
Las historias de las mujeres arquitectas referentes actuales son, en realidad, la historia de una lucha silenciosa por hacerse un hueco en un sector que durante décadas se empeñó en mirar hacia otro lado. Muchas de ellas firmaron proyectos decisivos, pero su nombre quedó en segundo plano frente al de colegas y socios varones. Aun así, con talento, perseverancia y una buena dosis de rebeldía, han conseguido dejar una marca profunda en la arquitectura, el diseño, el paisajismo y el urbanismo contemporáneos.
Hoy, cuando se habla de igualdad de género en arquitectura, ya no basta con mencionar a un par de nombres célebres: existe una constelación de profesionales que están transformando ciudades, redefiniendo espacios públicos y privados, y proponiendo una manera distinta de relacionarnos con el entorno. Este artículo recorre, de forma detallada, muchas de esas trayectorias: desde pioneras invisibilizadas a figuras mediáticas, pasando por estudios liderados solo por mujeres, arquitectas con fuerte compromiso social y creadoras que se apoyan en la tecnología y la sostenibilidad para cambiar las reglas del juego.
Mujeres, arquitectura y reconocimiento: un camino lleno de barreras
Durante décadas el galardón más prestigioso de este ámbito, el Premio Pritzker de Arquitectura, fue prácticamente un club masculino. De todos los premios otorgados hasta 2023, solo en contadas ocasiones se ha reconocido de forma explícita a arquitectas: Zaha Hadid, Kazuyo Sejima, Carme Pigem, Yvonne Farrell, Shelley McNamara y Anne Lacaton, una cifra irrisoria si pensamos en el peso real de las mujeres en el desarrollo de la disciplina.
A esta falta de visibilidad se suman casos especialmente sangrantes, como el de Denise Scott Brown, cuyo trabajo se premiaba indirectamente a través de su socio y marido Robert Venturi; o el de Lu Wenyu, parte esencial de Amateur Architecture Studio, eclipsada cuando el Pritzker recayó solo en Wang Shu; o el de Elisabeth Haggenmüller, compañera de Gottfried Böhm, cuyo nombre rara vez aparece junto al del laureado arquitecto alemán.
Las estadísticas tampoco ayudan al optimismo: se calcula que apenas un 20% de las personas colegiadas como arquitectas en el mundo son mujeres. Y, aun así, su producción construida, teórica y docente es enorme. Su obra se reparte en viviendas, edificios públicos, intervenciones urbanas, museos, campus universitarios, estadios o paisajes culturales que ya forman parte del imaginario colectivo.
En este contexto, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se ha convertido en una fecha clave para reivindicar su legado y cuestionar una historia oficial que todavía hoy tiende a minimizar sus aportaciones. Numerosas escuelas de arquitectura, instituciones culturales y medios especializados aprovechan este día para dar visibilidad a creadoras que, en muchos casos, aún no tienen el reconocimiento que merecen.
Bauhaus, pioneras invisibles y el peso de la historia
Entre 1919 y 1933, la Bauhaus fue un laboratorio fundamental para la arquitectura y el diseño modernos. Se suele asociar esta escuela a nombres como Kandinsky, Klee o Mies van der Rohe, pero la realidad es que más de mil trescientas mujeres pasaron por sus aulas, muchas de ellas relegadas a los talleres de textil mientras se les vetaba, en la práctica, el acceso a asignaturas de arquitectura o escultura.
Aun así, mujeres como Lilly Reich, Anni Albers, Marianne Brandt o Alma Siedhoff-Buscher dejaron una impronta decisiva. A su lado trabajaron otras figuras menos conocidas pero igualmente relevantes: la arquitecta Wera Meyer-Waldeck, la tejedora Otti Berger, la fotógrafa Grete Stern, la urbanista Lotte Stam-Beese o la ceramista Grete Marks, todas ellas demostrando que la creatividad femenina no entendía de compartimentos estancos.
El caso de Lilly Reich es especialmente representativo. Colaboradora estrecha de Mies van der Rohe, fue pieza clave en el diseño del célebre Pabellón de Barcelona y de la Casa Tugendhat, referentes absolutos del movimiento moderno. Su capacidad para combinar elegancia y funcionalidad la convirtió en una maestra del diseño de interiores y expositivos, aunque la historia oficial le haya guardado un lugar mucho más discreto del que merece.
En paralelo, otras pioneras abrían camino en distintos países. La estadounidense Marion Mahony Griffin, una de las primeras mujeres en graduarse en arquitectura en el MIT, colaboró con Frank Lloyd Wright y participó en obras tan emblemáticas como Fallingwater, además de codiseñar, junto a Walter Burley Griffin, el plan para la ciudad de Canberra. Sus delicadas representaciones gráficas fueron decisivas para la difusión de la Prairie School, pero durante mucho tiempo se la conoció como “la arquitecta invisible”.
