Fotografía Génesis de Sebastião Salgado: viaje a la Tierra intacta

  • Génesis es un proyecto de ocho años con 250 fotos en blanco y negro que retratan el 46 % del planeta que aún permanece casi intacto.
  • Salgado combinó captura analógica y digital con un complejo sistema híbrido para lograr copias baritadas de calidad extraordinaria.
  • La exposición itinerante recorrió museos y espacios públicos de todo el mundo, impulsando una potente conciencia ecológica.
  • El proyecto está profundamente ligado al Instituto Terra y al papel clave de Lélia Wanick en la regeneración de la naturaleza y en la vida del fotógrafo.

Fotografía Génesis Sebastião Salgado

Contemplar Génesis de Sebastião Salgado es asomarse a un mundo que creíamos perdido: montañas, desiertos, océanos, animales y pueblos indígenas que aún resisten a la vorágine de la modernidad. Es una de esas exposiciones que no sólo se ven, sino que se sienten en la piel y en la conciencia, un viaje visual que remueve, sacude y, al mismo tiempo, reconcilia con la idea de que todavía hay algo puro por salvar en la Tierra.

Este proyecto, que Salgado define como «una carta de amor a la Tierra», es el resultado de ocho años de trabajo inagotable entre 2004 y 2012, más de 30 viajes y unas 250 fotografías en blanco y negro cuidadosamente seleccionadas. Detrás de cada imagen hay una historia de esfuerzo físico, de decisiones técnicas muy meditadas y de una biografía marcada por el dolor, el compromiso social y un sorprendente regreso a la esperanza a través de la naturaleza.

Qué es Génesis: la gran odisea fotográfica de Sebastião Salgado

El proyecto Génesis es una inmensa expedición fotográfica que Salgado emprendió para mostrar el planeta tal y como pudo ser en sus orígenes, antes de la industrialización masiva. El fotógrafo brasileño se propone retratar ese aproximadamente 46 % de la Tierra que, según él, aún se conserva en un estado cercano al del inicio de los tiempos: regiones remotas, ecosistemas intactos y comunidades humanas que siguen viviendo en estrecha armonía con su entorno.

Durante ocho años, Salgado recorrió los cinco continentes a pie, en avionetas, en buques, en canoas y hasta en globos aerostáticos. Soportó fríos polares, calores abrasadores y condiciones logísticas extremas para construir un mapa visual de esa tierra todavía virgen. El resultado fue una colección de unas 250 imágenes en blanco y negro, copias gigantes sobre papel baritado, organizadas en una gran exposición itinerante y en un libro-catálogo editado por Taschen.

La exposición se estructura en cinco grandes capítulos geográficos y temáticos que funcionan casi como un atlas poético: Planeta Sur, Los Santuarios, África, Los Espacios del Norte y la Amazonia. Cada bloque agrupa paisajes, fauna y pueblos indígenas que, pese a las embestidas de la globalización, mantienen modos de vida ligados a ciclos naturales ancestrales.

Desde su estreno en el Museo de Historia Natural de Londres en abril de 2013, Génesis ha viajado por museos y galerías de todo el mundo, reuniendo a millones de visitantes y despertando una fuerte conciencia ecológica y social: la belleza que se exhibe no es sólo para admirar, sino para proteger.

Exposición Génesis Sebastião Salgado

Los cinco universos de Génesis: un planeta aún intacto

La estructura de Génesis responde a una idea clara: mostrar la extraordinaria diversidad de paisajes y culturas que todavía escapan, en mayor o menor medida, a la transformación industrial. Cada uno de los cinco apartados propone un tipo de viaje distinto, pero todos comparten una misma mirada: respeto, dignidad y fascinación por la naturaleza.

Planeta Sur: islas, hielos y océanos primordiales

En el capítulo dedicado al Planeta Sur, Salgado se centra en territorios como las islas Galápagos o la Antártida, emblemas de un mundo casi prehistórico. Las imágenes muestran iguanas marinas, tortugas gigantes, leones marinos, cormoranes, pingüinos y enormes ballenas del Atlántico Sur y del Océano Antártico, fotografiados en los mismos escenarios que recorrió Darwin en el siglo XIX.

Uno de los iconos de esta serie es el iceberg entre la Isla Paulet y las Islas Shetland del Sur, en la península Antártica. En la fotografía, el bloque de hielo, en su lento proceso de deshielo, recuerda a un castillo medieval con un gran arco en un lateral. El juego de volúmenes, texturas y negros profundos define a la perfección la capacidad de Salgado para convertir la materia en escultura de luz.

Los Santuarios: refugios de biodiversidad y culturas ancestrales

El segundo bloque, llamado Los Santuarios, nos lleva a zonas aisladas de biodiversidad extrema como Madagascar o Papúa Occidental. Aquí, la cámara de Salgado se detiene tanto en los paisajes exuberantes como en los habitantes humanos que han sabido adaptarse a ellos durante siglos sin devastarlos.

