La Unión Europea ha dado un paso histórico en la protección de la infancia en el entorno digital. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado una propuesta legislativa que busca poner coto al acceso de los menores a las redes sociales. El plan, bautizado como EU Kids Act, establece un sistema de acceso gradual que comienza con una prohibición total para los menores de 13 años y que se extiende con restricciones hasta la mayorÃa de edad. Esta iniciativa, presentada durante el discurso sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo, llega después de que paÃses como Francia y España reclamen una respuesta coordinada a nivel comunitario.
El anuncio se ha producido en un contexto de creciente preocupación social por el impacto de las pantallas en la salud mental de los jóvenes. La propia Von der Leyen ha citado el caso de una niña belga de 14 años que se suicidó el mes pasado tras sufrir acoso en Internet, un episodio que ha conmocionado a la opinión pública europea. La futura ley, que deberá ser aprobada por el Parlamento Europeo y el Consejo, también obligará a las grandes plataformas a rediseñar sus servicios para que sean seguros desde el diseño, invirtiendo la carga de la prueba y poniendo fin a la era de la autorregulación.
Acceso gradual y supervisión parental
La propuesta de la Comisión Europea plantea un itinerario claro para los menores. Se prohÃbe por completo el acceso a las redes sociales antes de los 13 años, una edad que se convierte en el nuevo estándar comunitario. Para la franja de 13 a 15 años, la norma contempla la creación de las denominadas «minicuentas», que estarán gestionadas y supervisadas por los padres o tutores. Estas cuentas tendrán funcionalidades limitadas, un número de contactos reducido y un tiempo de uso máximo de una hora diaria, según se detalla en el texto presentado.

A partir de los 15 años, los adolescentes podrán abrir una cuenta personal, pero las plataformas deberán aplicar un «diseño seguro» que garantice su protección. Todo este entramado normativo también alcanza a otros servicios digitales que utilizan los jóvenes, como los videojuegos en lÃnea y los chatbots basados en inteligencia artificial. La Comisión quiere eliminar los elementos adictivos de estas plataformas, como el desplazamiento infinito o las notificaciones automáticas durante las horas de sueño, asà como el contacto no solicitado por parte de desconocidos.
Desde el Gobierno español, el ministro de Transformación Digital, Óscar López, ha valorado positivamente la medida, aunque ha recordado que el Congreso de los Diputados ya tiene una ley sobre la mesa con un enfoque distinto. La propuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez planteaba elevar la edad mÃnima a los 16 años, mientras que la UE ha optado por un enfoque más escalonado. Este contraste de posturas refleja la complejidad de regular un fenómeno que evoluciona muy rápido.
Las plataformas deberán demostrar que son seguras
Uno de los puntos más novedosos de la propuesta es la denominada «inversión de la carga de la prueba». Hasta ahora, eran los reguladores quienes debÃan demostrar que una plataforma era peligrosa. Con la nueva ley, las grandes tecnológicas serán las que tengan que acreditar que sus servicios son seguros para los menores. Esto implica la realización de auditorÃas independientes y la presentación de un plan de cumplimiento ante la Comisión, con procedimientos acelerados en caso de detectarse fallos.

Para verificar la edad de los usuarios, se propone la creación de un ecosistema europeo de verificación que respete la privacidad, utilizando herramientas como la aplicación de verificación de edad de la UE, que no almacena datos biométricos. Este sistema es crucial para garantizar que las normas se cumplen sin vulnerar los derechos fundamentales. El enfoque de la Comisión busca evitar el colapso de la libertad de expresión, como ha ocurrido con la ley francesa que fue bloqueada por el Tribunal Constitucional del paÃs.
Von der Leyen ha sido muy contundente en su intervención: «Somos nosotros quienes decidimos las normas, no las grandes empresas tecnológicas». La presidenta ha insistido en que los ciudadanos no tienen por qué aceptar funciones diseñadas para generar adicción, ni que se utilicen las fotografÃas de las niñas para crear imágenes sexualizadas con IA. Una declaración de intenciones que busca dar respuesta a la preocupación de las familias y de los educadores.
Pioneros a nivel mundial, con matices
La UE sigue asà los pasos de Australia, que se convirtió en el primer paÃs del mundo en prohibir las redes sociales para los menores de 16 años. Sin embargo, el enfoque europeo es más gradual, tratando de adaptarse a las distintas edades. Por el contrario, Francia aprobó una prohibición similar a la australiana que posteriormente fue anulada por su Tribunal Constitucional, lo que demuestra la dificultad de legislar en este terreno. España, Dinamarca y Suecia están impulsando sus propias normativas, por lo que una ley común de la UE simplificarÃa el cumplimiento para las plataformas.
No obstante, el proceso aún es largo. El texto deberá ser negociado con los Estados miembros y con el Parlamento Europeo, y podrÃa sufrir modificaciones sustanciales. Las organizaciones de defensa de los derechos digitales ya han alertado de los riesgos de la verificación de edad masiva, que podrÃa derivar en un sistema de vigilancia y censura. A pesar de ello, la iniciativa refleja una voluntad polÃtica clara de abordar un problema que preocupa al 92% de los europeos, según el último Eurobarómetro, que considera prioritario reforzar la protección de los menores en lÃnea.

La ley de la UE propone, además, un marco de educación digital para que los menores, sus padres y los profesores aprendan a hacer un uso responsable de estas herramientas. El objetivo no es solo poner lÃmites, sino dotar a los jóvenes de las habilidades necesarias para navegar en un mundo digital cada vez más complejo, donde los riesgos van más allá del acoso escolar. La Comisión trabaja también en una futura Ley de Equidad Digital para proteger a todos los ciudadanos de estos diseños adictivos.
La presión social por actuar es innegable, especialmente tras conocerse que los jóvenes europeos pasan una media de 4 a 6 horas diarias frente a las pantallas. La UE quiere poner coto a un modelo de negocio que se basa en la captación de la atención de los más vulnerables. Aunque las medidas tardarán en aplicarse, el mensaje es claro: los gigantes de Internet ya no podrán operar sin tener en cuenta el bienestar de los menores, que dejarán de ser un campo de pruebas para sus algoritmos.
