
Del estante a la gran pantalla: Sony Pictures ha cerrado un acuerdo para llevar a Labubu al cine, un movimiento que llega en pleno auge del coleccionismo y con especial tirón en España y el resto de Europa.
Fuentes del sector señalan que el estudio está en fase temprana de desarrollo y, aunque no hay productor, guionista ni director anunciados, el objetivo es claro: si el primer filme funciona, se abrirĂa la puerta a una franquicia. El formato (animaciĂłn o acciĂłn real) aĂşn no está decidido, segĂşn recoge The Hollywood Reporter.
Sony mueve ficha: asĂ es el proyecto en marcha
El acuerdo para explotar la marca se ha cerrado recientemente y coloca a Sony al frente de un tĂtulo con una base de fans que no deja de crecer. La operaciĂłn, respaldada por la popularidad global de los muñecos de Pop Mart, pretende capitalizar un fenĂłmeno que ha escalado desde Asia a Occidente en cuestiĂłn de meses.
Por ahora, el calendario es una incógnita: el proyecto está en sus primeras etapas y, como es habitual en estos casos, el proceso de preproducción marcará los plazos. En el estudio no descartan ningún enfoque creativo y se contemplan diferentes posibilidades de tono y formato, a la espera de que se conforme el equipo.
La expectación llega con un reto evidente: las modas vuelan. En un mercado tan volátil, la ventana para estrenar a tiempo puede ser estrecha, de ahà que la rapidez en definir la propuesta sea clave para no perder el impulso del momento.
De dónde sale Labubu y por qué arrasa
El personaje nació de la mente del artista hongkonés Kasing Lung, que dio forma a este universo como parte de su colección The Monsters y lo llevó a figura en 2015. Tras un inicio artesanal, el gran salto comercial llegó en 2019 de la mano de Pop Mart, que popularizó las célebres cajas sorpresa: compras sin saber qué modelo te tocará.
Ese mecanismo de azar alimenta el coleccionismo y ha convertido a Labubu en algo más que un muñeco. El fenómeno se disparó con el empuje del K‑pop y las redes sociales: unboxings virales, apariciones en los bolsos de celebridades y una comunidad que comparte hallazgos y combinaciones de accesorios.
El elenco de personajes da juego narrativo: además del protagonista, destacan figuras como Mokoko, Zimomo, Pato, Spooky o Tycoco, habituales en ediciones limitadas que se agotan en minutos y que podrĂan encontrar su hueco en una adaptaciĂłn cinematográfica.
Entre los hitos de visibilidad, sobresale el impacto de Lisa (BLACKPINK), que hizo de altavoz global en Instagram y otras plataformas, y la estela de iconos pop como Rihanna, que han lucido estas piezas como complemento de moda.

España y Europa: colas, lanzamientos y precios
La fiebre tambiĂ©n se deja sentir en nuestro entorno. En Barcelona y Madrid se han visto colas a pie de tienda en dĂas de lanzamiento, con compradores que viajan expresamente para no quedarse sin su caja. La disponibilidad es limitada y varĂa segĂşn punto de venta, lo que aumenta la demanda en cada reposiciĂłn.
En el canal oficial, los importes dependen del formato y la edición, moviéndose habitualmente en una horquilla que ronda de unos 40 a algo más de 80 euros por unidad. En la reventa, las cifras suben: algunos sets de seis piezas han alcanzado más de 300 dólares en plataformas especializadas.
Las ediciones especiales disparan las pujas. No es raro que una pieza rara se multiplique en valor, y ha habido subastas de grandes formatos que superaron los 146.000 euros en Asia, un indicador del furor por las series limitadas.
Para el público europeo, el atractivo se mezcla con el ritual del unboxing y el intercambio entre coleccionistas. La estética entre lo tierno y lo travieso, unida al factor sorpresa, explica buena parte del tirón entre adolescentes y adultos.
Un negocio al alza con aristas legales y de propiedad intelectual
El modelo de Pop Mart se apoya en la exclusividad, las colaboraciones artĂsticas y tiradas limitadas. La combinaciĂłn ha impulsado ventas y beneficios en los Ăşltimos años y ha consolidado a la marca en el circuito global del diseño coleccionable, con tiendas y máquinas expendedoras en decenas de ciudades.
Ese mismo éxito plantea preguntas: ¿hasta qué punto conviene tratar estas piezas como inversión? Expertas en arte y derecho recomiendan cautela: la volatilidad de las tendencias invita a documentar bien las compras y, si se busca valoración, contar con tasadores especializados para evitar sorpresas.
En propiedad intelectual, el diseño de los personajes puede protegerse por derechos de autor, lo que permite perseguir copias no autorizadas y controlar obras derivadas. Las licencias entre marcas y artistas suelen ser amplias y, en redes sociales, la personalizaciĂłn y exhibiciĂłn de figuras abre nuevas casuĂsticas que conviene revisar.
ÂżQuĂ© podrĂa verse en la pelĂcula?
Con un abanico de personajes reconocibles y un trasfondo creado por Kasing Lung, no faltan mimbres para construir una historia apta para todos los pĂşblicos. El enfoque está abierto: podrĂa ser una aventura animada o un relato de imagen real con fuerte carga visual, segĂşn decida el equipo que finalmente se incorpore.
Hollywood conoce el terreno: de Barbie o LEGO a Trolls, Bratz o Playmobil, el salto del juguete al cine es habitual cuando existe un universo reconocible y una comunidad activa. Sony, por su parte, ha trabajado recientemente con tĂtulos de sensibilidad pop y musical, lo que alimenta la curiosidad por cĂłmo encajará Labubu en su catálogo.
Con la operaciĂłn en marcha, el siguiente hito será el fichaje de talentos creativos y la definiciĂłn del tono. Hasta entonces, todo está sobre la mesa: desde el estilo visual a la presencia de personajes secundarios populares en la lĂnea de figuras.
Mientras el proyecto avanza, la fiebre por las cajas sorpresa sigue marcando el pulso del mercado en Europa y, muy en especial, en España, donde las reposiciones siguen agotándose con rapidez y el intercambio entre fans mantiene vivo el interés entre lanzamientos.
La jugada de Sony llega en un momento en el que coleccionismo, moda y entretenimiento se cruzan: si la producción cristaliza a tiempo y da con el tono, el paso de Labubu al cine puede ampliar el fenómeno más allá de las vitrinas, sin perder de vista que las tendencias cambian deprisa y conviene no dormirse en los laureles.