También en el ámbito español, figuras como Matilde Ucelay, primera arquitecta titulada en España y ganadora del Premio Nacional de Arquitectura, tuvieron que lidiar con enormes obstáculos políticos y sociales para ejercer la profesión, firmando muchas obras más tarde de lo que su talento merecía.
Zaha Hadid: la reina de las curvas y el deconstructivismo
Hablar de referentes actuales es imposible sin mencionar a Zaha Hadid, arquitecta anglo-iraquí que se convirtió en la primera mujer en recibir el Premio Pritzker en 2004. Su trabajo revolucionó la forma de entender la geometría arquitectónica, explorando volúmenes fluidos, curvas imposibles y superficies continuas que parecían desafiar la gravedad.
Formada en la Architectural Association de Londres, Hadid asimiló las influencias de profesores y colegas para transformarlas en un lenguaje propio, cercano al deconstructivismo, donde la fragmentación, la fluidez y el dinamismo se combinaban con un uso intensivo de la tecnología digital. Su obra se extiende mucho más allá de los edificios: diseñó interiores, mobiliario, luminarias, ropa e incluso piezas de edición limitada para grandes marcas.
Entre sus proyectos más conocidos se encuentran la Ópera de Guangzhou en China, el Museo Nacional de Arte del Siglo XXI (MAXXI) en Roma, el Centro Acuático de Londres o el Centro Heydar Aliyev en Bakú, todos ellos iconos de una arquitectura que se percibe casi como escultura en movimiento. También ideó el complejo Wangjing SOHO en Pekín, tres rascacielos curvos que evocan abanicos chinos en movimiento o velas que navegan sobre la superficie de la ciudad, inspirados en la figura tradicional del pez koi como símbolo de prosperidad.
Su visión se materializó en propuestas que unían arte, ingeniería y tecnología avanzada, inclinándose por formas orgánicas, fachadas continuas y espacios interiores que guiaban al usuario mediante transiciones suaves. Con todo ello, Zaha Hadid consolidó un legado que redefinió la arquitectura del siglo XXI y abrió la puerta a otras profesionales en un terreno donde apenas había referentes femeninos visibles.
Eileen Gray y Charlotte Perriand: diseño moderno y ruptura de roles
La irlandesa Eileen Gray fue una figura clave del diseño moderno, tanto en arquitectura como en mobiliario. Su proyecto más conocido, la vivienda E-1027 en Roquebrune-Cap-Martin, es un ejemplo magistral de cómo integrar un enfoque minimalista y funcional con una fuerte sensibilidad hacia la vida cotidiana de los usuarios.
En Francia, Charlotte Perriand impulsó un cambio de paradigma en la forma de entender la vivienda y el espacio doméstico. Colaboró estrechamente con Le Corbusier, aunque durante mucho tiempo el crédito de muchos proyectos se le atribuyó casi en exclusiva a él. Sin embargo, su influencia es evidente en obras como la Villa Savoye en Poissy o la Unidad de Habitación de Marsella.
Perriand apostó por un diseño funcional y flexible, cómodo para los nuevos modos de vida urbanos. Sus muebles y propuestas de interiores estaban pensados para adaptarse a familias trabajadoras, optimizando espacio y recursos. De algún modo, se adelantó a conversaciones actuales sobre vivienda compacta, ergonomía y bienestar en el hogar.
Ray Eames: creatividad compartida en el diseño del siglo XX
En el mundo del diseño industrial y de interiores, la figura de Ray Eames ha tardado en recibir el reconocimiento merecido. Su marido, Charles Eames, llegó a declarar que “cualquier cosa que yo haga, Ray puede hacerla mejor”, una frase que resume bien el carácter profundamente colaborativo de esta pareja creativa.
Desde 1941, ambos formaron uno de los dúos más influyentes de la historia del diseño. Juntos dieron forma a piezas míticas como las sillas DAR, DSR, DSX, DAW o DAX; la célebre Lounge Chair de madera y cuero; el perchero Hang it All; juguetes como el icónico elefante para niños; radios, esculturas, la Wire Chair metálica y un sinfín de objetos que exploraban las posibilidades del plástico y otros materiales para abaratar costes sin renunciar a la calidad.
Ray, que se negó a asumir el rol tradicional de esposa-ama de casa, combinó una sensibilidad artística exquisita con una gran capacidad técnica. Su trabajo ayudó a democratizar el diseño moderno, llevando piezas vanguardistas a un público masivo y redefiniendo cómo debía ser el mobiliario del hogar y de la oficina en la segunda mitad del siglo XX.
