos para ofrecer tracción integral pero con capacidad de desacoplar el eje delantero y funcionar como propulsión trasera cuando conviene. En modo de máxima entrega, el sistema promete más de 1.000 caballos de potencia y un par máximo en las ruedas que ronda los 3.500 Nm en plena aceleración.
Con semejante conjunto, Ferrari anuncia una aceleración de 0 a 100 km/h en apenas 2,5 segundos y una velocidad máxima de 310 km/h. La autonomía prevista, según ciclo WLTP, supera los 530 kilómetros con una sola carga, una cifra competitiva para un hiperdeportivo con este nivel de prestaciones.
El sistema de propulsión se complementa con múltiples modos de conducción gestionados a través del clásico manettino, reinterpretado para el entorno eléctrico: configuraciones para lluvia, superficies deslizantes, uso diario o conducción más radical, además de la posibilidad de ajustar la intensidad del freno regenerativo desde el propio volante.
Aunque la marca no ha detallado todavía precio ni número de unidades, en Europa se da por hecho que el Luce se situará en la franja más alta del mercado, muy por encima de modelos como el Roma, que ya ronda los 220.000 euros. La producción será limitada y orientada a clientes habituales de Ferrari y coleccionistas.

Un interior firmado por Jony Ive: lujo táctil frente a pantalla omnipresente
Donde el Ferrari Luce realmente se desmarca es en el diseño interior y la filosofía de interacción. Jony Ive ha explicado en varias entrevistas que, aunque fue uno de los grandes impulsores de las pantallas táctiles en los móviles, nunca habría planteado esa tecnología como interfaz principal en un coche, porque obliga a apartar la mirada de la carretera.
El resultado de esta reflexión es un habitáculo en el que los mandos analógicos recuperan protagonismo, sin renunciar a displays de alta resolución allí donde aportan información útil. El objetivo ha sido que casi todas las funciones esenciales se puedan accionar “al tacto”, sin necesidad de mirar, para reducir distracciones y mejorar la seguridad.
Ferrari explica que el diseño del Luce se articula en torno a la interacción: hardware e interfaz se han desarrollado a la vez para que todo tenga una coherencia visual y funcional. Los botones, palancas y ruedas selectores se han diseñado con texturas y sombreado PBR, de modo que el conductor pueda identificarlos con los dedos mientras conduce.
En lugar de un salpicadero dominado por una única pantalla continua, el Luce organiza el puesto de conducción en cuatro grandes elementos: el volante, un sistema de botones físicos integrado alrededor de él, una pantalla principal de tipo tablet en la consola central y una segunda pantalla trasera que actúa como visor auxiliar.
Este planteamiento encaja con una tendencia que empieza a verse en algunos fabricantes europeos, que vuelven a introducir mandos físicos tras años apostando por superficies táctiles para casi todo. En el caso del Ferrari Luce, el giro es más radical, porque el interior está construido casi como una pieza de artesanía tecnológica.

Volante de inspiración clásica y controles pensados para el tacto
El volante del Ferrari Luce es uno de los componentes más llamativos del interior. Su forma recuerda a los Nardi de madera de tres radios que equipaban los Ferrari de los años 50 y 60, pero está realizado en aluminio 100 % reciclado con una aleación específica para este modelo, y revestido de cuero.
La columna central está mecanizada a partir de un bloque sólido de aluminio y el conjunto del aro y los radios se ha optimizado para ahorrar alrededor de 400 gramos respecto a un volante convencional de un superdeportivo moderno, sin comprometer rigidez ni seguridad. A pesar de ese enfoque ligero, integra todos los elementos actuales obligatorios: airbag, mandos del manettino, intermitentes y controles de ayuda a la conducción.
Detrás del volante aparecen dos grandes levas metálicas, diseñadas para ofrecer un clic frío y muy definido cada vez que se accionan. En este coche sin caja de cambios tradicional, las levas se utilizan para gestionar el reparto de par y el nivel de frenada regenerativa, además de interactuar con ciertas funciones de conducción más dinámica.
En la parte superior del aro se distribuyen controles físicos dedicados a elementos clave como el modo de salida rápida (Launch Mode), el control de luces exteriores o el desempañador. En algunos casos, estos pulsadores se apoyan en pequeñas lentes que amplían secciones de paneles OLED, de forma que el conductor ve la indicación agrandada mientras el dedo siente el borde del cristal y la textura del botón.
En conjunto, el volante se ha pensado para que el conductor pueda controlar casi todo sin retirar las manos, con una mezcla de sensaciones que intenta recordar a los Ferrari clásicos, pero pasando por el filtro minimalista habitual de Ive.
