Los mejores lápices pastel para dibujo artístico

  • Los lápices pastel combinan la intensidad del pastel seco con la precisión del lápiz, ideales para dibujo artístico detallado.
  • Conocer la escala de durezas del grafito y los tipos de lápices de color (tradicional, acuarelable y pastel) amplía tus recursos creativos.
  • La calidad del pigmento, la resistencia de la mina y la carta de color son claves para elegir buenos lápices.
  • Un afilado adecuado y un buen mantenimiento alargan la vida de tus lápices y mejoran la experiencia de dibujo.

lápices pastel para dibujo artístico

Si te han pedido lápices pastel para una clase de dibujo de figura y no los has usado en tu vida, es normal quedarse un poco a cuadros ante tanta marca, formato y tipo de mina. Los pasteles en barra, los lápices pastel, los lápices de colores tradicionales, los acuarelables… de primeras todo suena parecido, pero en realidad cada uno se comporta de una forma distinta sobre el papel y tiene sus trucos.

En las próximas líneas vamos a desgranar con calma qué son exactamente los lápices pastel, cómo se diferencian de otros lápices, qué graduaciones de mina existen, qué formatos de cuerpo puedes encontrar y, sobre todo, cómo elegir el material más adecuado para dibujo artístico, tanto si estás empezando como si ya tienes algo de rodaje. También verás consejos para cuidar tus lápices y que te duren más, así como una panorámica general de las marcas que más suenan en el mundo del arte.

Qué es el pastel y por qué engancha tanto a los artistas

El pastel es un medio pictórico seco con una carga de pigmento brutal, mucho mayor que la de la mayoría de pinturas. Por eso sus colores se ven tan luminosos e intensos. No necesitas pinceles, paletas ni disolventes: trabajas directamente con la barra o el lápiz sobre el soporte, lo que hace que la técnica sea muy directa y rápida.

Una de sus mayores ventajas es que, al ser una técnica seca, no tienes que esperar a que nada se seque para seguir trabajando. Puedes superponer capas, matizar tonos, hacer veladuras finas o empastes muy densos prácticamente sin interrupciones. Esto resulta ideal para quienes disfrutan de un proceso fluido, sin tiempos muertos.

El pastel también es extremadamente versátil: con él puedes dibujar trazos finísimos, líneas superpuestas, manchas amplias y zonas de color saturado. Si controlas bien la presión y el tipo de soporte, es posible ir desde un acabado muy suave, casi velado, hasta texturas muy expresivas y cargadas de pigmento.

Dentro de la gran familia del pastel, los lápices pastel ocupan un lugar muy cómodo porque aunan la intensidad del pastel seco en barra con la precisión del lápiz de madera. Ensucian menos, permiten detallar mejor y son más manejables para quienes vienen del grafito o del lápiz de color tradicional.

Diferencias entre lápices pastel, lápices de grafito y lápices de colores

Antes de elegir marca conviene tener muy claro en qué se distinguen los distintos tipos de lápices que puedes usar para dibujo artístico. No es lo mismo un HB de toda la vida que un lápiz pastel o un Prismacolor.

Los lápices de grafito son los que usamos para escribir y dibujar en blanco y negro. Su mina se compone de grafito mezclado con arcilla, y lo que cambia entre un grado y otro es la proporción de ambos componentes. Esto determina si el lápiz es más blando y oscuro o más duro y claro.

Los lápices de colores, en cambio, sustituyen el grafito por pigmentos de color integrados en una base de cera o aceite. Según la calidad de esos pigmentos y aglutinantes, el lápiz será más o menos cubriente, más resistente a la luz y más suave al trazo.

Los lápices pastel pertenecen a otra liga: son básicamente tiza pastel seca encapsulada en un cuerpo de madera. Su composición se parece mucho a la de los pasteles en barra, pero su formato permite trabajar zonas pequeñas y detalles sin llenar todo de polvo de pastel. El acabado es mate, aterciopelado y se difumina con extrema facilidad.

materiales para dibujo con lapices pastel

Por tanto, si buscas un material que te dé transiciones suaves, mezcla rápida de tonos y un color muy vivo, los lápices pastel son una gran elección. Si prefieres líneas muy definidas y capas finas, quizá te interese más un buen lápiz de color de base cera o aceite.

