Historia del logo de la NBA y la figura de Jerry West

  • El logo de la NBA, creado en 1969 por Alan Siegel, se inspira claramente en una fotografía de Jerry West, aunque la liga nunca lo haya reconocido oficialmente.
  • Jerry West fue una leyenda de los Lakers: 14 All-Star, nueve Finales y un anillo, además de ser el único MVP de unas Finales formando parte del equipo perdedor.
  • Como ejecutivo, West construyó dinastías en Lakers, Grizzlies, Warriors y Clippers, participando directa o indirectamente en ocho títulos de la NBA.
  • Su legado trasciende el logo: es una de las figuras más influyentes en la historia del baloncesto, pese a estar a menudo infravalorado en los debates populares.

Historia del logo de la NBA

El logo de la NBA es uno de esos símbolos que reconoces al instante aunque no seas un fanático del baloncesto: una silueta blanca botando el balón sobre un fondo vertical azul y rojo. Lo que mucha gente no sabe es que detrás de esa imagen, que ya forma parte de la cultura popular, está la figura de Jerry West, uno de los grandes iconos en la historia de la liga y un hombre cuya vida profesional y personal da para una auténtica novela.

A lo largo de las décadas, la marca NBA se ha extendido por todo el planeta gracias al espectáculo de sus partidos, a sus estrellas y también a la fuerza de su identidad visual. En el centro de esa identidad está un logo que nació en plena batalla comercial con la desaparecida ABA y que, aunque nunca se haya reconocido de forma oficial, está claramente inspirado en la inconfundible fisonomía de Jerry West. Para entender de verdad la historia del logo de la NBA hay que sumergirse en la biografía de West, en sus obsesiones, sus fracasos ante los Celtics, sus éxitos como ejecutivo y en cómo terminó siendo conocido para siempre como “The Logo”.

Cómo nació el logo de la NBA

A finales de los años 60, la NBA necesitaba dar un salto de calidad en su imagen pública. La liga competía directamente con la ABA, otra asociación profesional de baloncesto que le disputaba jugadores, público y cuota de mercado, y se vio claro que hacía falta una identidad visual potente que diferenciara a la competición y reforzara su marca frente al rival.

En 1969, el entonces comisionado de la NBA, Walter Kennedy, encargó a un especialista en imagen corporativa, el publicista Alan Siegel, la creación de un nuevo logo. La idea era alejarse de los emblemas genéricos de la época y diseñar un símbolo moderno, reconocible y ligado directamente a la esencia del juego: dinamismo, movimiento y verticalidad en la pista.

Siegel buscó inspiración en fotografías de jugadores y encontró una imagen que lo deslumbró: una foto de Jerry West durante un All-Star, en plena acción, botando el balón y avanzando hacia canasta. Aquella postura le pareció perfecta: una silueta esbelta, estilizada, que captaba de manera muy clara el movimiento del baloncesto y la elegancia de la liga. Sobre esa base, creó la composición definitiva con la figura en blanco recortada entre dos franjas verticales, una azul y otra roja, que remitían a los colores de la bandera de Estados Unidos.

El resultado fue un logo simple pero potentísimo: la silueta de un jugador blanco sobre un fondo bicolor, acompañada de las siglas NBA. Desde entonces, ese símbolo se ha consolidado como una de las marcas deportivas más reconocibles del planeta, a la altura de gigantes como Coca-Cola o McDonald’s. Curiosamente, la liga nunca quiso confirmar de forma oficial que el jugador representado fuera Jerry West, pero el propio Siegel reconoció abiertamente que la imagen estaba claramente inspirada en él.

Con el paso de los años, el logo se ha convertido en un pilar esencial del programa de licencias de la NBA, generando cantidades astronómicas en derechos de imagen. Se calcula que la marca relacionada con ese símbolo mueve alrededor de 3.000 millones de dólares anuales en licencias, una cifra brutal teniendo en cuenta que el protagonista de la silueta nunca ha cobrado ni un céntimo en derechos por aparecer, aunque sea de forma oficiosa, en el emblema de la liga.

