Muere la ilustradora Amaia Arrazola: trayectoria y legado

  • Fallece en Barcelona la ilustradora Amaia Arrazola tras un cáncer de rápida evolución, según su entorno.
  • Referente en libros infantiles y murales de gran formato, con obras como Wabi Sabi, El meteorito y Totoro y yo.
  • Amplia actividad mural en España y Europa: Gràcia, Madrid, Estrasburgo y festivales de arte urbano.
  • Colaboraciones con marcas e instituciones y una obra marcada por la diversidad, la emoción y la mirada social.

Ilustradora Amaia Arrazola

Con un estilo inconfundible, Arrazola dejó una obra versátil que abarca libros infantiles y juveniles, murales de gran formato, cartelería, cerámica y colaboraciones publicitarias. Su trabajo, reconocible por el color y la ternura, apostaba por la empatía, la diversidad y la esperanza.

Trayectoria y formación

Nacida en 1984, estudió Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Complutense de Madrid y trabajó como directora de arte en el sector publicitario antes de mudarse a Barcelona en 2010. Allí, tras formarse en Elisava, dio el salto a la ilustración como freelance y consolidó un perfil creativo que combinaba encargos para marcas con proyectos editoriales y murales.

Obra y murales de Amaia Arrazola

En 2015 explicó en una charla sobre creatividad que su trabajo era, para ella, “el mejor del mundo”. Ese mismo periodo marcó su despegue editorial: ilustró el volumen de la colección Pequeña & Grande dedicado a Audrey Hepburn y participó en títulos como Corazón robot, Cosas que nunca olvidarás de tu Erasmus o En el patio, a la vez que comenzaba a firmar proyectos propios.

Libros y proyectos editoriales

La relación de Arrazola con Japón fue determinante. En 2017 realizó una residencia artística en Matsudo que cristalizó en el proyecto Amaia Was Here y, poco después, en Wabi Sabi (2018), un cuaderno visual que mezclaba observación urbana, emociones y cultura nipona.

Ese vínculo continuó con Totoro y yo, un homenaje al universo de Hayao Miyazaki, y con Bajo un cielo estrellado, centrado en mitos y tradiciones japonesas. En paralelo, publicó propuestas para primeros lectores como Animales fantásticos y Hola, ¿cómo estás?, con juegos y preguntas para identificar emociones.

Entre sus libros más personales destaca El meteorito (2020), reflexión ilustrada sobre la maternidad contada en primera persona, donde se plantea el reto de reconectar con la identidad propia tras el nacimiento de su hija.

Como autora integral, creó el personaje Simón, un camaleón que aborda temas como la aceptación y el respeto. La historia tuvo continuidad con un álbum centrado en la noche, publicado recientemente, que insistía en perder el miedo a la oscuridad.

Murales y obra pública

Su trabajo como muralista dejó huella en España y fuera de nuestras fronteras. En Barcelona firmó un mural de 86 metros que «dignifica» el perímetro de las obras del Mercat de l’Abaceria, en Gràcia, con la idea de embellecer el entorno y reforzar la identidad del barrio.

En el ámbito internacional, su última obra finalizada fue un mural en el Festival Colors Urban Art de Estrasburgo, donde exploró la imaginación infantil como motor de futuros posibles. Sus propias palabras sobre los festivales describían la experiencia como un huracán creativo y humano que deja amistades y aprendizajes duraderos.

En Madrid, su proyecto “Contra el olvido” ganó el programa Compartiendo Muros para la fachada de la Biblioteca Pública del Pozo del Tío Raimundo (Vallecas), un homenaje a las Sinsombrero que reivindicaba la memoria de las creadoras del siglo XX.

A su vez, dejó piezas en espacios como el metro de Madrid y la plaza de España, participó en el Festival Asalto (Alfamén), intervino paradas del tranvía de Zaragoza, colaboró con Time Out Market Barcelona y contribuyó con un mural a Alegría, el espectáculo del Cirque du Soleil. En Galicia, levantó una monumental diosa celta Epona en el Rexenera Fest.

Reconocimientos y colaboraciones

Arrazola trabajó con marcas e instituciones como Uniqlo, Nike, Coca-Cola, Vans, la Universidad de Barcelona, el Ayuntamiento de Barcelona o la Diputación Foral de Bizkaia, sin perder su sello personal de color y emoción.

Fue cartelista en diversas ocasiones y cumplió un sueño al firmar la imagen de las Fiestas de la Virgen Blanca en Vitoria, un gesto que entendió como “volver a casa” y que subrayó el vínculo con su ciudad natal.

En lo social, su obra se aproximó a causas y sensibilidades actuales: el mural Diversidad o barbarie (2022) y su participación en Reflejos de un compromiso, proyecto colectivo de apoyo a la lucha contra el cáncer de mama, ejemplifican una mirada comprometida.

Más allá de los muros y los libros, exploró cerámica, serigrafía, diseño gráfico y moda, siempre con una narrativa visual amable y directa que conectaba con públicos de distintas edades.

Reacciones y legado

La noticia de su muerte ha generado una cascada de mensajes de afecto y reconocimiento en el sector editorial y artístico. Compañeros y lectoras destacan su ética de trabajo, su calidez y su capacidad para hablar de emociones complejas con sencillez y humor gráfico.

Su legado combina literatura ilustrada, arte urbano de gran formato y una defensa constante de la diversidad. Sus personajes y murales seguirán acompañando a nuevos lectores y paseantes, manteniendo viva una obra que invitaba a mirar con curiosidad lo que nos rodea.

Con una carrera breve pero intensa, la autora vitoriana deja una estela de color, proyectos transversales y relatos visuales que empatizan con la infancia y la vida cotidiana; una trayectoria que, truncada demasiado pronto, continuará inspirando a quienes crean, leen y caminan frente a sus dibujos.

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