Un poco de historia: de la barra de grafito al lápiz moderno

Para entender por qué hoy tenemos tanta variedad de lápices, viene bien echar un vistazo rápido a su origen. Allá por 1500, en Inglaterra, se descubrió una gran beta de grafito en estado casi puro. Empezaron a cortar ese grafito en barras sólidas que se envolvían en cuerda o cuero de oveja para poder manejarlas mejor.

El material se hizo popular entre artistas y artesanos, pero también era muy útil como molde para fabricar balas de cañón. La Corona británica se guardó bien el secreto, controló las minas y limitó el suministro, lo que hizo que el grafito puro fuera un bien muy codiciado.

En 1560, una pareja en Italia dio un paso clave: encerró una barrita de grafito entre dos láminas de madera pegadas. Básicamente inventaron el lápiz tal y como lo conocemos hoy. Ese mismo proceso, con variaciones mínimas, sigue vigente en la fabricación moderna.

La auténtica revolución llegó en 1794 con Nicolas Jacques-Conté, oficial del ejército de Napoleón. Ante los bloqueos comerciales, Francia no podía importar grafito inglés, así que Conté ideó un método para mezclar grafito en polvo con arcilla, moldearlo en barras y cocerlo en horno. Ajustando la proporción de arcilla controlaba la dureza y el tono del trazo.

Poco después, Lothar von Faber, de la familia Faber (la futura Faber-Castell), tomó esta base y definió una escala estándar de durezas de mina que se convirtió en referencia internacional. Esa escala H-B es la que sigues viendo impresa en los lápices de grafito actuales.

Escala de durezas: cómo se clasifican los lápices de grafito

Si estás empezando en dibujo, te conviene saber que la dureza del lápiz marca una diferencia enorme en el resultado. Usar siempre el mismo grado por comodidad limita tu abanico de recursos y afecta a la calidad final del trabajo.

La escala establecida por Faber va desde los lápices más duros, marcados con H, hasta los más blandos, marcados con B. Cuanto mayor es el número que acompaña a la H, más duro es el lápiz (H, 2H, 3H… hasta 8H). A la inversa, cuanto mayor es el número que acompaña a la B, más blando (2B, 4B, 6B… hasta 8B).

Los lápices muy duros (del H al 8H) dejan una línea fina y clara, ideales para trazos de construcción, detalles técnicos y zonas donde no quieres manchas. Los muy blandos (del 2B al 8B) proporcionan sombras profundas, degradados rápidos y texturas ricas.

Tipos de lápices en dibujo técnico: características y usos

En medio están los grados F, HB y B, considerados intermedios. El F ofrece una mina resistente y línea fina, muy útil para escribir o dibujar con precisión. El HB es el típico lápiz escolar, ni muy duro ni muy blando, perfecto para uso cotidiano.

En muchos lápices escolares en lugar de la combinación de letras verás solo un número del 0 al 5. En esa escala, el 0 equivale aproximadamente a un 2B y el 5 a un 2H. El número 2, el más común en papelerías, se corresponde con el clásico HB. Si tu lista de materiales pide “lápiz número 2” y no lo encuentras, cualquier lápiz HB te hará el mismo servicio.

La idea general es no encariñarse solo con los blandos porque resultan más agradables al dibujar. Hay efectos que solo puedes lograr con un lápiz duro, como ciertas texturas finas, hachurados muy limpios o líneas de perspectiva que necesites que pasen más desapercibidas en el acabado.

Tipos de lápices de colores: tradicionales, acuarelables y pastel

Cuando nos metemos en el terreno del color aparecen varias familias de lápices, cada una con comportamientos distintos. Entenderlas te ayudará a combinar mejor tus materiales con los lápices pastel y a decidir con qué te sientes más cómodo.