¿Es realmente Jerry West la silueta del logo?

Oficialmente, la NBA siempre se ha mantenido en un perfil muy bajo respecto a la identidad de la silueta. Los distintos comisionados que han pasado por el cargo, desde Walter Kennedy a David Stern y posteriormente Adam Silver, han evitado confirmarlo. Incluso en la época de Stern, el portavoz de la liga, Tim Frank, llegó a decir aquello de que “no hay constancia de que sea Jerry West”, intentando institucionalizar el símbolo y desligarlo de una sola persona.

El propio Alan Siegel, sin embargo, nunca ha tenido problema en admitir que se inspiró directamente en una fotografía de West. Explicó que la NBA prefería mantener el logo como un emblema abstracto de la liga, no como un homenaje a un jugador concreto: querían un símbolo intemporal, que no dependiera de la trayectoria de una única estrella ni de posibles polémicas futuras.

Jerry West, por su parte, siempre ha intentado quitar hierro al asunto. Ha rehuido con frecuencia las preguntas sobre el logo y nunca ha reclamado compensación económica a pesar del enorme valor comercial que genera. En contraste con otros personajes de la NBA, como Pat Riley, que sí registró a su nombre el término “three-peat” (tripitir) para hacer caja cada vez que se utilizaba, West ha preferido mantenerse al margen del negocio que rodea a su propia silueta.

En los últimos años, especialmente tras la trágica muerte de Kobe Bryant, surgió un debate público sobre la posibilidad de actualizar el logo para que la silueta pasara a ser la del escolta de los Lakers, como homenaje permanente a su figura. Aunque la propuesta tuvo bastante eco en redes sociales y en ciertos sectores mediáticos, la NBA no ha dado pasos en esa dirección. West, muy afectado personalmente por la pérdida de Kobe, se ha mantenido respetuoso y no ha alimentado ese debate, evitando situarse en el centro de una discusión que le incomoda profundamente.

En cualquier caso, a estas alturas resulta una obviedad para cualquier aficionado informado que la figura del logo reproduce la característica silueta de West: un cuerpo delgado, algo alejado de los cuerpos hipermusculados actuales, pero con una plasticidad y una elegancia en pista que resumen a la perfección el tipo de baloncesto que marcó la era clásica de la NBA.

La vida y las heridas de Jerry West antes de ser “The Logo”

Más allá del logo, la vida de Jerry West es una historia muy dura, marcada desde su infancia por episodios traumáticos. De todos los colores que existen, el que más odiaba era el verde. Y no era un capricho: para él, ese color estaba ligado a los Boston Celtics, el equipo que le amargó la existencia en la pista, con hasta seis derrotas en las Finales de la NBA. Cada vez que veía el verde de los Celtics revivía una colección de frustraciones deportivas prácticamente irrepetible.

Sin embargo, las heridas más profundas de West no nacieron del baloncesto, sino de su propia casa. Quinto de seis hermanos, sufrió abusos físicos por parte de su padre. El ambiente era tan tenso que llegó a dormir con una pistola bajo la almohada, temiendo que algún día tendría que defenderse de su propio progenitor. Esta situación, unida a la muerte de su hermano David en la guerra de Corea en 1951, marcó para siempre su personalidad, transformándole en un chico tímido, introvertido y emocionalmente golpeado.

De niño, Jerry no apuntaba precisamente a superestrella de la NBA. Era débil, delgado y enfermizo, necesitaba que le inyectaran vitaminas y evitaba el contacto con los deportes por miedo a sufrir lesiones graves. Sus únicas escapatorias eran la caza, la pesca y, sobre todo, tirar a canasta siempre que encontraba una oportunidad. Ese hábito solitario fue puliendo su técnica y su confianza, hasta que pudo entrar en el East Bank High School, donde comenzó a llamar la atención por su talento y su ética de trabajo.

