Muere Yayoi Kusama, la artista de los lunares infinitos, a los 97 aƱos

  • La artista japonesa Yayoi Kusama falleció el 14 de agosto en un hospital de Tokio a los 97 aƱos, segĆŗn confirmó su estudio.
  • Conocida por sus lunares, calabazas y salas de espejos infinitos, transformó sus alucinaciones en un lenguaje artĆ­stico Ćŗnico que conquistó al mundo.
  • Su legado incluye colaboraciones con Louis Vuitton, el Premio Praemium Imperiale y una retrospectiva en el Guggenheim de Bilbao en 2023.
  • La Fundación Yayoi Kusama y su museo en Tokio gestionarĆ”n su fortuna y su vasta obra para las futuras generaciones.

Yayoi Kusama sonriendo con su caracterĆ­stica peluca roja y fondo de lunares

El mundo del arte despide a una de sus figuras mĆ”s icónicas y revolucionarias. Yayoi Kusama, la artista japonesa conocida como la ā€˜reina de los lunares’, falleció el 14 de agosto en un hospital de Tokio a los 97 aƱos, segĆŗn confirmó su estudio a travĆ©s de un comunicado oficial. La noticia, difundida este jueves, ha conmocionado a la comunidad artĆ­stica internacional, que pierde a una creadora que dedicó su vida a explorar el infinito a travĆ©s de puntos, redes y espejos.

Nacida en Matsumoto en 1929, Kusama comenzó a pintar desde muy joven, convirtiendo sus alucinaciones en el motor de una obra inconfundible que abarcó la pintura, la escultura, la performance y la literatura. Su estudio destacó que la artista «siguió pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca el pincel», continuando su búsqueda del amor eterno y del alma a lo largo de sus 97 años de vida. Su legado, valorado en miles de millones, queda ahora en manos de su fundación y de su museo en Tokio.

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Una vida marcada por el arte y la superación

Instalación de Yayoi Kusama con espejos y luces infinitas

La biografía de Kusama es tan fascinante como su obra. Creció en una familia acomodada dedicada al cultivo de plantas, pero su infancia fue profundamente infeliz>. Su madre se oponía a su vocación artística y desde niña comenzó a sufrir alucinaciones en las que flores y patrones invadían su entorno. Aquellas visiones, que ella describía como «flores que hablan» o «redes que cubren las paredes», se convirtieron en la base de su lenguaje creativo.

En 1957, con 27 años, Kusama decidió abandonar Japón y viajar a Estados Unidos, donde se instaló en Nueva York. Allí desarrolló sus famosas Infinity Nets, enormes lienzos cubiertos de pequeñas pinceladas repetidas que producían la sensación de continuidad mÔs allÔ de la tela. A pesar de su talento, la artista vivió años de precariedad y marginación, llegando a pasar hambre y a sentirse ignorada por una escena artística dominada por hombres.

Su rebeldía se manifestó en los años sesenta con happenings antibelicistas y performances provocadoras. En 1966, sin ser invitada, se presentó en la Bienal de Venecia con su obra Narcissus Garden, compuesta por 1.500 esferas reflectantes que vendía por dos dólares bajo el lema «Tu narcisismo en venta». La organización intervino, pero la acción quedó grabada en la historia del arte como un gesto pionero de crítica al mercado.

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El regreso a Japón y el reconocimiento mundial

Escultura de calabaza amarilla con lunares negros de Yayoi Kusama

Tras años de dificultades, Kusama regresó a Japón en 1973 y en 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiÔtrico de Tokio, donde encontró la estabilidad que necesitaba para seguir creando. Desde entonces vivió en el centro, acudiendo diariamente a su estudio cercano para pintar>. Esta rutina, que mantuvo durante décadas, le permitió producir una obra inmensa que abarca desde pinturas y esculturas hasta instalaciones inmersivas.

El reconocimiento internacional llegó tarde pero de forma arrolladora. A finales de los ochenta, exposiciones que revisaban su etapa neoyorquina reivindicaron su papel como precursora del pop y el minimalismo>. En 1993, Japón la eligió para representarlo oficialmente en la Bienal de Venecia, donde presentó su Mirror Room (Pumpkin), una habitación de espejos con calabazas de lunares que se multiplicaban al infinito.

Sus Infinity Mirror Rooms se convirtieron en un fenómeno global en la era de Instagram, con millones de personas haciendo cola para fotografiarse entre luces y reflejos. La Tate Modern de Londres, el MoMA de Nueva York y el Centro Pompidou de París dedicaron importantes retrospectivas a su obra, y en 2017 abrió su propio museo en el barrio de Shinjuku, en Tokio.

Un legado millonario y una fortuna protegida

Yayoi Kusama con vestido de lunares y peluca roja en una exposición

La carrera de Kusama no solo fue artísticamente exitosa, sino también comercialmente arrolladora. Sus obras alcanzaron precios millonarios en subastas, como los 10,5 millones de dólares pagados en 2022 por Untitled (Nets), un óleo de 1959. La artista se convirtió en la creadora viva mÔs cotizada del mundo, con una fortuna estimada en unos mil millones de euros.