El lápiz de color tradicional es el que la mayoría usamos de pequeños: mina de pigmento, agua y una base de cera o aceite. Según la calidad del pigmento y de esa base, el lápiz se comportará de forma más cremosa o más seca, con mayor o menor saturación de color. Las gamas profesionales suelen ofrecer cartas con decenas o incluso más de cien tonos.

Los lápices de colores acuarelables son una especie de híbrido entre lápiz y acuarela. Puedes colorear en seco como con un lápiz normal y, después, pasar un pincel con agua para activar el pigmento y crear un efecto de pintura aguada. Esto da mucho control: primero defines y luego decides qué quieres fundir con agua.

Además, los acuarelables se prestan a técnicas mixtas. Es habitual combinarlos con acuarela en pastilla o tubo, tinta o grafito para añadir detalles, texturas o contornos. Funcionan muy bien en ilustración y bocetos rápidos con toques de color.

Los lápices de colores pastel, que son los protagonistas aquí, no dejan de ser pastel seco en formato lápiz. Frente a las barras tradicionales, el cuerpo de madera hace que el trabajo sea más limpio y controlable, especialmente en zonas pequeñas o cuando quieres mantener un acabado pulcro en el papel.

Su gran baza es que permiten detallar con mucha más precisión que una barra de pastel, manteniendo ese acabado suave y fácilmente difuminable. Son ideales para rematar retratos al pastel, trabajar cabellos, rasgos faciales, detalles de ropa o pequeños elementos de un paisaje.

Formas del lápiz: hexagonal, redondo o triangular

Puede parecer un detalle menor, pero la sección del lápiz influye en la comodidad y en cómo se comporta sobre la mesa. En papelería artística vas a encontrarte sobre todo tres formatos.

El formato hexagonal es el más común en lápices escolares y de oficina. Sus caras planas hacen que el lápiz no ruede tan fácilmente hasta caerse de la mesa, lo que evita que se rompa la mina por golpes. Es un buen estándar para uso general.

Los lápices de cuerpo redondo suelen resultar muy cómodos para escribir durante largo rato. El agarre es suave y permite giros fluidos, por eso se ven mucho en entornos de trabajo, estudios y oficinas. La pega es que ruedan con facilidad y pueden acabar en el suelo si no tienes cuidado, algo a tener en cuenta si usas lápices caros o delicados.

El formato triangular, algo más reciente, está pensado sobre todo para manos pequeñas. Su sección facilita un agarre ergonómico y estable, perfecto para niños o personas con menos fuerza en la mano. Además, igual que el hexagonal, evita que el lápiz ruede por la mesa.

En el caso de los lápices pastel o de colores profesionales, muchas marcas apuestan por cuerpos hexagonales o redondos según el enfoque de uso. La clave es que elijas un formato con el que puedas pasar tiempo dibujando sin molestias y que no te esté cayendo todo el rato al suelo.

Qué hace que un lápiz (y un lápiz pastel) sea “bueno”

Lápiz escribiendo

Cuando hablamos de los mejores lápices pastel o de color para dibujo artístico, no existe una única respuesta válida. Cada artista tiene sus manías, pero sí hay una serie de características objetivas que marcan la calidad de un lápiz.

En lápices de colores y pastel, la clave principal es la calidad y concentración del pigmento. Un buen pigmento da colores vivos, cubrientes y, sobre todo, resistentes a la luz. Esto último es importante si quieres que tus obras no se desvanezcan con el tiempo.

La base o aglutinante también influye. En los lápices de color tradicionales se usa cera o aceite; en los pastel, compuestos secos similares a los de la tiza pastel. De esa base dependen la suavidad al trazo, la facilidad para mezclar colores y la tendencia a producir o no brillos indeseados.

Otro punto clave es la resistencia de la mina. Un lápiz profesional bien diseñado soporta la presión al colorear y al afilar sin romperse a la mínima. Esto es especialmente importante en lápices blandos, acuarelables o pastel, donde la mina suele ser más frágil.