En el instituto, West adoptó una actitud muy particular: solitario y reservado fuera de la pista, pero con un liderazgo feroz en el juego, cimentado en el ejemplo y no en los discursos. En su primer año ya era capitán del equipo y condujo a East Bank al campeonato estatal el 24 de marzo de 1956, promediando 32,2 puntos por partido. El impacto fue tal que el propio centro decidió cambiar su nombre a West Bank High School cada 24 de marzo, en honor a su estrella, una tradición que se mantuvo hasta el cierre del colegio en 1999.

La influencia de su familia y de su entorno le llevó a quedarse en Virginia Occidental para la universidad, rechazando una avalancha de ofertas (más de 60 centros estaban interesados). Pasó cuatro años en la Universidad de West Virginia, fue dos veces All-American, MVP de la Final Four de la NCAA en 1959 y terminó con su mítico dorsal 44 retirado. Aquella etapa le abrió las puertas de los Juegos Olímpicos de Roma 1960, donde ganó el oro junto a otras leyendas como Oscar Robertson, antes de dar el salto a la NBA como número 2 del draft y comenzar su larguísima relación con Los Angeles Lakers.

Jerry West, leyenda de los Lakers y eterno sufridor en las Finales

En la NBA, Jerry West se convirtió en el alma de los Los Angeles Lakers de los años 60 y principios de los 70, formando un dúo temible con Elgin Baylor y más tarde con el colosal Wilt Chamberlain. Su apodo, “Mr. Clutch”, no era casualidad: se ganó esa fama por su sangre fría y su capacidad para rendir al máximo en los momentos más tensos de los partidos, especialmente en los últimos segundos.

A nivel individual, su carrera es espectacular: 14 apariciones en el All-Star, un título de máximo anotador de la NBA en 1970, líder en asistencias en 1972 y un anillo de campeón en ese mismo 1972. Sin embargo, su historia está atravesada por una paradoja brutal: jugó nueve Finales de la NBA y solo ganó una. El resto fueron en gran parte un rosario de derrotas devastadoras, especialmente ante los Boston Celtics de Bill Russell, la gran dinastía de aquella época.

En las Finales de 1969, por ejemplo, los Lakers cayeron en siete partidos ante unos Celtics que lograron su undécimo título, mientras West promediaba 37,9 puntos por encuentro. A pesar de perder la serie, fue nombrado MVP de las Finales, el primero en la historia del trofeo y, hasta hoy, el único jugador que lo ha recibido formando parte del equipo derrotado. Algo que ni siquiera LeBron James, pese a sus exhibiciones en Finales perdidas como la de 2015, ha logrado replicar.

Esa colección de derrotas dejó una huella indeleble en la psique de West. El verde de los Celtics se convirtió para él en una especie de trauma deportivo permanente. Tres de esas seis derrotas ante Boston llegaron en un séptimo partido, y otras dos se resolvieron en seis encuentros, muchas veces con finales dramáticos que alimentaron su obsesión perfeccionista y su tendencia a machacarse mentalmente por cada fallo.

El ansiado título llegó por fin en 1972, en una temporada histórica en la que los Lakers encadenaron 33 victorias consecutivas, récord todavía vigente en la NBA, con West y Chamberlain como referencias principales. Aquella campaña sirvió como bálsamo emocional para un jugador que estuvo a punto de retirarse más de una vez con la sensación de que el destino se empeñaba en castigarle. Pese al anillo, West volvería a disputar unas últimas Finales en 1973, cayendo esta vez contra unos New York Knicks que por aquel entonces eran una referencia absoluta en el deporte estadounidense.

De la pista al despacho: el arquitecto de los Lakers campeones

Tras retirarse como jugador, Jerry West tuvo una etapa breve como entrenador de los Lakers entre 1976 y 1979. Aquellos equipos, liderados casi en exclusiva por Kareem Abdul-Jabbar, funcionaban bien en temporada regular pero se quedaban cortos en playoffs, con un estilo algo plano que no terminaba de enganchar. West, que nunca se sintió cómodo en el banquillo, acabó dando el salto natural a los despachos, donde su visión estratégica marcaría para siempre la historia de la franquicia.