Su colaboración con marcas de lujo como Louis Vuitton, LancÓme o Veuve Clicquot llevó sus lunares a bolsos, escaparates y esculturas gigantes. La Fundación Yayoi Kusama, constituida en 2017, serÔ la principal entidad encargada de gestionar su legado, protegiendo su marca contra el fraude y financiando la conservación y exposición de sus obras mÔs icónicas. El Museo Yayoi Kusama de Tokio servirÔ como sede física permanente para su colección privada y sus archivos.

En 2023, el Museo Guggenheim de Bilbao acogió la retrospectiva ā€˜Yayoi Kusama: desde 1945 hasta hoy’, que reunió mĆ”s de 200 obras y se convirtió en la exposición estrella del aƱo. La muestra recorrĆ­a su trayectoria desde los primeros dibujos de su adolescencia hasta sus Ćŗltimas instalaciones inmersivas, celebrando un talento genuino que no se parecĆ­a a nadie.

Premios y reconocimientos a lo largo de su vida

Obra de Yayoi Kusama con redes infinitas y lunares

Kusama recibió numerosos galardones a lo largo de su carrera. En 2006 se convirtió en la primera mujer en obtener el Praemium Imperiale de la Asociación de Arte de Japón, uno de los premios internacionales de arte mÔs prestigiosos del mundo. En 2016 recibió la Orden de la Cultura, el mÔximo reconocimiento que concede Japón a sus creadores.

También perteneció a la Orden de las Artes y las Letras de Japón y al Premio Nacional por Logros de Vida de la Orden del Sol Naciente. Su influencia en coetÔneos como Andy Warhol o Claes Oldenburg fue determinante, aunque ella siempre denunció que algunos de sus contemporÔneos se habían apropiado de sus ideas mientras permanecía en los mÔrgenes.

La artista, que nunca se casó ni tuvo hijos, mantuvo una vida personal profundamente aislada. Su obra, sin embargo, conectó con millones de personas en todo el mundo, que encontraron en sus lunares y sus salas de espejos un espacio de reflexión y asombro. Kusama explicaba que su función consistía en transformar su sufrimiento personal a través del arte «para la sanación de toda la humanidad».

El infinito de Kusama sigue vivo

Instalación de Yayoi Kusama con luces de colores y espejos

La muerte de Yayoi Kusama deja un vacío irreparable en el arte contemporÔneo y diseño, pero su legado permanece vivo en los museos de todo el mundo. Sus calabazas, sus lunares y sus salas de espejos infinitos seguirÔn fascinando a las futuras generaciones, recordÔndonos que el arte puede ser un refugio frente al dolor y una forma de explorar los límites de la percepción.

La artista, que vivió recluida por voluntad propia durante mÔs de medio siglo, nunca dejó de crear y de buscar respuestas a través de la pintura>. Su estudio destacó que «dedicó toda su vida a actividades internacionales como artista de vanguardia en diversos campos», y que su objetivo era «perpetuar el legado del artista y brindar esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo a través del arte».

Con su peluca roja y su mirada penetrante, Kusama se convirtió en un icono cultural que trascendió el mundo del arte. Su obra, nacida de alucinaciones y traumas, se transformó en un canto a la vida y a la naturaleza que ha sido admirado por millones de personas. La artista que durante décadas fue incomprendida terminó conquistando al mundo, demostrando que la perseverancia y la autenticidad pueden abrir todas las puertas.

Yayoi Kusama con su obra de calabazas y lunares

El universo creativo de Kusama sigue expandiéndose mÔs allÔ de su muerte. Sus instalaciones inmersivas, que atrajeron a millones de visitantes en ciudades como Londres, Nueva York, París y Bilbao, continuarÔn girando por el mundo gracias a la gestión de su fundación. La artista dejó escrito que quería seguir pintando miles de cuadros y que continuaría haciéndolo hasta su muerte, y así fue.

La noticia de su fallecimiento ha provocado una oleada de homenajes en redes sociales y en el mundo del arte. Museos como el Guggenheim de Bilbao, que le dedicó una gran retrospectiva en 2023, han recordado su figura como una de las mÔs influyentes del siglo XX>. Kusama, que siempre se definió como una «outsider», termina sus días convertida en una de las artistas mÔs queridas y admiradas de la historia.

Su legado, valorado en miles de millones de euros, estÔ legalmente protegido para financiar la gestión, conservación y exposición de sus obras. La Fundación Yayoi Kusama y su museo en Tokio serÔn los guardianes de un universo creativo que ha marcado a generaciones enteras>. La artista que veía flores que hablaban y redes que cubrían las paredes ha dejado un mundo lleno de color y de lunares que seguirÔ inspirando a artistas y espectadores durante décadas.

Yayoi Kusama con su caracterĆ­stica peluca roja y vestido de lunares

La artista japonesa, que dedicó su vida a explorar el infinito a través de sus obras, ha fallecido a los 97 años dejando un legado imborrable. Sus lunares, sus calabazas y sus salas de espejos seguirÔn fascinando a millones de personas en todo el mundo, recordÔndonos que el arte puede ser un refugio frente al dolor y una forma de explorar los límites de la percepción. Kusama, que siempre se definió como una «outsider», termina sus días convertida en una de las artistas mÔs queridas y admiradas de la historia.


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