La carta de color es otro factor decisivo. Las gamas de gama alta ofrecen decenas de tonos cuidadosamente seleccionados y organizados, lo que facilita mezclar, sombrear y lograr matices precisos sin depender siempre del mezclado manual.

Finalmente, detalles como la forma del cuerpo, el tipo de madera, el acabado del barniz o la claridad del marcado del grado influyen en la experiencia de uso y en la durabilidad. En conjunto, todo esto es lo que hace que un lápiz pastel o de color merezca o no la pena para trabajo artístico serio.

Marcas y gamas de referencia en lápices de colores

Si miras foros y opiniones de artistas, verás que siempre salen las mismas marcas cuando se habla de “los mejores lápices de colores del mundo”. Aunque la lista no es cerrada, hay cuatro nombres que aparecen una y otra vez.

La gama Polychromos de Faber-Castell es un clásico entre profesionales. Se trata de lápices de base aceite con minas especialmente resistentes, capaces de soportar bastante presión sin partirse. Destacan por su poder de mezcla, su solidez a la luz y una carta de 120 colores muy equilibrada.

Derwent ofrece varias gamas de lápices, pero una de las que más comentarios positivos recibe hoy en día es Chromaflow. Estos lápices se caracterizan por un trazo vibrante, muy pigmentado y suave, con buena capacidad de mezcla y una relación calidad-precio interesante para artistas que van avanzando.

La histórica marca Karisma, muy querida por ilustradores, se hizo famosa por sus minas especialmente cremosas y su excelente capacidad de mezcla. El problema es que dejaron de fabricarse sobre 2005, así que los sets que circulan hoy son de coleccionista y difíciles de conseguir.

Prismacolor, especialmente su línea Premier, es otra referencia ineludible. Son lápices con base de cera muy blanda, ideales para capas múltiples y degradados suaves. Casi por unanimidad, se les reconoce un gran potencial de mezclado. Eso sí, su suavidad los hace algo delicados, recomendándose afilarlos de forma manual para evitar roturas.

Su carta de color es muy generosa: en la gama Premier puedes encontrar hasta unos 150 tonos distintos, lo que abre muchas posibilidades en ilustración, retrato y dibujo artístico en general.

Dónde encajan los lápices pastel dentro de este panorama

Frente a todo este abanico de lápices de grafito y de color, los lápices pastel ocupan un punto muy concreto: son una herramienta perfecta para quienes quieren la expresividad del pastel con más control y limpieza. Se suelen usar en combinación con barras pastel o como medio principal sobre papeles de cierto grano.

Su composición, muy próxima a la del pastel seco, hace que el color se deposite con alta intensidad y se difumine con extrema facilidad. Puedes usar difuminos, los dedos o pinceles secos para suavizar transiciones y crear volúmenes sin esfuerzo.

A diferencia de muchos lápices de color a base de cera, el acabado del lápiz pastel es completamente mate, lo que ayuda a evitar brillos en las zonas oscuras y mantiene un aspecto más pictórico. Eso sí, son más sensibles al roce y requieren fijativo al finalizar la obra.

Si vienes del mundo del retrato a lápiz o color, los lápices pastel te van a permitir trabajar pieles, cabellos y telas con un aspecto muy suave, casi de pintura, pero sin tener que montar todo el despliegue de óleos o acrílicos.

Cómo cuidar tus lápices y lápices pastel

Una vez que inviertes en buenos lápices, conviene tratarlos con cariño. El afilado es un punto delicado, sobre todo en lápices blandos, acuarelables o pastel, donde la mina es más frágil. Hay varias formas de hacerlo y cada una tiene sus pros y contras.

El sacapuntas manual de toda la vida es práctico y rápido para uso diario. Sin embargo, en lápices profesionales puede provocar un desgaste menos uniforme de la mina y aumentan las posibilidades de que se rompa, especialmente si el sacapuntas está ya desgastado.

dibujo artístico

Los sacapuntas eléctricos o de mesa ofrecen un afilado más regular. El modelo eléctrico aporta rapidez y un acabado muy preciso y homogéneo, prolongando la vida útil de los lápices. El de manivela es una alternativa más económica, pero igualmente robusta, y te permite controlar hasta dónde quieres afilar.

