
La ciudad de Tandil, en plena sierra bonaerense, lleva años convirtiendo la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico en un punto de encuentro obligado para amantes de la lectura, coleccionistas de música y personas vinculadas al mundo del arte visual. Lo que empezó como una feria alternativa se ha transformado en un clásico de la agenda cultural local, con ediciones que se repiten, crecen y van cambiando de escenario, pero mantienen intacto su espíritu comunitario.
En distintas fechas recientes, la propuesta se ha instalado tanto en espacios culturales como en la propia estación de trenes y en clubes de barrio, con feriantes, música en vivo, serigrafía y actividades para peques. Siempre con entrada libre y gratuita, el formato busca que cualquiera pueda acercarse, curiosear entre cajas de libros, revisar bateas de vinilos y descubrir proyectos de diseño gráfico e ilustración sin que el bolsillo sea un obstáculo.
Un evento que mezcla libros usados, música y diseño
En la programación más reciente, la fiesta se presenta como un gran mercado cultural en el que conviven libros de segunda mano y de colección, discos de vinilo, fanzines y piezas de diseño independiente. Vendedores y editoriales pequeñas se reparten los metros de feria ofreciendo novelas descatalogadas, cómics, poesía, ensayos, rarezas musicales y ediciones gráficas hechas a mano.
La estructura del encuentro suele combinar puestos de venta y espacios de exhibición con propuestas performativas. En ediciones anteriores, por ejemplo, se sumaron muestras fotográficas vinculadas a caminatas culturales por la ciudad, lo que refuerza el cruce entre patrimonio local y producción contemporánea. La idea no es solo comprar, sino conversar, hojear y compartir recomendaciones entre desconocidos que terminan hablando de sus autores, bandas y diseñadores favoritos.
Las distintas entregas de la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico han ido consolidando una red de feriantes habituales que regresan una y otra vez, a la vez que se abren huecos para proyectos nuevos que quieren probarse en un entorno cercano. Esto genera una mezcla interesante: hay quienes van a la caza de una primera edición casi imposible de conseguir y quienes simplemente buscan un libro barato para leer en el parque o un vinilo para estrenar tocadiscos.
El ámbito visual también tiene su protagonismo: ilustradores, diseñadores y artistas gráficos llevan prints, afiches, postales y pequeños objetos, sumando color y experimentación visual a un entorno dominado por el papel y el vinilo. Para muchos, la feria funciona como una vidriera accesible donde mostrar su trabajo sin las formalidades de una galería.
De clubes y calles a la estación de trenes
A lo largo del tiempo, la fiesta ha ido ocupando diferentes sedes, lo que le ha permitido adaptarse a públicos y climas distintos. Una de las ediciones más recientes tuvo lugar en el Club de la Quimera, en la calle 4 de Abril, donde se celebró la 16ª edición de la cita, con la feria desbordando hacia la calle y la advertencia habitual: si llueve, la actividad se suspende. Esa condición climática forma parte de la lógica de los eventos al aire libre, pero no ha frenado el entusiasmo ni la afluencia.
En otra oportunidad, el encuentro se mudó a la Estación de Trenes de Tandil, sobre la calle Machado, donde se programó la 7ª Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico en horario vespertino, de 17 a 21 horas. El entorno ferroviario, con andenes, galpones y amplio espacio al aire libre, ofreció un marco singular para recorrer los puestos mientras caía la tarde, escuchar música y ver cómo familias enteras se apropiaban del lugar.
La estación no solo aportó una estética particular, sino que permitió montar propuestas complementarias, como un espacio infantil llamado “Al aire libro”, pensado para que las criaturas tuviesen su rincón de lectura y juego, y una cantina gestionada por productores locales de cerveza artesanal. Ese cruce entre cultura, gastronomía y ocio relajado ha resultado una de las claves del atractivo del evento.
En paralelo, otra edición de la fiesta se incorporó a la agenda de actividades de un fin de semana repleto de propuestas, compartiendo cartel con festivales de rock, peñas y ciclos de cine. En esa ocasión, el encuentro se ubicó también en la zona de la estación de trenes, confirmando que el barrio de la Estación se ha convertido en uno de los núcleos culturales más activos de Tandil.