Instrumentación híbrida: agujas reales, pantallas OLED y cristal anti reflejos
Tras el volante se sitúa un cuadro de instrumentos muy poco convencional, desarrollado junto a Samsung y Corning. En lugar de una única pantalla curva, el sistema se compone de tres módulos circulares que combinan elementos analógicos y digitales, protegidos por lentes de cristal a medida.
El indicador central, de más de 30 cm de diámetro, muestra el velocímetro y el estado de carga de la batería, con una aguja mecánica accionada por engranajes sobre un fondo OLED que se adapta según el modo de conducción. A ambos lados, dos esferas algo más pequeñas recogen, por ejemplo, información sobre salida de potencia, nivel de regeneración, fuerza G, presión de neumáticos o temperatura de la batería.
Cada uno de estos módulos recurre a páneles OLED de alta densidad fabricados por Samsung, con varias capas de procesamiento y retroiluminación. El cristal que los cubre lo suministra Corning, que ha desarrollado una formulación capaz de eliminar hasta el 99 % de los reflejos, algo clave para la visibilidad en condiciones de sol directo, muy habituales en países como España o Italia.
La idea no es ofrecer un festival gráfico, sino un conjunto que recuerde a los cuadros de instrumentos de los Ferrari de posguerra, pero capaz de mostrar datos complejos con la legibilidad de un sistema digital. Las agujas físicas se mueven con gran precisión y se integran con animaciones suaves sobre los fondos OLED.
Además de este cuadro principal, el Luce incorpora otras pantallas secundarias que se adaptan al uso: una para el acompañante, otra ubicada en la parte trasera como simple visor y pequeños displays integrados en mandos o relojes analógicos reinterpretados.
Pantalla central «a lo iPad» que no quiere robar el protagonismo
En el centro del salpicadero aparece la pantalla principal de infoentretenimiento, montada sobre una articulación esférica que permite orientarla hacia el conductor o hacia el copiloto mediante una gran asa en la parte inferior. Esta pieza funciona tanto como elemento ergonómico como referencia física para apoyar la mano al manejar la interfaz.
La pantalla, de formato similar a una tablet tipo iPad, concentra funciones como navegación, climatización, acceso a mapas, música y ajustes del vehículo. Sin embargo, Ive y Ferrari han evitado que lo controle absolutamente todo: buena parte de las tareas cotidianas siguen teniendo atajos físicos repartidos por la consola y el tablero.
Un detalle muy particular es la presencia de un reloj analógico “incrustado” en una esquina de la propia pantalla. Técnicamente, se trata de una zona recortada del panel OLED en la que se ha integrado una esfera física protegida por cristal, capaz de cambiar de función. Mediante dos pequeños botones situados encima, el conductor puede alternar entre reloj tradicional, cronógrafo o brújula, con animaciones de aguja extremadamente fluidas.
Para conseguir esta solución, Ferrari tuvo que convencer a los ingenieros de Samsung, que inicialmente consideraban impracticable cortar un círculo en la superficie de una pantalla y mantener rendimiento y durabilidad. Tras varios meses de trabajo conjunto se desarrolló una nueva variante de vidrio, conocida como Fusion 5, que permite integrar la pieza analógica sin comprometer el comportamiento del panel.
Alrededor de la pantalla central se sitúan interruptores tipo avión para el sistema de climatización, mandos giratorios de volumen en cristal y otros controles que atraviesan literalmente el área de la pantalla, de manera que el usuario siempre tenga una referencia táctil y no dependa tanto de la superficie táctil.
Consola central, Gorilla Glass y una llave que forma parte del ritual
La consola central reúne buena parte de los elementos que resumen la filosofía del Ferrari Luce: vidrio trabajado como pieza de joyería, mecanismos muy precisos y una cuidada puesta en escena cada vez que se arranca el coche.
El protagonista es una palanca de cambios en forma de L invertida, compacta y relativamente ligera, realizada con un bloque de vidrio Gorilla Glass desarrollado por Corning. El material se endurece mediante un baño de sales a alta temperatura y se perfora con alrededor de 13.000 microorificios láser, que permiten crear una textura propia y dejar pasar una iluminación interior muy sutil.
Alrededor de esta pieza se disponen botones de alta precisión y portavasos rígidos que ofrecen una sensación mecánica casi de relojería cuando se accionan. Incluso mandos secundarios como los controles de las ventanillas se han diseñado para recordar al tacto de antiguos botones físicos de los primeros iPhone, con un recorrido corto pero muy claro.
En la parte frontal de la consola se encuentra el hueco destinado a la llave, uno de los objetos más peculiares del conjunto. En lugar de una tarjeta o un mando convencional, Ferrari ha optado por un prisma minimalista con el cavallino sobre fondo amarillo que, en algunas versiones, puede incorporar una pequeña pantalla de tinta electrónica.