El cúter es la opción preferida por muchos artistas profesionales. Usándolo con cuidado puedes dar a la mina la forma exacta que necesitas para cada técnica: punta finísima para líneas, bisel largo para sombrear, etc. Además, si se hace bien, el lápiz permanece útil durante más tiempo sin necesidad de afilarlo tan seguido.

Eso sí, trabajar con cúter exige algo de práctica y mucha precaución. No es en absoluto recomendable para niños y conviene usar una superficie de corte adecuada y siempre cortar alejando la hoja del cuerpo.

Además del afilado, es importante almacenar los lápices en estuches rígidos o fundas protectoras, evitar golpes fuertes y no exponerlos a calor extremo, ya que la cera o los aglutinantes podrían deteriorarse.

Aspectos medioambientales: materiales reciclados y certificaciones

Otro factor que empieza a pesar a la hora de elegir material de dibujo es su impacto ambiental. Algunos fabricantes incorporan maderas procedentes de bosques gestionados de forma responsable o materiales reciclados en el cuerpo de los lápices.

Hay productos que llegan a incluir al menos un 50 % de material reciclado y lo acreditan mediante sellos independientes. Un ejemplo es la certificación Global Recycled Standard (GRS), reconocida en el ámbito internacional.

El GRS verifica el contenido reciclado en cada etapa de la cadena de suministro, desde el origen del material hasta el producto final. Para lucir este sello, el artículo debe cumplir criterios sociales, ambientales y químicos específicos, lo que sirve como garantía adicional al usuario.

Algunos de estos productos certificados GRS entran dentro de iniciativas como Climate Pledge Friendly, que identifican artículos con menor impacto ambiental. No es algo que afecte directamente al trazo del lápiz, pero sí puede inclinar la balanza si te interesa que tu estudio de arte sea más sostenible.

Aprender a sacarles partido: formación y práctica

De poco sirve tener los mejores lápices pastel o de colores si luego no sabes cómo exprimir todo su potencial. Precisamente por eso cada vez hay más cursos y recursos centrados en técnicas específicas con lápices.

En el ámbito del color, por ejemplo, hay formaciones de retrato con lápices de colores donde se enseña a dominar volúmenes, luces y sombras, mezclar capas y controlar la saturación sin embarrar el papel. Muchos de estos cursos son online y permiten avanzar a tu ritmo, desde cualquier dispositivo.

Si te llama el pastel, un buen punto de partida es aprender a controlar la presión, la dirección del trazo, el tipo de papel y el uso de fijativos. Los lápices pastel facilitan mucho este aprendizaje, ya que son más precisos que las barras y menos intimidantes al inicio.

A la larga, cada artista acaba configurando su propia combinación de materiales. Lo habitual es que pruebes varias marcas, durezas y formatos hasta encontrar aquello con lo que te sientes más a gusto. No hay una única respuesta correcta: lo importante es que el material acompañe tu forma de trabajar en lugar de estorbarla.

En tiendas especializadas y papelerías artísticas puedes encontrar desde lápices sueltos hasta estuches muy completos, además de todo lo que los rodea: papeles, rotuladores, reglas, bolígrafos y un largo etcétera. Merece la pena dedicar un rato a explorar y comparar antes de lanzarte a una compra grande.

Con todo este contexto, elegir los mejores lápices pastel para dibujo artístico —así como combinarlos con grafitos y lápices de colores de calidad— pasa por conocer cómo está hecho cada lápiz, qué ofrece cada gama y cómo se adapta a tu forma de dibujar. Teniendo claras las diferencias entre grafito, color tradicional, acuarelable y pastel, sabiendo leer la escala de durezas y cuidando bien tus herramientas, estarás en una posición ideal para transformar tus ideas en dibujos y ilustraciones con personalidad propia.


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