La gran revolución llega a partir de 1982, cuando West es nombrado General Manager de los Lakers. Bajo la propiedad de Jerry Buss y con Pat Riley en el banquillo, se pone en marcha la era del Showtime, con Magic Johnson y Kareem como estandartes en la pista. Desde su nuevo rol, West empieza a construir piezas clave: draftea a James Worthy en 1982, incorpora a jugadores como Byron Scott o A.C. Green y va perfilando una plantilla que dominaría la década.

Bajo la columna vertebral Buss-West-Riley, los Lakers ganan títulos en 1980, 1982, 1985, 1987 y 1988. Para West, fue especialmente simbólico el anillo de 1985, el primero en el que los Lakers vencen a Boston Celtics en unas Finales, una especie de ajuste de cuentas emocional con la marea verde que tanto le había atormentado como jugador. La revancha se remata en 1987, con otro título ante Boston, consolidando la superioridad angelina en aquella parte final de la década.

La habilidad de West en los despachos no se limitó a rodear a Magic y Kareem. También fue responsable de movimientos como la selección de Vlade Divac en el draft, pívot que jugaría un papel importante en la transición posterior al Showtime y que acabaría siendo pieza clave en una de las grandes jugadas maestras de la carrera de West como ejecutivo: la llegada de Kobe Bryant a los Lakers en 1996.

A comienzos de los 90, tras la retirada de Kareem y con el final del reinado del Showtime, West se vio obligado a reconstruir la franquicia prácticamente desde cero. En 1994, con Mitch Kupchak ya como general manager y West como vicepresidente ejecutivo, los Lakers vivieron uno de sus momentos más bajos, quedándose fuera de playoffs por cuarta vez en toda su historia. La respuesta de West fue rápida: contrató a Del Harris, reforzó el vestuario y guió al equipo de nuevo hacia la pelea en el Oeste, aunque era evidente que aquella plantilla tenía un techo limitado.

El movimiento que cambió la historia: Kobe Bryant y Shaquille O’Neal

En 1996, Jerry West dio el que probablemente fue el movimiento más determinante de su carrera ejecutiva. A ojos de muchos, fue una jugada doble de auténtico genio: por un lado, atar a Shaquille O’Neal como agente libre; por otro, maniobrar en el draft para hacerse con los derechos de un jovencísimo Kobe Bryant, recién salido del instituto Lower Merion.

La operación con Kobe se fraguó con sigilo. Los Charlotte Hornets poseían el pick 13 del draft y necesitaban un pívot. West vio ahí su oportunidad: ofreció a Vlade Divac a cambio de que los Hornets seleccionaran al jugador que él había elegido. Mantuvo el nombre en secreto hasta el último momento para evitar que cambiaran de idea y, cuando llegó el turno de elegir, se anunció a Kobe Bryant. El agente del jugador dejó claro que su cliente no quería jugar en Charlotte, lo que facilitó el camino para que el traspaso se consumara días después.

Divac, que esperaba terminar su carrera en Los Ángeles, se sintió traicionado, pero la NBA es un negocio y West necesitaba liberar espacio salarial para cerrar el fichaje de Shaq. El 18 de julio de 1996, apenas una semana después de oficializarse el traspaso de Kobe, se anunciaba la llegada de Shaquille O’Neal a los Lakers. En apenas unos días, Jerry West había garantizado el futuro de la franquicia durante una generación entera.

West estaba convencido de que Kobe era una futura superestrella. Durante los entrenamientos previos al draft, el escolta había humillado a rivales mayores que él en uno contra uno, exhibiendo un talento ofensivo fuera de serie y una ética de trabajo obsesiva que a West le recordaba mucho a su propio carácter. Esa mezcla de talento, ambición y mentalidad fue lo que le hizo apostar tan fuerte por él, incluso arriesgando un activo importante como Divac.