Al introducir la llave en su alojamiento, el coche inicia una secuencia de luces e iluminación interior pensada para acompañar al encendido del sistema. En ciertas configuraciones, el característico amarillo parece trasladarse visualmente a la zona de la palanca de cristal, creando un efecto de «transferencia de energía» que Ive ha descrito como un pequeño gesto simbólico.
Además de estos elementos, la consola integra un compartimento específico para pequeños objetos y una zona de control más elevada, cerca del espejo interior, que funciona casi como un panel de cabina de avión: allí se agrupan mandos relacionados con el Launch Mode, iluminación y otras funciones auxiliares.
Filosofía de diseño: innovación sin perder la herencia Ferrari
Detrás del interior del Ferrari Luce hay algo más que una suma de materiales nobles y pantallas. La propia marca afirma que este coche pretende ser una expresión deliberada de cómo ve su futuro: la electrificación vista no como un fin en sí mismo, sino como un camino en el que diseño, ingeniería e imaginación tienen que ir de la mano.
El trabajo de LoveFrom y el Centro de Estilo de Ferrari se ha centrado en fusionar innovación con artesanía en el diseño industrial contemporáneo. Cada pieza del interior se ha replanteado desde cero, pero respetando las intenciones originales de los diseñadores de Maranello, que suelen ser muy celosos a la hora de ceder control creativo a agentes externos.
Flavio Manzoni, responsable de diseño de Ferrari, ha insistido en que la originalidad del Luce debía ser incuestionable, evitando soluciones estándar que pudieran recordar a otros eléctricos del mercado. Ive, por su parte, ha aportado su experiencia en hacer que la tecnología avanzada resulte familiar, algo que ya se vio en productos como el primer iMac o el iPhone.
En lugar de convertir el habitáculo en un escaparate de funciones, la meta ha sido crear un entorno simple, racional y calmado, que invite a concentrarse en la conducción. Los materiales se presentan en lo que Ferrari describe como su «forma más noble»: aluminio anodizado cuidadosamente trabajado, cristal moldeado a medida, cuero y tejidos seleccionados para soportar el paso del tiempo.
La propia tipografía utilizada en la interfaz digital ha sido diseñada ex profeso, inspirándose en letras históricas de Ferrari y gráficos propios de la ingeniería italiana, con referencias al mundo de la aviación, especialmente a la instrumentación de helicópteros y aviones.
Impacto en el mercado europeo y en la transición eléctrica
El lanzamiento del Ferrari Luce se produce en un momento clave para la industria automovilística en Europa, marcada por objetivos de emisiones cada vez más estrictos y por la fecha de 2035, a partir de la cual no se podrán vender en la UE turismos nuevos con motor de combustión pura.
Ferrari ya había dado pasos previos con modelos híbridos como el SF90 Stradale o el 296 GTB, pero el Luce es el primer coche de la marca que prescinde totalmente del motor térmico. La apuesta es arriesgada en un segmento dominado por el valor emocional del sonido y la mecánica clásica, pero permite a la firma posicionarse en la parte alta del mercado eléctrico de lujo.
En términos de competencia, el Luce se medirá a propuestas como Rimac Nevera, Lotus Evija o los futuros eléctricos de Porsche, además de a una nueva generación de deportivos de fabricantes chinos que están empujando fuerte en potencia y tecnología. Ferrari confía en diferenciarse mediante exclusividad, experiencia de conducción y diseño interior, más que por cifras absolutas.
En países europeos donde el coche eléctrico está creciendo con fuerza, como Noruega, Países Bajos, Alemania o el propio mercado español, el Luce será más un escaparate tecnológico y de imagen que un modelo de volumen. Sin embargo, puede marcar el camino para futuros Ferrari electrificados que sí tengan un papel más amplio en la gama.
Para los clientes europeos tradicionales de Ferrari, la gran incógnita será comprobar si este nuevo enfoque consigue conservar la sensación de coche especial, aun sin el sonido de un V8 o un V12. Ahí entrarán en juego tanto la puesta a punto dinámica como todos esos detalles táctiles que Jony Ive ha querido potenciar en el interior.
En conjunto, el Ferrari Luce se perfila como uno de los proyectos más singulares de la marca en décadas: su primer deportivo 100% eléctrico, con una estética interior marcada por la mano de Jony Ive, cifras cercanas o superiores a los 1.000 CV y una autonomía competitiva, pero sobre todo con una apuesta clara por devolver protagonismo a los mandos físicos en plena era de la pantalla táctil. Si Ferrari logra que esa combinación de tradición, tecnología y diseño funcione en carretera, el Luce puede convertirse en una referencia para la electrificación deportiva en Europa.