Retrata, por ejemplo, a la tribu Korowai y a los habitantes de las Islas Mentawai, cuyas casas, cuerpos y rituales están íntimamente vinculados a la selva y al agua. Lejos de la mirada turística, las fotografías insisten en la dignidad, serenidad y fuerza de estas comunidades, presentadas como guardianes de un conocimiento antiguo sobre cómo convivir con la naturaleza sin destruirla.

África: fauna salvaje y pueblos en equilibrio con la tierra

En el apartado dedicado a África, Salgado regresa a un continente que ha fotografiado durante décadas, pero ahora desde una perspectiva más ligada al paisaje y a la vida salvaje. Aquí aparecen leones, leopardos, elefantes y gorilas de montaña en Ruanda, así como las dunas del desierto argelino o las aguas del delta del Okavango en Botsuana, todos ellos envueltos en un blanco y negro de contrastes dramáticos.

El fotógrafo no olvida a los pueblos que habitan estos espacios: los nómadas Dinka de Sudán, con su vida ligada al ganado y a las crecidas del río; o las mujeres Mursi y Surma de la región de Jinka en Etiopía, famosas por los platos de cerámica que llevan en los labios. En sus imágenes, más que exotismo, lo que vemos es una profunda sensación de pertenencia al territorio, una forma de vida que cuestiona nuestro propio modelo urbano y consumista.

Los Espacios del Norte: frío extremo y resistencia

El bloque de Los Espacios del Norte se adentra en el Ártico y otras regiones frías del hemisferio norte, donde la vida humana y animal está marcada por el hielo y la nieve. Salgado fotografía rebaños de renos en el Círculo Polar Ártico, la meseta del Colorado, la península de Kamchatka, los Nenets de Siberia o la cadena montañosa Brooks en Alaska.

También retrata a las personas que viven literalmente sobre el hielo en el norte de Canadá, desplazándose con trineos, perros y tiendas de campaña. Las imágenes muestran un mundo de blancos casi cegadores y sombras profundas, donde la supervivencia exige cooperación, resistencia y un conocimiento milenario del clima y el terreno.

Amazonia: selva, ríos y pueblos del bosque

El capítulo final está dedicado a la Amazonia, uno de los grandes pulmones del planeta y, al mismo tiempo, una de las regiones más amenazadas. Salgado recorre ríos como el Amazonas, el Negro o el Juruá, y retrata caimanes, jaguares y una vegetación desbordante que parece devorar el encuadre.

Pero, de nuevo, la mirada de Salgado no se queda en la postal naturalista. Fotografías de pueblos como los Zo’é y los Yanomami, en la selva brasileña, subrayan que en esos bosques no sólo hay biodiversidad biológica, sino también cultural. Las comunidades indígenas aparecen como protagonistas, no como decorado, y su relación simbiótica con el entorno es un mensaje directo sobre otras formas posibles de habitar la Tierra.

La exposición itinerante: Génesis alrededor del mundo

Génesis no se concibió como un proyecto para guardarse en un cajón. Desde el principio, Salgado y su equipo aspiraron a mostrar estas imágenes en copias de gran formato sobre papel baritado, en museos y espacios públicos de todo el mundo, para que el mensaje llegara al mayor número de personas posible.

La exposición se estrenó en el Museo de Historia Natural de Londres en abril de 2013, donde permaneció hasta septiembre del mismo año, y a partir de ahí inició un recorrido global impresionante. Pasó por el Museo Real de Ontario (Canadá), la Peter Fetterman Gallery en Santa Mónica (EE. UU.), la Galerie Huit de Arlés (Francia), el Musée de l’Elysée de Lausana (Suiza), el CaixaForum de Madrid y más tarde el de Barcelona, el Palazzo della Ragione de Milán, el Fotografiska de Estocolmo, la Galerie Polka de París, la Yancey Richardson Gallery y el International Center of Photography en Nueva York, la Fundación C/O de Berlín, la Versicherungskammer Kulturstiftung de Múnich y muchas otras sedes.

En cada ciudad, las imágenes se adaptaban al espacio expositivo, pero se mantenía la misma idea: copias gigantes, en blanco y negro, sobre papel baritado, con una calidad de impresión que casi permitía «tocar» el hielo, la corteza de los árboles o el pelaje de los animales. La experiencia física de recorrer la muestra, rodeado por fotografías de hasta más de un metro de lado, es muy distinta a verlas en un libro o una pantalla.

En España, además de las exhibiciones en CaixaForum, tuvo un impacto enorme el programa Arte en la Calle de la Fundación ”la Caixa”, que en 2018 llevó 38 fotografías de Génesis a plazas y avenidas de distintas ciudades. Gracias a la labor de mediación y coordinación de figuras como Miguel González Navarro, editor gráfico y representante de la obra de Salgado en España, miles de personas pudieron encontrarse con estas imágenes en su recorrido cotidiano, sin necesidad de entrar en un museo.