Programación: charlas, música y serigrafía en vivo
La Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico no se limita a la compraventa. En la 7ª edición celebrada en la estación de trenes, la tarde arrancó con una charla abierta sobre el Libro del Centenario del Club Ferrocarril Sud, con la presencia de su autor, Hugo Mengascini. Esta actividad sumó una dimensión histórica y deportiva, vinculando el libro a la memoria de uno de los clubes emblemáticos de la ciudad.
En el mismo marco, se expusieron las fotografías ganadoras de la Caminata Cultural, una actividad que recorre espacios relevantes de Tandil y que, a su vez, alimenta el archivo visual de la ciudad. Las imágenes, instaladas entre puestos y mesas, dialogaron con los libros y discos, reforzando la idea de que la cultura local se construye a varias manos y soportes.
Uno de los momentos más llamativos para el público fue la serigrafía en vivo a cargo de David Potenzo. El artista se encargó de realizar estampas gratuitas en prendas que llevaban consigo las personas asistentes. El mecanismo era sencillo: quien quisiera, acercaba una camiseta o bolsa de tela y se llevaba a casa una pieza intervenida en el momento. Esta dinámica permitió acercar técnicas de impresión a quienes nunca habían visto una serigrafía de cerca.
La música tuvo también su lugar central. En aquella jornada en la estación, la tarde avanzó hacia un cierre con el show de “Nelson Castro y sus demonios”, acompañado por sesiones de la Academia X de DJ, que aportó electrónica y mezclas pensadas para mantener el ambiente animado sin tapar las conversaciones de feria. El sonido, lejos de ser protagonista absoluto, funcionó como telón de fondo compartido.
Más allá de esta edición puntual, la fiesta suele rodearse de otros ciclos musicales que, aunque no formen parte directa del programa de la feria, sí integran la misma atmósfera. Propuestas como talleres de DJ, encuentros de vinilos en bares o sesiones dedicadas a discos clásicos alimentan la idea de que el vinilo vuelve a ocupar un lugar social, no solo como objeto de colección, sino como excusa para reunirse a escuchar.
Ediciones que se encadenan en la agenda cultural
La continuidad de la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico se percibe en cómo aparece una y otra vez en las agendas culturales de Tandil. En un fin de semana de marzo, por ejemplo, se programó la 16ª edición en el Club de la Quimera, de 17 a 21 horas, con la calle tomada por puestos y la consigna de siempre: entrada gratuita, abierta a toda la comunidad. En ese mismo tramo de días, la ciudad ofrecía cine de autor, teatro independiente, ferias urbanas y un sinfín de recitales.
En otra semana distinta, ya en abril, la fiesta volvió a hacerse presente, esta vez identificada como 15ª edición y ubicada en la Estación de trenes (Machado 1100), en horario de tarde. El formato fue similar: feriantes de libros usados y de colección, puestos centrados en vinilos, stands de diseño gráfico e ilustración y un ambiente distendido al aire libre. Se insistió de nuevo en que el objetivo principal era generar un espacio agradable para pasear, descubrir “joyitas” culturales y compartir una tarde creativa.
La reiteración de la feria con numeración de ediciones (7ª, 15ª, 16ª, 17ª…) evidencia que se trata de un proyecto sostenido en el tiempo, más que de una actividad aislada. Cada nueva entrega suma detalles, invitados y actividades, pero mantiene rasgos claros: accesibilidad económica, mezcla de disciplinas y fuerte protagonismo de los actores culturales locales.
Incluso en jornadas donde la ciudad se reparte entre festivales de rock, muestras de artes visuales, teatro de texto y humor, la fiesta logra hacerse un hueco propio. Para quienes visitan Tandil desde otros puntos de Argentina, toparse con este encuentro es una manera rápida de asomarse a lo que se mueve en el circuito independiente local: qué se escribe, qué se escucha, qué se diseña.
En la planificación municipal y de los colectivos culturales, la fiesta suele ubicarse en fines de semana donde se busca reforzar la presencia de actividades al aire libre, ya sea en plazas, patios culturales o jardines. De este modo, la experiencia de la feria se enmarca en un fin de semana completo donde se puede empezar con lecturas silenciosas en los jardines del Palacio Municipal, seguir por una feria de emprendedores y terminar entre bateas de vinilos y mesas llenas de libros.