Anna Heringer, Tatiana Bilbao y el compromiso social
En las últimas décadas, han ganado relevancia aquellas arquitectas que entienden su profesión como una herramienta para impulsar cambios sociales y sostenibilidad. La alemana Anna Heringer, por ejemplo, ha centrado buena parte de su trayectoria en proyectos de cooperación internacional en países como Bangladesh o Marruecos, apostando por técnicas tradicionales, materiales locales y diseños bioclimáticos.
Su proyecto de fin de carrera, la escuela METI en Rudrapur, se ha convertido en un clásico contemporáneo: muros de tierra y paja, estructuras de bambú y telas de saris permiten levantar un edificio contemporáneo con recursos sencillos y aprovechando el clima. Más tarde diseñó la escuela para electricistas DESI en la misma localidad y un centro de capacitación para la sostenibilidad en Marrakech, además de participar en la Bienal Internacional de Arquitectura en Bambú en China.
La mexicana Tatiana Bilbao se ha consolidado como una de las arquitectas latinoamericanas con mayor proyección internacional. Con obras repartidas por México, Europa y Asia, inició su carrera en el urbanismo, lo que le permitió tomar conciencia de las desigualdades urbanas y de la necesidad de una arquitectura más sensible al tejido social y económico.
Bilbao defiende una arquitectura austera y útil, que huye del ornamento innecesario y se apoya en materiales puros capaces de generar atmósferas por sí mismos. Proyectos como la Casa Aijic, el Jardín Botánico de Culiacán o diferentes viviendas de interés social muestran su empeño en escuchar a los usuarios, mejorar su calidad de vida y explorar soluciones constructivas sostenibles y adaptadas al contexto.
Carme Pinós, Denise Scott Brown y el debate sobre el crédito autoral
La española Carme Pinós pertenece a una generación en la que las arquitectas eran clara minoría. Formada junto a Rafael Moneo y asociada durante años con Enric Miralles, participó de manera decisiva en proyectos que, sin embargo, se asociaron casi siempre al nombre de su compañero.
Tras la separación profesional, Pinós pasó una etapa casi en la sombra hasta que, poco a poco, fue reconociéndose su voz propia y su vocación apasionada. A través de conferencias y encargos internacionales, ha desarrollado proyectos potentes en México y otros países, incluyendo rascacielos y complejos urbanos, demostrando una gran solvencia técnica y una mirada personal hacia la ciudad y el espacio público.
Algo similar, aunque a otra escala, ocurrió con Denise Scott Brown. Arquitecta, urbanista, profesora y autora, su influencia en generaciones de estudiantes es enorme. Es coautora de “Learning from Las Vegas”, un estudio fundamental sobre la dispersión urbana y el simbolismo comercial de la ciudad estadounidense, y ha liderado planes urbanos para el World Trade Center, el valle del Bouregreg en Marruecos, Nueva Orleans o diversas universidades estadounidenses.
A pesar de una carrera académica y profesional impecable, el Pritzker de 1991 reconoció únicamente a Robert Venturi, su socio, a pesar de que llevaban décadas firmando juntos. Scott Brown ni siquiera asistió a la ceremonia como protesta. Años después, campañas como la impulsada por Women in Design de Harvard reclamaron, sin éxito, que se enmendara esa injusticia. Su caso sigue siendo un símbolo de la invisibilización estructural de las arquitectas en los grandes premios.
Grafton Architects: estudios liderados solo por mujeres
Entre los ejemplos más inspiradores de la arquitectura contemporánea se encuentra el estudio irlandés Grafton Architects, fundado y dirigido por Yvonne Farrell y Shelley McNamara. Desde 1978 han trabajado en proyectos de muy diversas escalas, desde pequeñas intervenciones hasta grandes edificios públicos y educativos, con una coherencia formal y conceptual reconocida internacionalmente.
Su obra se caracteriza por un lenguaje sólido, casi escultórico, que presta mucha atención a la luz, a la relación entre interior y exterior y al modo en que el edificio genera ciudad. El Campus UTEC en Lima, apodado el “Machu Picchu moderno”, es un ejemplo perfecto: una estructura brutalista que se asienta en un terreno complejo y establece múltiples niveles, terrazas y vacíos que conectan el edificio con su entorno urbano.
Farrell y McNamara han compaginado la práctica profesional con una intensa labor docente internacional, impartiendo clases en la University College Dublin, Harvard, Yale o la EPFL de Lausana, entre otras instituciones. Su reconocimiento incluye premios como el World Building of the Year, el Jane Drew por su contribución a la condición de la mujer en la arquitectura, el RIBA International Prize y, finalmente, el Premio Pritzker en 2020.