La obsesión técnica de Salgado: del Tri-X al sistema híbrido

Si algo define la trayectoria de Salgado es su obsesión por la calidad del negativo y de la copia final. Desde sus inicios como fotógrafo, ha trabajado casi exclusivamente en blanco y negro, y durante décadas fue fiel a la mítica película Kodak Tri-X 400, combinada con cámaras Leica R6.2 y Leica M6 y una selección muy cuidada de objetivos fijos y zooms luminosos.

En proyectos anteriores como Sahel, Trabajadores y Éxodos lo llevaron a minas como la de Serra Pelada, a campamentos de refugiados en África, a zonas de conflicto en Bosnia, Afganistán o Sudán. Fotografiaba la fiebre del oro, el trabajo en condiciones de explotación, las hambrunas de Etiopía, la limpieza étnica, la miseria cotidiana. Sus libros se convirtieron en referencias de la fotografía documental, a la vez admirados y criticados por algunos que le acusaban de estetizar la tragedia.

El punto de inflexión fue el genocidio de Ruanda en 1994. En su cobertura de la guerra y sus consecuencias, Salgado presenció cuerpos mutilados, colas interminables de refugiados sedientos en campos como el de Kibumba, epidemias de cólera que mataban a miles de personas en pocos días, niños huérfanos abandonados junto a vías de tren, historias estremecedoras de violencia y muerte. Esa experiencia lo dejó devastado, física y emocionalmente.

Al regresar a casa, cayó en una profunda depresión. Varios médicos le recomendaron dejar de fotografiar escenarios tan brutales, porque su salud se resentía gravemente. Estuvo a punto de abandonar la fotografía por completo. Fue entonces cuando Lélia le propuso otro tipo de proyecto, aparentemente loco: regenerar la granja familiar en Brasil, un terreno antaño exuberante que se había convertido en una tierra erosionada, casi sin árboles ni fauna.

En 1998 fundaron el Instituto Terra en Aimorés, con la idea de restaurar el biotopo del bosque atlántico. Con la ayuda de equipos especializados y muchos colaboradores, comenzaron a plantar especies nativas, a recuperar suelos y a reintroducir vida donde sólo quedaba polvo. Con el tiempo, y tras plantar millones de árboles de centenares de especies distintas, el paisaje cambió de forma asombrosa: regresaron los arroyos, las aves, los mamíferos, hasta el jaguar; y los vecinos se animaron a transformar también sus tierras degradadas.

Génesis como línea de vida y carta de amor al planeta

Ver cómo renacía la selva en la hacienda familiar fue para Salgado una lección radical: lo que el ser humano ha destruido, también puede intentar repararlo. Ese descubrimiento le devolvió la confianza en la humanidad y reavivó sus ganas de seguir fotografiando, pero desde un lugar diferente, menos centrado en la ruina y más en la posibilidad.

De esa experiencia nace la idea de Génesis. Animado por Lélia, Salgado se plantea recorrer el mundo en busca de los lugares que aún no han sido arrasados por el desarrollo, para mostrar su belleza, su fragilidad y la vida que albergan. No se trata de negar la destrucción, sino de señalar aquello que todavía está a tiempo de ser preservado.

Durante el proyecto, convivió con pueblos como los Zo’é en el Amazonas, los Mursi en Etiopía, los Korowai en Papúa Occidental, los Mentawai en Sumatra, los Dinka en Sudán o los Nenets en el Ártico. Viajó con casi 70 años a pie, en canoa, en avioneta, durmiendo en condiciones duras, esperando horas a que la luz dibujara el paisaje como él lo imaginaba, y fusionándose poco a poco con cada entorno para lograr la confianza necesaria con sus sujetos.

Génesis cristaliza también una concepción muy clara de la fotografía: para Salgado, un fotógrafo debe fundirse con el entorno y reconocerse en el otro. No basta con llegar, disparar y marcharse; hay que pasar tiempo, escuchar, aprender a leer el paisaje y las personas. Sólo así pueden surgir imágenes que no sean meros clichés visuales, sino fragmentos de una relación profunda con el mundo fotografiado.

Al final, Génesis es mucho más que un catálogo de postales bonitas. Es un relato visual de cómo podemos vivir en equilibrio con la naturaleza, una llamada de atención sobre lo que está en juego y, a la vez, un homenaje íntimo de Salgado a su propia historia con la tierra: desde la hacienda de su infancia hasta la selva recuperada en el Instituto Terra.

La trayectoria que va del horror de Ruanda al renacer de la selva atlántica y a la epopeya de Génesis explica por qué estas fotos conmueven tanto: porque detrás de cada imagen hay un hombre que ha visto el lado más oscuro de la humanidad y, aun así, ha decidido apostar por mostrarnos lo que todavía merece la pena salvar; un fotógrafo que une rigor técnico extremo, mirada humanista y amor profundo por el planeta para recordarnos que aún estamos a tiempo de preservar ese casi 46 % de la Tierra que sigue, de algún modo, en estado de génesis.