Con Shaq y Kobe en plantilla, los Lakers volvieron a ser un aspirante serio al título. Faltaba rematar el proyecto con el entrenador adecuado, algo que West resolvería poco después con otra decisión clave: convencer a Phil Jackson para que se sentara en el banquillo angelino a partir de la temporada 1999-2000, trayendo consigo el triángulo ofensivo y una forma muy particular de gestionar egos y vestuarios en equipos candidatos al anillo.

El divorcio con los Lakers y los nuevos retos

Aunque el proyecto Shaq-Kobe-Jackson se tradujo rápidamente en éxitos -tres campeonatos consecutivos entre 2000 y 2002-, Jerry West ya no estaba en la franquicia cuando se completaba el triplete. En el verano del 2000, y después de haber amagado con dejar su puesto en 1998 por agotamiento y estrés, decidió salir de los Lakers por la puerta de atrás, tras casi cuatro décadas de servicio a la organización como jugador, entrenador y directivo.

Detrás de su marcha hubo varios factores. Por un lado, el creciente peso de Phil Jackson dentro de la estructura de poder. El técnico, que llegaba con seis anillos ganados en Chicago, firmó un contrato millonario (se hablaba de unos 8 millones por temporada), un salario que West consideraba desproporcionado aunque el propietario, Jerry Buss, lo veía justificado por su historial. Jackson, marcado por su mala relación con Jerry Krause en los Bulls, llegó a Los Ángeles con la convicción de mantener distancias con la directiva y blindar el control sobre el vestuario.

Esa forma de trabajar chocaba frontalmente con la manera en que West entendía la relación entre ejecutivos y jugadores. Jackson prohibió que los directivos viajaran en el autobús del equipo, una norma que incumplían en ocasiones personas como Mitch Kupchak o Jim Buss, pero que a West le resultaba especialmente ofensiva. El punto de no retorno llegó después de un partido de las Finales del Oeste contra los Blazers, cuando Jackson pidió a West que abandonara el vestuario para dirigirse en privado al grupo. Jerry interpretó aquello como un insulto directo y empezó a contemplar seriamente su marcha.

También le molestó que Jerry Buss ofreciera a Magic Johnson una pequeña parte de la propiedad de la franquicia sin tener un gesto similar con él, a pesar de todo lo que había aportado al club en 40 años. Además, la relación de Jackson con Jeanie Buss, hija del propietario, reforzaba todavía más su posición de poder en los despachos, algo que a West le costaba digerir, sobre todo porque veía con recelo la forma en que el entrenador se decantaba más a menudo por Shaq que por Kobe en sus preferencias internas.

En paralelo, Jackson tampoco le perdonó a West que no hiciera un esfuerzo mayor por fichar a Scottie Pippen, alero ideal para su sistema y viejo conocido del triángulo ofensivo. Pippen acabó en los Blazers y, en su lugar, los Lakers incorporaron a Glenn Rice, que fue importante para el título pero no encajaba tanto en la idea original de Jackson. Todas estas pequeñas fricciones fueron minando la relación hasta hacerla prácticamente irreconciliable.

West dejó los Lakers sin rencores públicos pero con una evidente sensación de que no se había valorado del todo su papel. Aun así, como ejecutivo siguió sumando éxitos: se tomó un tiempo para descansar y, en 2002, aceptó el reto de dirigir desde los despachos a unos Memphis Grizzlies que prácticamente no tenían historia en la NBA. En 2004 ganó su segundo premio a Ejecutivo del Año; el equipo alcanzó los playoffs tres temporadas seguidas y Pau Gasol fue All-Star en 2006, logros enormes para una franquicia joven y de mercado pequeño.

Tras dejar Memphis en 2007, West pasó una época sin equipo, aunque seguía muy vinculado a la NBA y aparecía de vez en cuando en el Staples Center. En 2011 se incorporó a los Golden State Warriors como asesor, un rol formalmente discreto pero con una influencia mucho mayor de la que parecía. Entre otras cosas, fue una voz clave en la decisión de no traspasar a Klay Thompson por Kevin Love cuando el ala-pívot todavía estaba en los Wolves, una operación que habría cambiado por completo el futuro de la franquicia.