Un clásico abierto a toda la comunidad
Uno de los rasgos más valorados por quienes participan es que la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico se sostiene como una actividad abierta, sin barreras de acceso. La entrada libre y gratuita no es una frase de compromiso: se repite en cada gacetilla y convocatoria y se respeta en todas las sedes, ya sean clubes, centros culturales o la estación ferroviaria.
Este carácter abierto favorece la presencia de familias, estudiantes, jubilados y público ocasional que quizá no se acercaría a una feria especializada si tuviera un coste elevado o un entorno demasiado cerrado. La mezcla de generaciones es fácil de ver: personas mayores revisando libros de historia junto a adolescentes que rebuscan entre discos, niñas hojeando cuentos en el espacio infantil y diseñadores jóvenes charlando sobre tipografías y técnicas de impresión.
Además, el formato de feria invita a permanecer un buen rato, más allá de la compra puntual. Entre puesto y puesto, la gente se queda tomando algo en la cantina, escuchando la banda o el DJ de turno, o simplemente sentada en el cordón de la vereda hojeando lo que acaba de encontrar. Esa posibilidad de estar sin prisa se ha convertido en una de las señas de identidad del encuentro.
Para quienes ferian, la fiesta representa una oportunidad de testear catálogos y precios, escuchar de primera mano lo que pide la gente, detectar qué autores o géneros despiertan más interés y, sobre todo, crear vínculos duraderos con lectoras, oyentes y coleccionistas. No es extraño que una persona que compró un libro en una edición vuelva a la siguiente a buscar al mismo puesto.
También las instituciones culturales de la ciudad encuentran en la fiesta una plataforma ideal para difundir otras actividades. La mención a caminatas culturales, planes municipales de lectura o ciclos de cine en bibliotecas suele aparecer en los mismos canales de difusión, lo que permite articular una red cultural amplia que va más allá de un solo evento.
Proyección y conexión con otras escenas culturales
Aunque la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico está firmemente anclada en Tandil, se mueve en una tendencia que puede reconocerse en otras ciudades de Argentina y Europa: la recuperación de ferias de segunda mano, mercados de vinilos y encuentros de autoedición como espacios de sociabilidad y resistencia frente al consumo rápido y digital.
En el contexto europeo, festivales de libro usado y ferias de vinilo en ciudades como Barcelona, Madrid, Lisboa o Berlín han mostrado que existe un público estable para este tipo de propuestas, que busca experiencias presenciales y objetos con historia. Aunque el evento tandilense tiene una escala más cercana y barrial, comparte rasgos con esas citas: la búsqueda de ediciones únicas, el cariño por el soporte físico y el deseo de conversar cara a cara.
La combinación entre diseño gráfico y soportes analógicos (papel y vinilo) resulta especialmente interesante en un momento dominado por pantallas. La feria funciona, en ese sentido, como un pequeño laboratorio donde se cruzan técnicas tradicionales de impresión con lenguajes visuales contemporáneos, desde la serigrafía hasta el diseño editorial independiente.
En Tandil, la presencia de escuelas, facultades y talleres vinculados al arte, el diseño y la comunicación alimenta un flujo constante de proyectos que encuentran en la fiesta un primer escenario público. Muchos fanzines, plaquettes de poesía o microeditoriales dan sus primeros pasos en esta feria antes de viajar a otras ciudades o participar en circuitos más amplios.
De cara al futuro, la experiencia acumulada en estas ediciones permite imaginar colaboraciones con ferias similares en otras regiones, intercambios de catálogos y residencias para diseñadores y artistas gráficos. Todo ello manteniendo el tono cercano y accesible que ha hecho de la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico un evento muy querido por quienes la recorren año tras año.
Con ediciones numeradas que se suceden, sedes que van del club barrial a la estación de trenes y una combinación constante de libros usados, vinilos, diseño gráfico, música y actividades gratuitas, la Fiesta del Libro Usado, Vinilos y Diseño Gráfico se ha consolidado como uno de los hitos culturales más reconocibles de Tandil: un encuentro donde el papel, el sonido analógico y la creatividad gráfica siguen encontrando un lugar físico para mezclarse con la vida cotidiana de la ciudad.
