La arquitectura no solo se piensa, también se siente. Y de eso va precisamente la muestra que acoge La ArquerÃa de Nuevos Ministerios hasta el 29 de septiembre: de entender cómo los espacios que habitamos influyen directamente en nuestro bienestar fÃsico, emocional y social. La exposición, titulada ‘Bienestar en la Ciudad’, está comisariada por la arquitecta Izaskun Chinchilla, doctora y catedrática en la Bartlett School of Architecture de Londres, y propone un recorrido diferente: no hablar de grandes infraestructuras, sino de las pequeñas y esenciales actividades que dan forma a la vida cotidiana en las ciudades.
La propuesta nace de una reflexión de veinticinco años sobre cómo la arquitectura puede cuidar a las personas. En la exposición se plantea que las urbes no son solo el resultado de decisiones estratégicas como construir un parque o soterrar una autopista, sino de miles de decisiones vitales relacionadas con nacer, criar, comer, curar, dormir, jugar, cortejar y caminar. Chinchilla, quien percibió desde sus años de estudiante en la Universidad Politécnica de Madrid que la arquitectura habÃa volcado la espalda al bienestar humano, defiende que la ciudad debe entenderse como un ecosistema de proximidad y equilibrio.
Ocho acciones vitales como hilo conductor

La muestra se estructura en un recorrido en zigzag que invita a caminar, y no solo de manera metafórica. Chinchilla destaca que el visitante recorre casi dos mil pasos en el interior de la sala, un número que puede aumentar hasta los seis mil si se llega desde la estación de Nuevos Ministerios o se hace el reto exterior ‘Healthy Cities’. Cada una de las ocho acciones cotidianas tiene su propia lÃnea de referencia y varios soportes: desde un resumen de las necesidades del cuerpo y el entorno para esa actividad, hasta ejemplos de buenas prácticas repartidas por todo el mundo.
Se han seleccionado 99 proyectos provenientes de Asia, Europa y Latinoamérica, que abarcan desde centros de dÃa para niños en Alemania hasta jardines en la cubierta de una maternidad en Madrid. Por ejemplo, dentro de la acción ‘curar’ se muestran desde los centros Marie para el tratamiento del cáncer inspirados en el diseño doméstico hasta proyectos de arquitectura bioclimática y espacios de salud asiáticos donde el programa terapéutico se despliega en jardines y patios. La exposición también recupera episodios de la historia urbana europea, como el caso de San Sebastián en la transición del siglo XIX al XX, cuando la ciudad apostó por las polÃticas corporales con los baños en el mar.
Un recorrido con sorpresas y participación

La exposición no se queda en lo visual, sino que invita a participar. Hay plantillas para que los asistentes tracen sus propias propuestas y las compartan en redes sociales, y una mesa de ciudad virtual que se transforma con las ideas de los participantes. Chinchilla reivindica asà un urbanismo tentativo y táctico que busca la aceptación de la ciudadanÃa mediante la prueba. En la muestra se puede interactuar con un barrio tipo San Blas (Madrid) y ver cómo irrumpen en él proyectos icónicos de otras lugares, algo que la arquitecta define como un pinball gigante de Corea del Sur en la capital.
Además, el museo Thyssen-Bornemisza se ha involucrado en el proyecto con una selección de obras de su colección que dialogan con la idea de bienestar. Chinchilla ha descubierto que antes de la industrialización el espacio público era un lugar de refugio y consuelo, y quiere recuperar esos saberes ancestrales. Como ejemplo, explica que en la Edad Media mostrar las lágrimas en público era sÃntoma de profundidad espiritual, y saber llorar era tan importante como saber leer.
Una mirada crÃtica a la profesión

En paralelo a la muestra, la arquitecta no esquiva los debates que atraviesan el sector. Al ser preguntada por la situación actual, señala que España cuenta con un arquitecto por cada 600 habitantes, una cifra que hace prácticamente imposible ganarse la vida ejerciendo libremente. Según ella, la meritocracia brilla por su ausencia: los jóvenes con acceso al trabajo suelen estar conectados familiarmente a promotores o constructores. También lamenta que la promoción privada viva de espaldas a cualquier regulación que garantice igualdad de género o representación territorial, un hecho que, en su opinión, lastra a todo el sector público.
Chinilla también reflexiona sobre el proceso creativo y la imagen actual de la arquitectura, a menudo mediatizada por redes sociales. Critica que la nueva generación de profesionales parece más pendiente de la ‘imagen perfecta’ que del proceso social y constructivo, y echa de menos que se cuente la realidad que hay detrás de cada obra. Una mirada que es preciso complementar con la experiencia del lugar, como ocurre en las salas de esta exposición, que se convierte en un viaje sensorial: con el sonido del agua, el olor de lavanda y la sombra que recrean los tejidos, se busca generar una experiencia parecida a la calle mediterránea tradicional.
Una muestra que se puede vivir con los sentidos

El montaje expositivo ha sido pensado para no dañar las paredes: una estructura metálica ligera y tableros de DM cortados con CNC, que permiten que la muestra sea reversible y pueda viajar en otros idiomas. Como si fuera un juego de recortables, los textos se pueden cambiar para que el discurso se adapte a otras latitudes. En septiembre está prevista una mesa de alcaldes y promotores para experimentar con el barrio hipotético y ver cómo reacciona la ciudadanÃa, aunque la idea ya se puede visitar en la web hasta el 29 de septiembre.
Para el que quiera profundizar, la exposición complementa el libro ‘Los barrios del buen vivir’, publicado en 2021, en el que Chinchilla ya avanzaba sus propuestas de diseñar desde la cultura del proyecto, integrando las ocho funciones vitales como base de un urbanismo más humano. La directora del proyecto recuerda que la intención no es solo que la ciudad mire al pasado, sino que se piense en un futuro que evite la segrega y apueste por la escala humana. Y esto, a dÃa de hoy, no es una manera menor de hacer arquitectura, sino una reivindicación de un bienestar que deberÃa ser colectivo y medido.