De la innovación tecnológica al gran rascacielos: Amanda Levete y Jeanne Gang
La británica Amanda Levete ha desarrollado una carrera marcada por la experimentación formal y tecnológica. Tras su paso por Future Systems, uno de los estudios más radicales del panorama europeo, fundó su propia firma AL_A, desde la que ha impulsado proyectos que combinan soluciones estructurales avanzadas con una fuerte carga expresiva.
Entre sus obras destacan intervenciones como la ampliación del Victoria & Albert Museum en Londres, instalaciones efímeras, puentes y edificios culturales. Uno de sus proyectos más llamativos es el Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología (MAAT) en Lisboa: un edificio de formas onduladas situado junto al Tajo, que respeta la escala del entorno histórico y ofrece una gran cubierta transitable con vistas privilegiadas, integrando espacio expositivo y espacio público.
Al otro lado del Atlántico, la estadounidense Jeanne Gang, al frente de Studio Gang, se ha especializado en proyectos de mediana y gran escala con un fuerte componente medioambiental. Su trabajo se concibe como una forma de activar respuestas a problemáticas contemporáneas, desde la convivencia urbana hasta la eficiencia energética.
El rascacielos Aqua Tower en Chicago, con sus balcones ondulantes inspirados en formaciones de piedra caliza, se hizo célebre tanto por su estética como por sus soluciones pasivas de sombra y vistas. Posteriormente, el St. Regis Chicago, de 101 plantas, se convirtió en la estructura más alta del mundo diseñada por una mujer, consolidando a Gang como una de las grandes figuras de la arquitectura global.
Urbanismo, paisaje y territorio: Maya Lin, Kathryn Gustafson y otras miradas
En el campo del paisajismo y la intervención en el territorio, varias arquitectas han marcado un antes y un después. La estadounidense Maya Lin es conocida por obras conmemorativas que fusionan arte, arquitectura y paisaje, utilizando la simplicidad formal para generar emociones profundas.
Su Monumento a los Veteranos de Vietnam en Washington D. C. es probablemente uno de los memoriales más influyentes del siglo XX. Un corte negro en el terreno, con los nombres grabados de las personas fallecidas, que invita a la reflexión íntima mientras se inserta discretamente en el espacio público.
Por su parte, la paisajista estadounidense Kathryn Gustafson ha transformado el paisaje urbano de ciudades como Chicago o Nueva York con proyectos que combinan naturaleza y escultura. En obras como el Millennium Park o su colaboración en espacios verdes vinculados a The High Line, crea recorridos, superficies y plantaciones que fomentan la interacción, el descanso y la contemplación, integrando de manera armónica lo construido y lo natural.
Otros nombres como Francine Houben, al frente de Mecanoo, demuestran cómo el enfoque interdisciplinar entre arquitectura, paisaje y planificación urbana puede dar lugar a proyectos tan potentes como el Edificio Montevideo en Róterdam, un rascacielos mixto que combina viviendas, oficinas y comercio con criterios de sostenibilidad y atención al contexto urbano y portuario.
Arquitectura para la comunidad: universidad, cultura y religiosidad
En Arabia Saudí, la Universidad Princess Nora Bint Abdulrahman destaca como el campus femenino más grande del mundo. Diseñada con la participación de la arquitecta afroamericana Allison Williams como directora de diseño en Perkins + Will, esta universidad pública ocupa 13 millones de metros cuadrados, con viviendas, equipamientos deportivos, hospital universitario y un sistema de metro interno, apostando por edificios inteligentes y soluciones energéticas sostenibles como reciclaje de agua, termosolar y paneles fotovoltaicos.
En Brasil, el Museo de Arte de Sao Paulo (MASP), obra de la arquitecta ítalo-brasileña Lina Bo Bardi, se ha convertido en un símbolo de la ciudad. El cuerpo principal del museo se suspende mediante dos enormes vigas laterales, generando un espacio libre de 74 metros que permite celebrar actividades públicas bajo el edificio. Este gesto estructural y urbano encarna la voluntad de Bo Bardi de vincular el arte con la vida cotidiana y con la construcción de ciudadanía.
También en el ámbito de la arquitectura religiosa y cultural destaca el Complejo Hikma en Dandaji, en Níger, diseñado por la arquitecta nigeriana Mariam Kamara y la arquitecta iraní Yasaman Esmaili. El proyecto transforma una vieja mezquita en un conjunto que integra lugar de culto, biblioteca y centro comunitario, reinterpretando la tipología tradicional hausa con materiales locales y soluciones contemporáneas.