En Golden State, West también apoyó movimientos como la llegada de Andre Iguodala, el fichaje de Kevin Durant y la apuesta por Steve Kerr como entrenador, alguien sin experiencia como técnico principal pero con una visión moderna del juego que encajaba perfectamente en el proyecto. Desde la sombra, contribuyó a construir una de las grandes dinastías recientes de la liga, con tres títulos en cinco Finales y un estilo de juego que revolucionó la forma de entender el baloncesto.

Su última gran aventura ejecutiva le llevó de vuelta a Los Ángeles, pero esta vez al otro lado del pasillo: los LA Clippers. Llegó como consultor, ayudó a reforzar la autoridad de Doc Rivers, impulsó traspasos claves como el de Tobias Harris y fue pieza importante en la doble operación que reunió a Kawhi Leonard y Paul George en la misma plantilla. Convertir a los Clippers en aspirantes serios al título era casi un reto personal para alguien que siempre había vivido a la sombra del glamour púrpura y oro.

Un legado gigantesco: el hombre, el logo y la NBA moderna

Mirando todo el recorrido, resulta evidente que Jerry West ha sido una de las figuras más influyentes en la historia del baloncesto profesional. Como jugador, su currículum habla solo: más de 25.000 puntos, 14 All-Star, un anillo, nueve Finales disputadas, número 44 retirado por los Lakers y su entrada en el Hall of Fame. Como ejecutivo, ha tenido un papel directo o indirecto en al menos ocho campeonatos (1980, 1982, 1985, 1987, 1988, 2000, 2015, 2017) con dos franquicias diferentes, además de sumar dos premios a Ejecutivo del Año.

Su influencia en la rivalidad histórica entre Lakers y Celtics también es enorme. Como jugador, sufrió en carne propia el dominio verde, con esa racha de 11 títulos de Boston que dejó a los angelinos como eternos segundos. Como directivo, sin embargo, fue uno de los grandes responsables de que entre 1980 y 2020 los Lakers levantaran 10 campeonatos por solo cuatro de los Celtics, un vuelco que cambió el balance de poder a largo plazo a favor del equipo angelino.

A pesar de todo esto, West no siempre aparece en las listas populares de los diez mejores jugadores de la historia, eclipsado por nombres más recientes y mediáticos. Mucha gente recuerda esa era por Wilt Chamberlain y Bill Russell, casi por obligación histórica, pero se olvida de la dimensión de Jerry West como anotador, defensor, líder silencioso y, sobre todo, competidor feroz. Su personalidad, tremendamente autoexigente y marcada por episodios de depresión derivados de su infancia, queda reflejada en su autobiografía de 2011, West by West: My Charmed, Tormented Life, considerada la obra definitiva sobre su vida.

A lo largo de su trayectoria, West ha sido valorado desde muchos ángulos: como jugador, entrenador, ejecutivo y símbolo. Se le ha visto siempre como un hombre nervioso, introvertido y obsesionado con el trabajo diario, capaz de motivar a los demás sin necesidad de grandes discursos, simplemente a base de ejemplo y constancia. Su historia se cerró el 12 de junio de 2024, con su fallecimiento a los 86 años, pero su huella en la NBA es imposible de borrar.

Hoy, el logo de la NBA sigue siendo la representación más visible de la liga en todo el mundo y, aunque oficialmente no se reconozca, todo apunta a que esa figura blanca que botando el balón divide el rojo y el azul es Jerry West en plena acción. Su vida, plagada de adversidades, derrotas dolorosas, decisiones brillantes en los despachos y una devoción absoluta por el juego, explica por qué no estamos ante un personaje más, sino ante uno de los grandes arquitectos de la NBA moderna, tanto dentro como fuera de la cancha.