Miguel Leiro: el diseñador que une tradición y vanguardia desde Carabanchel

  • Miguel Leiro, Premio Nacional de Diseño, fundó la bienal Mayrit y combina su herencia familiar con una práctica experimental.
  • Su proceso creativo arranca siempre con el dibujo a mano, una metodología que aplica tanto a muebles como a instalaciones.
  • Vive y trabaja en una antigua pastelería de Carabanchel, un espacio que refleja su red de creadores y su pasión por el diseño.
  • La cuarta edición de Mayrit, bajo el lema (Super)Models, exploró cómo los modelos influyen en la sociedad y el diseño.

Retrato de Miguel Leiro en su estudio

Con solo 30 años, Miguel Leiro ya ha dejado huella en el diseño español. Nacido en Santiago de Compostela en 1994, criado en Nueva York y afincado en Madrid, este diseñador y gestor cultural acumula méritos que van del Premio Nacional de Diseño a la fundación de la bienal Mayrit. Pero lo que realmente define su trabajo es una mezcla de herencia artesanal —su abuelo fue ebanista y su padre escultor— y una curiosidad insaciable que le lleva a experimentar con materiales como el cristal soplado, al que ha vuelto recientemente por puro placer. «Es magia pura, oscura, increíble», confiesa.

Su casa-estudio en el barrio madrileño de Carabanchel, una antigua pastelería, es el epicentro de su actividad. Allí, entre muebles propios y de amigos como Tomás Alonso, Leiro desarrolla una metodología que combina investigación, dibujo y reflexión crítica. No importa si el proyecto es un mueble para una casa en Galicia o el contenido de una instalación: lo que le motiva es el aprendizaje. «A los 16 años descubrí que el aprendizaje se puede disfrutar», recuerda, y desde entonces su carrera ha sido un viaje entre la industria y la experimentación.

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El dibujo como punto de partida

Para Leiro, todo empieza con un lápiz y una hoja en blanco. El dibujo es su forma de pensar, un proceso que compara con el pasatiempo infantil de unir puntos. Da igual que el encargo sea un mueble o una programación: primero vienen los trazos, los bocetos superpuestos, y luego la depuración. Prefiere cuadernos de tapa dura y cualquier instrumento que tenga a mano. Desde hace poco, trabaja bajo la luz de una lámpara de Stefan Diez, un diseñador que admira.

Miguel Leiro trabajando en su estudio

Un espacio que inspira

Tras su paso por la Real Academia de España en Roma, Leiro eligió Carabanchel para instalarse. La antigua pastelería se ha convertido en su laboratorio de ideas, un lugar donde se siente arraigado. «Me sirvió para sentirme cómodo con la ciudad, y descubrí una arquitectura postindustrial que me gustó mucho», explica. El espacio está lleno de objetos personales: carteles de ediciones pasadas de Mayrit, el perchero Branch, el daybed Lectus, la maqueta del banco Talking Heads y unas piezas de construcción gastadas. Todo ello forma parte de una red de creadores que le rodea y le inspira.

Rutina, escapes y pasiones

Leiro confiesa que necesita una rutina para funcionar. «A las 9 estoy trabajando, las tardes son más sueltas. Tengo una rutina. A veces me gusta romperla, pero no tenerla no me sienta bien», dice. Aunque se siente atraído por el caos, sabe que no puede dejarse llevar. Cuando el estudio se vuelve demasiado denso, su válvula de escape es el baloncesto y, sobre todo, caminar. Andar durante dos horas le permite despejar la mente y tomar decisiones. De hecho, está leyendo «Hospedar/se» de Francesco Careri, un especialista en la caminología como práctica estética. En cuanto a la música, sigue comprando vinilos y recurre a Spotify para escuchar jazz, pero su «arma secreta» es la música de órgano de Bach. «Mi cerebro empieza a funcionar, me coloca la cabeza», ríe.

Mayrit: una bienal con conciencia

Del 20 al 24 de mayo se celebró la cuarta edición de Mayrit, la bienal que Leiro fundó y que nació, como todo en su vida, de unos garabatos sobre el papel. El marco teórico fue (Super)Models, una reflexión sobre cómo los modelos —desde los algoritmos hasta los sistemas de lenguaje— impactan en nuestra vida sin que lo sepamos. «Entender el modelo nos permite criticar el existente y proponer otros nuevos», explica Leiro. La bienal busca crear significado a través del diseño, la estética y la producción sostenible. «Desde nuestro humilde mundo del diseño y la arquitectura ponemos nuestro granito de arena en la conversación. Dentro de la sencillez de lo bonito y lo útil hay un universo que nos permite crear otras realidades, somos activistas de eso», añade.

Lecturas que alimentan el discurso

Los libros son una presencia constante en su estudio. Leiro guarda notas y extractos en una carpeta, y cita «Design Activism» como respuesta a la saturación del mercado. «Hay que crear contextos, espacios de crítica», afirma. En sus estanterías conviven Ponti, Aalvar Alto y una colección de revistas italianas antiguas. Nada de narrativa, quizá algo de poesía, pero sobre todo diseño. Un título destacado es «Palermo Atlas by Manifesta 12», que le ayudó a entender que Mayrit no debía ser un festival al uso, sino una forma de interpretar la ciudad.

En definitiva, Miguel Leiro representa una nueva generación de diseñadores que combinan artesanía, crítica social y activismo cultural. Su trayectoria, desde los primeros bocetos hasta la dirección de una bienal internacional, demuestra que el diseño puede ser una herramienta para repensar el mundo. Con los pies en Carabanchel y la mirada puesta en lo global, este gallego sigue demostrando que la creatividad no entiende de límites.


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