La animación europea suma un nuevo proyecto de gran calado con «Palabras de Caramelo», una película que está tomando forma entre España y Francia y que aspira a situarse entre las producciones más destacadas del sector. Concebida como un largometraje de animación de autor, la cinta combina una cuidada factura visual con una historia íntima ambientada en un campo de refugiados saharaui.
En el corazón creativo del proyecto se encuentra el animador toledano Julián Lominchar, supervisor de animación y una de las figuras clave del equipo. Con una trayectoria consolidada en obras reconocidas internacionalmente, Lominchar se ha implicado de lleno en esta producción, que se perfila como un paso adelante tanto para su carrera como para la animación hecha en Europa.
Una producción de animación con vocación europea
«Palabras de Caramelo» se desarrolla como una coproducción hispano-francesa que busca competir en la primera línea de la animación europea. El proyecto se considera dentro del sector como una apuesta de alto nivel, no solo por el presupuesto o la envergadura del equipo, sino por su ambición artística y temática.
Desde el punto de vista industrial, la película pretende consolidar el modelo de coproducción entre estudios españoles y franceses en el ámbito de la animación, un esquema que ya ha dado buenos resultados en otros títulos pero que aquí se refuerza con una propuesta muy centrada en la animación tradicional. La combinación de talento de ambos países aspira a situar el filme en festivales internacionales y en el circuito de premios europeos.
El objetivo declarado por sus responsables es que el largometraje no se quede solo en el mercado nacional, sino que circule con fuerza por Europa, apoyándose en una historia universal y en una puesta en escena cuidada al detalle. La experiencia previa del equipo en proyectos con recorrido internacional refuerza esa aspiración.
El papel de Julián Lominchar en la supervisión de la animación
Dentro del organigrama creativo, Julián Lominchar ejerce como supervisor de animación, una figura clave en cualquier largometraje animado. Su trabajo implica coordinar al equipo de animadores, fijar criterios visuales y de interpretación y garantizar que todos los planos mantengan coherencia y calidad.
Lominchar trabaja codo con codo con el director Salvador Simó, responsable también del largometraje «Buñuel en el laberinto de las tortugas», reconocido en el circuito internacional. Esa colaboración directa hace que el animador participe en decisiones que van más allá de lo puramente técnico, influyendo en cómo se construyen las escenas y en el tono general del filme.
En la práctica, su día a día pasa por revisar planos, orientar al resto de animadores sobre actuación, ritmo y expresividad y ajustar la animación para que los personajes resulten creíbles y coherentes a lo largo de toda la película. También interviene en aspectos concretos como el volumen de las figuras, la limpieza del trazo o la sincronización de labios con los diálogos.
Para aprovechar al máximo la oportunidad, el animador se ha trasladado a Málaga para trabajar de forma presencial junto al director, algo que facilita el intercambio constante de ideas y la toma rápida de decisiones creativas. Esta inmersión total en la producción le permite abordar la película desde una perspectiva muy cinematográfica, más allá de la mera ejecución técnica.
Animación tradicional: dibujar a mano en tiempos digitales
Uno de los rasgos más llamativos del proyecto es su defensa de la animación artesanal. Gran parte del proceso se basa en el dibujo a mano, recuperando métodos clásicos que exigen paciencia y precisión, pero que aportan una calidez particular a la imagen final.
Frente a la hegemonía del 3D y de las herramientas completamente digitales, el equipo apuesta por una animación que nace del lápiz y del papel, con animadores que dan vida a los personajes plano a plano. Este enfoque no está reñido con el uso de tecnología, pero el núcleo creativo se sostiene en el trabajo manual y en la expresividad del trazo.
El papel de Lominchar incluye marcar pautas de interpretación y de dibujo para que todos los animadores sigan una misma línea estilística, algo esencial cuando se trabaja con técnicas tradicionales. La intención es que, pese a la diversidad de manos implicadas, la película se perciba como una obra unitaria, con un estilo reconocible de principio a fin.
Además, se presta especial atención a detalles como el movimiento de los personajes, la naturalidad de sus gestos y la sincronización labial, aspectos que cobran aún más relevancia cuando la animación se apoya en la observación y el dibujo directo.
Una historia de superación en un campo de refugiados saharaui
«Palabras de Caramelo» está basada en el libro homónimo de Gonzalo Moure, una obra conocida en el ámbito de la literatura infantil y juvenil que ahora da el salto al cine de animación. La adaptación mantiene el núcleo emocional del relato, centrado en un niño y en su peculiar forma de relacionarse con el mundo.
El protagonista, Kori, es un niño sordomudo que vive en un campo de refugiados saharaui. Su realidad cotidiana está marcada por la dureza del entorno y por las dificultades de comunicación, pero la historia evita caer en el dramatismo fácil y se construye desde una mirada cercana y humana.
La clave del relato es la relación entre Kori y un camello llamado Caramelo, que se convierte en su compañero inseparable. A través de esa amistad, el niño va descubriendo el poder de las palabras, aunque él no pueda oírlas, y encuentra en la poesía una vía para expresar emociones y pensamientos que, de otro modo, quedarían encerrados.
La película aborda temas como la discapacidad, la identidad, la resiliencia y el valor de la imaginación en contextos de conflicto. Sin dejar de ser accesible para públicos jóvenes, la historia busca también conectar con espectadores adultos, que pueden reconocer en la trama reflexiones más amplias sobre la comunicación y la empatía.
El entorno del campamento saharaui no es solo un escenario de fondo: funciona como marco social y político que da profundidad al relato, mostrando una realidad poco habitual en el cine de animación comercial, pero sin perder de vista que se trata de una obra pensada para emocionar y acompañar al espectador, no para adoctrinar.
Trayectoria del equipo y proyección de la película
El peso de esta producción se apoya también en la experiencia previa de quienes están al frente de la animación y la dirección. Julián Lominchar ha formado parte de equipos que han trabajado en títulos de gran repercusión internacional, lo que refuerza la confianza del sector en el resultado final de «Palabras de Caramelo».
Entre sus trabajos más destacados figura su participación en «Robot Dreams», nominada al Óscar a Mejor Película de Animación en 2024, y en «Chico y Rita», otro largometraje animado con nominación a los premios de la Academia. Esa trayectoria le ha abierto las puertas de la Academia de Cine, de la que forma parte, y ha consolidado su perfil como uno de los nombres a seguir en la animación española.
Por su parte, el director Salvador Simó ya demostró con «Buñuel en el laberinto de las tortugas» su capacidad para combinar rigor artístico y sensibilidad narrativa, algo que ahora traslada a esta nueva producción. La unión de ambos en un mismo proyecto suma credibilidad y despierta interés tanto en la industria como entre los aficionados a la animación de autor.
Con estos mimbres, «Palabras de Caramelo» se presenta como una película llamada a tener recorrido en festivales europeos y a reforzar la presencia del cine de animación español y francés en el panorama internacional. La mezcla de técnica tradicional, historia emotiva y equipo con experiencia previa en títulos premiados crea expectativas elevadas en torno a su estreno.
Todo apunta a que esta coproducción se convertirá en un nuevo ejemplo del buen momento que vive la animación realizada en España y Europa, donde cada vez es más habitual encontrar propuestas que se salen del molde comercial sin renunciar a conectar con un público amplio.
Con una base literaria sólida, un equipo con trayectoria contrastada y una clara apuesta por la animación hecha a mano, «Palabras de Caramelo» se perfila como uno de esos proyectos que pueden marcar un punto de inflexión para la animación europea contemporánea, tanto por su forma de producirse como por la historia que decide contar.