Kamara, fundadora de Atelier Masomi, apuesta por una arquitectura arraigada en lo local, utilizando tierra cruda, metal reciclado y cemento para crear edificios claros, geométricos y climáticamente eficientes. Esmaili, por su parte, insiste en el potencial de la arquitectura como herramienta de empoderamiento comunitario y cambio social, explorando procesos de diseño alternativos que parten del contexto y de la participación.
Estadios, museos y oficinas: la escala pública en femenino
El estadio de fútbol de Borisov, en Bielorrusia, diseñado por la arquitecta eslovena Špela Videčnik desde el estudio OFIS arhitekti, muestra cómo una infraestructura deportiva puede convertirse en un objeto arquitectónico singular. Su envolvente textil tensa, con geometría bulbosa y óculos irregulares, envuelve gradas para 13.000 espectadores y una compleja mezcla de usos, desde zonas VIP hasta restaurantes, gimnasios y áreas comerciales.
Videčnik ha sido nominada a premios como el ARCVISION Women and Architecture y su estudio ha recibido reconocimientos como la medalla de plata IOC/IAKS por este mismo estadio, además de nominaciones al premio Mies van der Rohe. Su trabajo demuestra que una arquitectura innovadora y lúdica es compatible con las exigencias técnicas de los grandes equipamientos.
Otras arquitectas, como la francesa Odile Decq, han abordado proyectos que van desde bancos y museos de arte contemporáneo hasta restaurantes en edificios históricos como la Ópera Garnier de París. Su estilo, lleno de color y energía, ha sido descrito como un soplo de aire fresco en el panorama europeo, y se complementa con una fuerte dedicación a la enseñanza, incluyendo la creación de su propia escuela de arquitectura en Lyon.
En el ámbito de la oficina y el interior corporativo, la estadounidense Florence Knoll cambió radicalmente la forma de concebir los espacios de trabajo. Impulsó la idea de “total look”, integrando mobiliario moderno, iluminación, color y arte en oficinas abiertas que anticipaban los modelos contemporáneos. Se la considera una de las grandes responsables de la oficina moderna tal como la conocemos hoy en día.
Una nueva generación global y un futuro que ya está aquí
A la lista anterior se suman muchas otras arquitectas que, desde lugares muy distintos, están redefiniendo la práctica contemporánea. La japonesa Kazuyo Sejima, cofundadora de SANAA, trabaja con un lenguaje abstracto, minimalista y modular que se aprecia en proyectos como el XXI Museo de Kanazawa, concebido como una planta circular de vidrio con cajas de distintas alturas y opacidades, o el Museo de Arte de Toledo, el edificio de apartamentos Gifu Kitagata o el Pabellón Serpentine en Londres.
Su arquitectura, basada en la horizontalidad, la disolución del muro y la presencia del jardín, apuesta por la continuidad entre interior y exterior, la multifuncionalidad y la luz difusa. Los numerosos premios internacionales que ha recibido, incluido el Pritzker, consolidan su papel como una de las voces más influyentes de nuestro tiempo.
También destacan figuras como Jane Drew, impulsora del movimiento moderno en Reino Unido y responsable, durante la Segunda Guerra Mundial, de un estudio compuesto íntegramente por mujeres que construyó miles de refugios antiaéreos infantiles; Norma Merrick Sklarek, primera mujer afroamericana miembro del American Institute of Architects y creadora de un estudio con una de las mayores plantillas femeninas del país; o Nathalie de Vries, cofundadora de MVRDV, estudio conocido por su lenguaje experimental y provocador.
Todo este conjunto de trayectorias demuestra que la arquitectura, el diseño de interiores, el paisajismo y el urbanismo han sido y son campos fértiles para las aportaciones de las mujeres, a pesar de que durante demasiado tiempo los focos se hayan concentrado en unos pocos apellidos masculinos. Hoy, gracias a una mayor cobertura mediática, al trabajo de archivos y colectivos feministas, y al reconocimiento en premios y bienales, sus nombres empiezan a sonar con la fuerza que merecen.
La suma de todas estas historias —las pioneras casi borradas de la Bauhaus, las diseñadoras modernas, las autoras de grandes hitos como el MASP, el MAAT, Aqua Tower, Wangjing SOHO o el campus UTEC, las arquitectas volcadas en la sostenibilidad y la comunidad, y las líderes de estudios de referencia— dibuja un panorama en el que las mujeres arquitectas referentes actuales ya no son la excepción, sino una parte imprescindible de la conversación global sobre ciudad, territorio y futuro.
